Isaías 41: No Temas estoy contigo

Isaías 41:28  Miré, pero no había ninguno; les pregunté por estas cosas, pero ningún consejero hubo; les pregunté, pero no respondieron palabra.

Isaías 41:29  He aquí, todos son vanidad y sus obras no son nada. ¡Viento y vanidad son sus imágenes fundidas!

Jehová reitera su promesa a Israel

En el  capítulo 41 el profeta presenta el avance del conquistador persa como si fuera el juicio divino contra las naciones idólatras y sus Dioses. El juicio divino y su sentencia ya han tenido lugar. La convocatoria es simultánea al desarrollo de los acontecimientos, específicamente los sucesos relacionados con Ciro, el rey de Persia. No se trata de una convocatoria a juicio, sino a un conflicto teológico, como veremos al comentar la sección de los versículos 21-29.

En cuanto al conquistador que avanza, es decir, los ejércitos de Ciro el persa, se expresa mediante una pregunta retórica que fue Jehová quien lo despertó del oriente… para justicia. En otras palabras, él está encargado de ejecutar la justicia divina contra las naciones.

El oriente se refiere a la situación geográfica de Persia con respecto a Mesopotamia, y dentro de ella a Babilonia. La referencia al norte en el versículo 25 no es una contradicción, pues se refiere a la dirección de la cual llegaron a Babilonia los ejércitos de Ciro en el año 539 a. de J.C., después de haber conquistado Acmeta o Ecbatana, la capital de Media, en el año 550, y después de haber conquistado el reino de Lidia en Asia Menor, en el año 546.

El nombre de Ciro aún no es mencionado, pero las alusiones a él son suficientemente claras. La asombrosa rapidez con que Ciro logró consolidar su dominio en un vasto imperio, sólo ha podido ser superada en el mundo antiguo por las campañas de Alejandro Magno. El mismo verbo que el cronista usa para referirse al surgimiento de Ciro en la escena mundial es también usado aquí: despertó. Y en el versículo 25 se dice que él invocaría el nombre de Jehová, aludiendo a la predisposición de Ciro para reverenciar a Jehová como el Dios cuyo templo estaba en Jerusalén.

Ante el avance de Ciro y el temor que inspiraba su ejército a las naciones sobre las cuales marchaba, el profeta exhorta a Israel a no temer, por cuanto Israel es siervo de Jehová en la historia. Esta es la primera vez que el profeta se refiere a Israel como el siervo de Jehová, concepto que vamos a ver ampliado en los capítulos siguientes. Esto significa que aunque los judíos hayan sufrido la destrucción de su reino, de su capital y de su templo por mano de los babilonios, y ahora estén en el exilio y cautiverio, el profeta subraya la posición central de Israel en los planes de Dios y en el devenir de la historia mundial, particularmente en los sucesos de su tiempo: No temas, porque yo estoy contigo… . Como expresión de sumo cariño llama a Israel gusanito de Jacob, es decir, un ser pequeñísimo, desprotegido y pisoteado por todos. Sin embargo, está destinado a sobrevivir y a trillar los montes hasta hacerlos polvo, mientras que a sus enemigos y sus hostilidades se los llevará el viento e Israel se regocijará en Jehová (v. 16). Todo esto no es otra cosa que una ampliación de la respuesta divina a las inquietudes de su pueblo, expresadas en 40:27: ¿Por qué, pues, dices, oh Jacob; y hablas tú, oh Israel: “Mi camino le es oculto a Jehová y mi causa pasa inadvertida a mi Dios“?

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario