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Isaías 42: El Elegido de Dios

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Un aspecto cardinal de la torah profética tiene que ver con la disciplina a que ha sido sometido Israel como nación, con el propósito de que cumpla los propósitos divinos. Esta disciplina no ha excluido a Israel de la pérdida de su reino, de su capital, de su templo y de ir lejos de su tierra en cautiverio. Ningún otro Dios ha hecho jamás tal cosa con su pueblo: Sentar una trayectoria ética. Es que Jehová actúa a causa de su justicia. Es por eso que Jehová ha entregado a Israel en manos de saqueadores, porque ellos no quisieron andar en sus caminos, ni obedecieron su ley. Jehová derramó sobre Israel el furor de su ira y la violencia de la guerra, pero Israel no entendió, es decir, no se daba cuenta que era Jehová mismo el que hacía esto.

Ahora el profeta pregunta con inquietud si acaso Israel se podrá dar cuenta de la naturaleza misma de los acontecimientos que están a punto de suceder después de haber llegado el fin del cautiverio babilónico. Se ha acercado la redención de Israel, la cual es expresión del celo mismo de Jehová para sacar a luz sus propósitos en la historia universal. El pueblo de Israel va a ser conducido de regreso a su tierra, y Jehová va a preparar el camino. Delante de ellos él transformará las tinieblas en luz y los lugares escabrosos en llanuras. Este acontecimiento constituirá una gran bofetada para los idólatras, tanto de las demás naciones como los que de entre Israel han optado por otros dioses aparte de Jehová.

Sin embargo, la visión profética del desarrollo de los acontecimientos históricos desencadenados por el surgimiento de Ciro no es entendida por el pueblo, quien tiene temor de sus consecuencias. Después de todo, ¿por qué no podría constituir el imperio persa el factor más poderoso para la asimilación y la destrucción de Israel? Es así como se hace necesaria la palabra profética, la torah, la cual anuncia Israel que aunque ha de pasar por las aguas, Jehová estará con él y los ríos no lo inundarán, y cuando ande por fuego no se quemará ni la llama lo abrasará. Estas palabras aluden al enorme poderío desplegado por el pueblo persa para conquistar el mundo, como lo revela el versículo 3 en que se dice a Israel: A Egipto he entregado por tu rescate; a Etiopía y a Seba he dado por ti. Con estas palabras se alude a la conquista de Egipto, que sería consumada por Cambises, el sucesor del rey Ciro. En medio de estos acontecimientos, la voz profética tiene un mensaje de consolación y de esperanza para el pueblo de Israel. En 43:1b dice Jehová: No temas, porque yo te he redimido… considerando la redención decretada de Israel como si ya fuera un hecho consumado. Y en el versículo 5 repite: No temas, porque yo estoy contigo…

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