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Isaías 65: Castigo de los rebeldes

Jehová responde a la oración del profeta

Esta sección, que abarca todo el cap. 65, constituye la respuesta de Jehová a la oración del profeta, la cual continúa hasta el final del libro.

No es posible la manifestación gloriosa de  Dios ante la situación de pecado que impera en el pueblo. Antes de ahora el profeta se había referido a la culpabilidad de los judíos que retornaron de Babilonia trayendo un culto espiritual y depurado de idolatría, pero sin el respaldo de una teología práctica y de una ética social. También en 57:1-13 se trata de la culpabilidad de los samaritanos y de sus aliados judíos. Aquí en el cap. 65 se vuelve a ampliar la exposición de otros aspectos de la religión popular idolátrica que imperaba en diversos sectores del pueblo.

A pesar de las duras palabras del cap. 65, éste constituye un valioso documento historiográfico que demuestra que en los planes de  Dios y en la concepción profética de la historia, los samaritanos formaban parte del pueblo de  Dios, aunque su antigua religión es atacada y se anuncia el juicio divino. Este documento nos muestra que  Dios tiene que ver con el remanente de Efraín, los sobrevivientes del antiguo reino de Israel.

Los versículos 1 y 2 muestran cómo la apertura de  Dios y su deseo de redimir también a los samaritanos agotaron casi todos los recursos. Este documento también revela los esfuerzos del profeta por hacer volver a los samaritanos al redil, a fin de formar un solo pueblo. Pero los samaritanos no podían responder a la altura de las expectativas proféticas, en primer lugar por su antigua hostilidad contra Judá, contra Jerusalén, contra el templo de Jerusalén, y por último contra los judíos que volvieron de Babilonia y que encarnaban todos estos valores sionistas. En segundo lugar, no podían responder a los planes divinos de redención por su apego a prácticas religiosas que no les eran totalmente ajenas puesto que las habían practicado desde los primeros días del establecimiento de las tribus de Israel en Canaán: era el culto idólatra y animista contra el cual tanto combatieron los profetas de antaño, cuando los reinos de Judá e Israel todavía estaban en pie.

Además de las prácticas religiosas que eran una desviación o una corrupción de la religión israelita, los samaritanos habían adoptado rituales de origen mesopotámico, como los sacrificios en los jardines, el quemar incienso sobre altares de ladrillos, el comer carne de cerdo y de ratón, y otros rituales relacionados con el culto al  Dios de la fortuna o Gad, y a la  Diosa del destino, que nos es conocida por el culto antiguo de los árabes, que la llamaban Mani o Manat.

El ritual samaritano tenía pretensiones de gran santidad. Quizá a la luz de Ezequiel 44:19 se deba traducir el versículo  5 así: No te acerques a mí, no sea que te transmita santidad. El contacto con las cosas o las personas consagradas, según el ritual levítico, imposibilitaba a las personas seculares para realizar alguna labor común o profana. Parece que este aspecto del ritual levítico había sido adoptado pretensiosamente por los sacerdotes samaritanos. Es por esta razón que la RVA ha traducido la segunda parte del versículo  5 así: No te acerques a mí, porque soy más santo que tú. Tanto judíos como samaritanos se culpaban unos a otros, desde aquellos días del retorno a Sion, de ser ritualmente impuros.

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