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Isaías 42: El Elegido de Dios

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El Siervo de Jehová

Si la hermenéutica judía relaciona al siervo de Jehová con el pueblo de Israel, como algunos afirman, nos preguntamos: ¿En qué manera ha contribuido el pueblo de Israel
a la humanidad? ¿Cuáles son sus alcances? He aquí algunos de suma importancia:

La religión judía y su concepto de Dios, supremo y santo.
Las Sagradas Escrituras, especialmente el AT.
Su importancia a los deberes religiosos del hombre para con los hombres.
Su hincapié a la obediencia de la ley mosaica.
Su interés en la pureza de la vida doméstica.
Su firmeza y cohesión en la desgracia.
Su unidad racial.
Su esperanza en un futuro mejor.
Su defensa de los preceptos de justicia, libertad y paz que enseñaron los profetas hebreos.
Su vocación por la libertad de conciencia, de culto, de educación y cultura.

Los hebreos nunca han impuesto por la fuerza su religión, su cultura o costumbres, como lo han hecho otras religiones. En el campo de la cultura han contribuido en medicina, música, educación, literatura, en las ciencias y en grandes descubrimientos. Han recibido desde 1905 hasta 1965, 52 premios Nobel. Johan Carlsen, en su libro «Israel» dice: «En cada lugar característico de la cultura occidental, los inventores e inspiradores del monoteísmo, humanismo, liberalismo, socialismo, marxismo, filosofía, psicología, ética, literatura, etc, son judíos».

La mayor contribución que han hecho al mundo se encuentra en el libro de Genesis 12:1 y siguientes.

Un aspecto central de la actividad preservadora de Dios para con su pueblo Israel es su intervención para redirmirlo del poder asimilador y destructor de los grandes imperios, y en este caso particular, del imperio babilónico.

Israel ha estado en el cautiverio, lejos de su tierra y en contacto con los centros más grandes del poder idolátrico vinculado con el poder imperial. Sin embargo, de una manera admirable, Israel ha sido purificado en el crisol de Babilonia y despojado de sus escorias de idolatría. Inclusive la historia nos muestra que muchos babilonios pudieron valorar este gran portento que es la fe de Israel como para optar por su Dios.

Sin embargo, esto no quiere decir que Israel fuera del todo consciente de lo que estaba ocurriendo en la historia universal, como para que los méritos le pertenecieran a él y no al Dios de la historia universal. Así como en los tiempos de Isaías hijo de Amoz, el pueblo en general no asimila la luz profética y permanece sordo y ciego, no obstante que es el siervo y el mensajero enviado de Jehová. El pasaje Deuteronomio 42:20 puede también ser traducido en tercera persona: Ha visto (es decir, Israel) muchas cosas, pero no las ha guardado; tiene oídos abiertos, pero no escucha. Esto es exactamente lo que se indica en 6:10 acerca de la falta de conciencia profética de Israel como pueblo. Pero esto no escapa de los planes de Dios, quien por su propia gloria, y a pesar de las limitaciones espirituales de su siervo Israel se ha complacido en hacer grande y gloriosa la ley, a causa de su justicia. La ley (torah) tiene aquí un sentido muy especial: Se refiere a la enseñanza profética o torah haneviim.

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