Génesis 29:Jacob sirve a Labán por Raquel y Lea

El amor de Dios por Lea se demuestra al convertirse ésta en madre de las tribus de sacerdotes y reyes, de Leví y Judá .

Raquel

Parece ser que la historia se repite aquí. Una vez más el pozo de una ciudad de Harán fue el sitio de sucesos importantes en la historia de una familia. Aquí fue donde Rebeca encontró a Eliezer, el siervo de Abraham, el que había ido a buscar esposa para Isaac. Casi cuarenta años después, Jacob el hijo de Rebeca, devolvió el favor al dar de beber a su prima Raquel y a sus ovejas del mismo pozo. La relación que se originó entre ellos no sólo nos recuerda que el romance no es un invento moderno, sino que además nos enseña algunas lecciones sobre la paciencia y el amor.
El amor de Jacob por Raquel era paciente y práctico. Tuvo la paciencia de esperar siete años por ella, pero se mantuvo ocupado mientras tanto. Su compromiso con Raquel motivó una fuerte lealtad dentro de ella. Es más, su lealtad hacia Jacob se descontroló y se volvió autodestructiva. Se sentía frustrada por su esterilidad y desesperada por estar compitiendo con su hermana por el afecto de Jacob. Luchaba por obtener de Jacob lo que ya este le había dado: su amor incondicional.

Los intentos de Raquel por comprar lo que no se puede comprar son un ejemplo de un error mucho mayor que todos podemos cometer. Como ella, nos sorprendemos a veces tratando de comprar, de una forma u otra, el amor: el amor de Dios. Si dejamos fuera la Biblia, concluimos con una de dos ideas falsas: o pensamos que hemos sido buenos y merecemos su amor, o reconocemos que no podemos comprar su amor y damos por sentado que no puede ser nuestro. Si la Biblia enfatiza algo es esto: ¡Dios nos ama! Su amor no tiene principio ni fin. Dios es increíblemente paciente. Lo único que tenemos que hacer es aceptarlo, sin tratar de comprar lo que se nos ofrece gratuitamente. Dios lo ha dicho de muchas formas: «Te amo. He demostrado ese amor con todo lo que he hecho por ti. Hasta he sacrificado a mi Hijo, Jesús, para pagar el precio de remoción de lo que es inaceptable en ti: tu pecado. Ahora, vive por mi amor. Acéptame; ámame con todo tu ser; entrégate a mí en acción de gracias, no como un pago». Vive una vida plena en la libertad que te da el saber que eres amado.

Raquel: Mostró una gran lealtad a su familia;  Fue madre de José y Benjamín después de haber sido estéril por muchos años. Como todos tuvo sus debilidades y cometió errores : Su envidia e instinto de competencia estropearon su relación con su hermana Lea; Podía ser deshonesta cuando se extralimitaba en su lealtad; No podía comprender que la devoción de Jacob no dependía de su capacidad de darle hijos.

De su vida aprendemos que: La lealtad debe ajustarse a lo que es verdadero y correcto; El amor se acepta, no se compra

La encontramos en Harán, de ocupación pastora y ama de casa. Hija de Labán. Sobrina de Rebeca. Hermana de Lea. Esposa de Jacob y madre de José y Benjamín.

Jacob llega a la tierra de Harán y vive con su tío Labán

La estadía de Jacob en Harán le presenta varios desafíos y situaciones que demandan esfuerzos y sacrificios. Allí él forma su hogar, aunque no como inicialmente lo deseara. Llega a formar una familia numerosa de once hijos y una hija, factor importante para el desarrollo de la descendencia patriarcal. También Dios le permite acumular suficientes recursos humanos y materiales para establecer su identidad e independencia étnica. En Harán se presentan nuevamente dos de los peligros que han de atentar contra la continuación del propósito divino: La no vuelta de Jacob a Canaán y la desintegración de su familia. Nuevamente por encima de las decisiones humanas y circunstancias poco favorables, Dios cumple su promesa de protección y prosperidad a Jacob. Y éste permanece fiel y determinante en ser el instrumento de la bendición patriarcal.

(1) Encuentro con Raquel, hija de Labán. Jacob, motivado por el encuentro con Dios, continúa su viaje hacia el exilio y cruzando el río Eufrates llega a Harán, territorio de los arameos (orientales). Hoy día es territorio de Turquía. Una vez llegado a Harán, la necesidad era encontrar a Labán. Jacob se dirige hacia un pozo de agua, donde encuentra a pastores del lugar. Allí recibe información sobre Labán y más aun se entera que su hija Raquel estaría en el pozo en breve. Este pozo era de propiedad pública y era costumbre que todos los pastores con todos sus rebaños se juntaran a ciertas horas para abrevar el ganado. De esta manera se salvaguardaban los derechos de todos. Por ello, los pastores no siguen el consejo de Jacob.

Cuando Raquel aparece con el rebaño de su padre, Jacob hace tres cosas: Primero, remueve la piedra del pozo y da de beber al rebaño de Raquel. La piedra era bastante grande y demandaba mucha fuerza removerla. Segundo, Jacob, después de haber hecho el trabajo de Raquel, saluda a ésta con intimidad y emoción. Los encuentros en las fuentes de agua con tono romántico ocurren varias veces. Así Eliezer encuentra a Rebeca y Moisés a Séfora. Aquí no fue un beso romántico, sino de saludo oriental y expresión emocional por el encuentro. Las circunstancias, guiadas por Dios, eran muy favorables para Jacob, quien con aparente facilidad estaba encontrando a sus parientes. Tercero, Jacob se identifica como pariente del padre de Raquel. La expresión emotiva primero, luego la explicación. Raquel, sorprendida por todo, corre a su casa y da las noticias a su padre. Labán sale al encuentro de Jacob, lo saluda con mucha emoción, lo identifica como pariente y lo lleva a su casa donde Jacob permanece por un mes como huésped. Este encuentro inicial con Raquel es muy importante porque da lugar al segundo objetivo de Jacob al venir a Harán: Procurar una esposa apropiada para los fines del pacto.

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