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Isaías 45: Yo iré delante de ti

Pastor Lionel

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En 45:13 preferimos traducir para justicia, en lugar de en justicia, pues en este caso justicia abarca el juicio de las naciones culpables y la instauración de un nuevo orden justo. Uno de los aspectos centrales de este nuevo orden es la libertad de los cautivos de Judá y la reedificación de Jerusalén. La expresión no por precio indica que Israel no pagaría nada por su redención.

Ahora pasemos a considerar los versículos 8-12 que constituyen aparentemente un paréntesis pero que están muy en su lugar en el texto. Estos versículos tienen la característica indistinguible de la segunda parte de Isaías: la de introducir un decreto divino con una pieza poética que destaca el poder y la grandeza de Jehová como creador. Esto subraya la capacidad de Jehová para actuar en la historia de la manera que lo hace, y para despertar o levantar hombres que son sus instrumentos para producir los acontecimientos. Esta introducción termina con la corroboración que implica su propio nombre: yo, Jehová. El anuncio profético acerca de Ciro no fue del todo bien recibido por muchos judíos. ¡Llamar a este rey gentílico, ungido de  Dios, pastor o aquel a quien Jehová ama! ¿Y qué del Mesías hijo de David? Ciro no puede ser un instrumento de redención para el pueblo de Israel, pues contradice todas las expectativas del pueblo. Sin embargo,  Dios aboga por su plan soberano para la historia universal. El versículo 13 es una enfática conclusión para los versículos 8-12.

Jehová vindicará a su pueblo Israel

En esta sección nuestro profeta expone una expectativa compartida con muchos otros profetas, en el sentido de que llegará el día cuando ha de resaltar la justicia de Israel, es decir, se corroborará que Israel tuvo razón cuando surgió en el mundo como portavoz de la fe en el único y verdadero  Dios. Algunos comentaristas juzgan que el profeta esperaba ver esto en sus días, como una de las consecuencias del resurgimiento de Israel tras la consolidación de las conquistas persas en Egipto y Etiopía, que fueron los territorios y pueblos que cayeron finalmente en la esfera del imperio persa. Entonces acudirían a Israel gentes de todas las naciones, por haber aceptado su fe, y de este modo la descendencia de Israel sería justificada, es decir, vindicada, en Jehová.

Pero los prosélitos no acudirían a la tierra de Israel con las manos vacías, ni todos los gentiles acudirían de buena gana. Ellos reconocerán este hecho: que realmente  Dios está en Israel, y que aparte de él no hay otro  Dios.

Es posible traducir el versículo 15 con una pequeñísima enmienda en la forma de las letras de una de sus palabras, así: Verdaderamente contigo está un  Dios oculto (que se esconde), el  Dios de Israel, el Salvador. En este sentido, estas palabras son la continuación de las palabras de los prosélitos en el versículo 14. El  Dios que se esconde, en boca de los gentiles, es el  Dios invisible, que no tiene ningún ídolo o imagen que lo represente, y que sin embargo, las evidencias sobran, es real y puede salvar. Este fantástico descubrimiento para los gentiles los llena de asombro y al mismo tiempo los dejará avergonzados por haberse hecho ídolos.

Israel mismo no será más afrentado por su fe, porque por Jehová será salvado con salvación eterna (teshuát olamim). Estas palabras hebreas también se pueden traducir victoria perdurable, ya que teshuát también significa victoria. Israel habrá logrado una victoria perdurable en la historia mundial. También la palabra Salvador (moshía) en el versículo 15 puede ser traducida como Libertador.

La corroboración divina de estas promesas se expresan nuevamente mediante su sello divino: Yo soy Jehová, que constituye una característica literaria de la segunda parte de Isaías. Su mismo carácter de Creador y Sustentador del cosmos está comprometido en esto, y asimismo su palabra predicada abierta y rectamente.

Puesto que las cosas han de ocurrir de esta manera y delante de Jehová se doblará toda rodilla y jurará toda lengua, el profeta nos maravilla con un llamado evangelístico revolucionario: a todas las naciones. Se les invita a dejar sus ídolos de madera y sus  Dioses que no pueden salvar, y a poner la mirada en Jehová: ¡Mirad a mí y sed salvos todos los confines de la tierra! Porque yo soy  Dios, y no hay otro. Y el testimonio o confesión de fe de los que reconocen a Jehová será éste: en Jehová está la justicia y el poder.

Este portento de la historia universal, que el profeta parece vislumbrar junto con la liberación de Babilonia y el retorno a Sion, ha sido anunciado desde la antigüedad.

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