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Isaías 66: Juicio y esperanza

Isaías 66:17 Los que se santifican y se purifican para ir a los huertos, tras uno que está en el centro, que comen carne de cerdo, cosas detestables y ratones, a una perecerán–declara el SEÑOR.

Esta es una descripción de varios ritos paganos. Simboliza la idolatría de algunos exiliados que han retornado, así como la maldad en el corazón del hombre en general.

Isaías 66:18 Mas yo conozco sus obras y sus pensamientos. Llegará el tiempo de juntar a todas las naciones y lenguas, y vendrán y verán mi gloria.

Isaías 66:19 Y pondré señal entre ellos y enviaré a sus sobrevivientes a las naciones: a Tarsis, a Fut, a Lud, a Mesec, a Ros, a Tubal y a Javán, a las costas remotas que no han oído de mi fama ni han visto mi gloria. Y ellos anunciarán mi gloria entre las naciones.

El pueblo de Dios saldrá como misionero a todas partes del mundo: Tarsis (España), Fut (Libia), en Africa del norte, Lud en el oeste de Asia Menor, Tubal en el noreste de Asia Menor y a Javán (Grecia).

Isaías 66:20 Entonces traerán a todos vuestros hermanos de todas las naciones como ofrenda al SEÑOR, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte, Jerusalén–dice el SEÑOR–tal como los hijos de Israel traen su ofrenda de grano en vasijas limpias a la casa del SEÑOR.

Isaías 66:21 Y también tomaré algunos de ellos para sacerdotes y para levitas–dice el SEÑOR.

Dios hará en su gracia soberana que la salvación llegue a todas las naciones

Isaías 66:22 Porque como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecerán delante de mí–declara el SEÑOR–, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.

El libro de Isaías termina con la característica doble visión del profeta: los obedientes gozando de la paz y el consuelo traídos por el Señor, y los desobedientes sufriendo el castigo eterno.

Isaías 66:23 Y sucederá que de luna nueva en luna nueva y de día de reposo en día de reposo, todo mortal vendrá a postrarse delante de mí–dice el SEÑOR.

Isaías 66:24 Y cuando salgan, verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano no morirá, ni su fuego se apagará, y serán el horror de toda la humanidad.

Isaías concluye este libro con un gran drama. Para los infieles hay una seria descripción de juicio. Para los fieles hay una descripción gloriosa de una abundante recompensa: «Así permanecerá delante vuestra descendencia y vuestro nombre». El contraste es tan estremecedor que pareciera que todos querrían ser seguidores de Dios. Sin embargo, a menudo somos igual de rebeldes, necios y recelosos al cambio como lo eran los israelitas. Somos tan negligentes como ellos en alimentar a los pobres, en trabajar por la justicia y en obedecer la Palabra de Dios. Asegúrese de que está entre los que serán ricamente bendecidos.

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