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Isaías 40: Los que esperan en Jehová

En medio de la secuencia literaria aparece un corto diálogo que ha sido considerado como el relato del llamamiento del profeta al ministerio profético. Una voz le ordenó que proclamara en medio del desarrollo de los acontecimientos, que todo mortal es hierba, y toda su gloria es como la flor del campo. De nuevo, entre todos los seres humanos, los reyes de Asiria y de Babilonia están en el centro de esta evaluación. El viento de Jehová, que sopla sobre la hierba, simboliza el juicio divino sobre los seres humanos y sus gobernantes. ¡Qué contraste con el Dios de Israel, cuya palabra permanece para siempre! Y es la palabra de Jehová la base y la garantía de toda la esperanza del creyente, por cuanto permanece para siempre, después que el poderío y la gloria humanas hayan desaparecido de sobre la faz de la tierra.

La segunda mitad del versículo 8 fue el versículo favorito de Casiodoro de Reina, quien lo incluyó en la primera página de la Biblia del Oso, tanto en hebreo como en castellano. La RVA también ha adoptado este versículo como su lema: La palabra de nuestro Dios permanece para siempre.

La segunda parte del cap. 40 tiene como propósito central sustentar aun más la base de la esperanza en el cumplimiento de la palabra de Jehová que permanece para siempre. En el versículo 21 el profeta apela aun al conocimiento más elemental que los hijos de Israel debieran tener de la palabra de su Dios: ¿Acaso no sabéis?… ¿Acaso no habéis comprendido la fundación del mundo? (es decir, las primeras palabras del Génesis). Y luego, en el versículo 27 confronta a Israel con su deprimente incredulidad: ¿Por qué, pues, dices,… oh Israel: «Mi camino le es oculto a Jehová, y mi causa pasa inadvertida a mi Dios?«

Para levantar la fe del pueblo en Jehová, el profeta empieza describiendo su inmensa grandeza, poder y majestad. Luego hace un contraste entre Jehová y las naciones, que son tan sólo como una gota de agua que cae de un balde y son estimados como una tenue capa de polvo sobre una balanza, es decir, que de por sí no deciden el curso de la historia.

Después de presentar la grandeza y majestad de Jehová, presenta el hecho ridículo de un escultor que hace dioses a pedido del cliente. Si el cliente es rico, recubre su dios con oro y lo adorna con cadenas de plata purificada. Si el cliente no tiene recursos, prescinde del oro y se conforma tan sólo con que su dios no se tambalee.

El profeta vuelve a hablarnos de la majestad de Dios, pero esta vez se concentra en el dominio que Jehová ejerce sobre la historia de los hombres. Presenta a Jehová sentado sobre el cenit (lit. el círculo de la tierra). Ante tal escena los habitantes de la tierra parecen langostas. Y aunque en medio de esas langostas destaquen los poderosos y los gobernantes de la tierra, Jehová los hace desaparecer tan sólo con un soplo, que constituye su juicio histórico.

De nuevo, vuelve el profeta a describir la majestad de Dios. Después de haber presentado su grandeza como creador de la tierra y su majestad sobre los seres humanos, el profeta remonta nuestra atención a la inmensa multitud de las estrellas y dice: A todas llama por su nombre…

Si a los billones y trillones de estrellas Jehová llama por sus respectivos nombres, ¿cómo es posible que Israel pueda pensar que algo se le pueda escapar a Dios, aunque sea tan pequeño como el destino de un pueblo muy pequeño en medio de las naciones de la tierra?. ¿Cómo podría Jehová olvidar sus promesas a un pueblo que escogiera en medio de todos los pueblos para que fuera llamado con su nombre: «pueblo de Dios»?.

El profeta subraya los resultados admirables de la fe centrada en la persona de Jehová, este Dios majestuoso que es creador y sustentador del universo. Sus palabras constituyen la conclusión de su mensaje de consolación para su pueblo. Esta es una fe eficaz, capaz de renovar las fuerzas físicas y espirituales a grandes y pequeños, a viejos agotados y a los jóvenes que tropiezan y caen. Este poder que proviene de la fe se necesita para dar respuesta al llamado de la redención. Se requiere de esta fe para iniciar la gran aventura del retorno a la libertad.

Verdades prácticas El gran teólogo Gerhard von Rad hace resaltar la necesidad de volver a hacer énfasis en la palabra «consolar.»

La tarea de la predicación no solo tiene el énfasis de pregonar la ira de Dios, sino también presentar el mensaje de consolación que el hombre necesita. Dice este teólogo: «En siglos anteriores cuando un teólogo defendía una doctrina que parecía nueva o peligrosa, se investigaba a ver si era consoladora. Si lo era, todo estaba en orden; si no lo era, es que contenía alguna falsedad; era ley en lugar de amor. La lógica que hay tras esta argumentación es suficientemente clara: Consolador, auténticamente consolador, sólo hay uno: Dios. Todo lo demás que los hombres idean, es en última instancia desconsolador.»

¡Consolad, consolad a mi pueblo!, dice vuestro Dios

La salvación Dice el doctor Robert L. Cate, en su libro Teología del Antiguo Testamento, que en el vocabulario básico del AT hay dos consideraciones respecto a la salvación: «La salvación como liberación y como rescate.» Dice que «es la segunda palabra principal en el vocabulario veterotestamentario de la salvación, generalmente se traduce como «rescatar», con menos frecuencia como «redimir’ y ocasionalmente como «liberar’. Como veremos, es este último sentido el que más se aproxima al significado antiguo cuando se aplicaba a los actos de Dios. Se aprecia un contenido espiritual mucho mayor en este término que en el anterior.». «Es más,» dice el autor. «El libro de Isaías aclara muy bien que el acto de redención por Dios era un acto de liberación y no un acto de pagar a los opresores de Israel. El esultado final de un acto de redención se describe en términos de regreso gozoso de los redimidos»..

El «pronto auxilio». Una equivocada conclusión que se saca de la trascendencia de Dios, es que él es demasiado grande para interesarse en los seres humanos; 28 lo correcto es inferir que es demasiado grande para fracasar: no hay ningún punto en que las cosas «lo superen». Pero permite que la gran transición del poder ejercido al poder impartido sea experimentado por medio de la fe expresada en la palabra esperan. De manera que el último recordatorio de la fragilidad humana mira hacia adelante: despeja el camino para la confianza y a la trascendencia de los recursos naturales. La frase renovarán sus fuerzas se traduce por «cambiar fuerza», como podría ser cambiarse de ropa o cambiar una cosa vieja por una cosa nueva. Puede ser significativo el hecho de que las tres últimas metáforas hablan de sobreponerse a una imposibilidad natural y a dos debilidades naturales, finalizando con una nota de continuado progreso.

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