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Isaías 40: Los que esperan en Jehová

Isaías 40:22 que Dios tiene su trono muy por encima del cielo. Desde allí, Dios nos ve como si fuéramos insectos. Dios extiende el cielo como un toldo, lo levanta como una carpa para vivir en ella.

Isaías 40:23 Dios hace que los poderosos de este mundo desaparezcan como plantas tiernas y sin raíces. ¡Esas plantas se marchitan y se las lleva el huracán!

Isaías 40:25 »Nuestro santo Dios afirma: «Con nadie me pueden comparar. Nadie puede igualarse a mí»».

Isaías 40:26 Isaías dijo: «Levanten los ojos al cielo: ¿quién ha creado todo esto? Dios hace que salgan las estrellas; las llama por su nombre y las ordena una por una. ¡Es tan grande su poder que nunca falta una estrella!

Isaías 40:27 »Pueblo de Israel, ¿por qué te quejas? ¿Por qué crees que Dios no se preocupa por ti?

Isaías 40:28 Tú debes saber que Dios no se cansa como nosotros; debes saber que su inteligencia es más de lo que imaginamos.

Isaías describe el poder de Dios para crear, su provisión y su presencia para ayudar. Dios es omnipotente y todopoderoso; pero aun así, cuida de cada uno de nosotros en forma personal. Ninguna persona ni cosa puede compararse a Dios (40.25). Definimos a Dios lo mejor que podemos con nuestro conocimiento y lenguaje escasos, pero solo limitamos nuestro entendimiento de El y su poder cuando lo comparamos con lo que experimentamos en la tierra. ¿Cuál es su concepto de Dios, sobre todo como se reveló en su Hijo, Jesucristo? No limite la obra de Dios en su vida al subestimarlo.

Isaías 40:29 Dios les da nuevas fuerzas a los débiles y cansados.

Aun la gente más fuerte se cansa por momentos, pero el poder y la fuerza de Dios nunca disminuyen. Nunca está demasiado cansado ni ocupado para ayudarnos o escucharnos. Su fuerza es nuestra fuente de fortaleza. Cuando sienta que todo en la vida lo aplasta y no pueda dar un paso más, recuerde que puede clamar a Dios para que renueve su fuerza.

Isaías 40:30 Los jóvenes se cansan por más fuertes que sean,
Isaías 40:31 pero los que confían en Dios siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse».

Esperar en Jehová es saber que su fuerza prometida nos ayuda a levantarnos por encima de las confusiones y dificultades de la vida. Significa también confiar en Dios. Esto nos ayuda a estar preparados para cuando El nos hable. Entonces seremos pacientes cuando nos pida que esperemos el cumplimiento de las promesas que se encuentran en su Palabra.

Buenas nuevas para el pueblo

El capítulo 40 marca el comienzo de la segunda parte del libro de Isaías, que algunos llaman el «Segundo Isaías». Este capítulo constituye una especie de introducción al aporte literario de la segunda parte del libro. Sus ideas centrales hallan expresión en este capítulo de una manera concentrada. La principal es que Jehová Dios de Israel es soberano en la historia universal, aunque el desarrollo de los acontecimientos pueda ofuscar a los creyentes en el sentido de que haya cosas tan importantes para ellos, pero que lamentablemente se le escapan a Dios. En el caso concreto de Israel en el cautiverio, que ahora cruzaba la época incierta de la sucesión del imperio babilónico por el imperio persa, los acontecimientos agitan el oleaje de inquietudes. ¿Habrá una voz profética que le diga a Israel cuáles son sus perspectivas de existencia? ¿O es acaso Jehová el Dios de Israel como los dioses de las naciones victoriosas o derrotadas, que nada tienen que decir del presente y del futuro?

Estas inquietudes son las que responde el profeta en este capítulo, mientras pasan por su mente las escenas de la historia, como el reto del Rabsaces, quien quiso poner al Dios de Israel en el nivel de los demás dioses, o como la ideología imperial de Babilonia.

Después de haber trazado el bosquejo del pensamiento del profeta en el cap. 40, veamos sus dos partes en las cuales vierte sus ideas:

  1. En la primera parte del capítulo introduce las buenas nuevas de redención;
  2. en la segunda parte describe la majestad de Jehová en el universo y en la historia, lo cual constituye la base y la garantía de sus promesas de redención para su pueblo.

En la primera parte, el profeta empieza sintetizando el mensaje de Dios para su pueblo. La palabra «amí», mi pueblo, que es característica de Isaías hijo de Amoz, tiende un puente entre las dos partes del libro de Isaías. El mensaje es de consolación, porque el momento de la redención ha llegado.

El versículo 3 empieza con las palabras: Una voz proclama. No necesitamos identificar de quién es la voz, si del profeta o de un ángel, o si es un recurso literario para introducir la proclama de que en breve Jehová va a conducir a su pueblo del cautiverio a la libertad, de Babilonia a Jerusalén, por un camino que atraviesa el desierto y el Arabá (o soledad). A la manera de los preparativos para el paso de su majestad, el Rey, los caminos van a ser allanados, limpiados y enderezados . El desierto es la conciencia del pueblo, como lo indica la palabra «aqóv», torcido, cuyo sentido mayormente es ético. La redención requiere de una digna preparación. Sólo entonces se manifestará la gloria de Jehová y todo mortal la verá.

Jehová ya ha cruzado el desierto y el Arabá al frente de su pueblo que retorna del cautiverio babilónico, y se dispone a subir a los montes de Judá para acercarse a Jerusalén. Aquella misma voz que introduce el mensaje de redención, dice a Sion y a Jerusalén: Levanta con fuerza la voz… tú que anuncias buenas nuevas… No temas. Di a las ciudades de Judá: «¡He aquí vuestro Dios!» Hace eco del cuidado pastoral de Jacob mientras realizaba su viaje de retorno de Mesopotamia a la tierra de promisión. Así apacentará Jehová a su rebaño. A los corderitos (los niños) llevará en su seno, y conducirá con cuidado a las que todavía están criando. El retorno de los cautivos de Babilonia se vislumbra por el mismo camino que siguieron los patriarcas a la tierra prometida. El Arabá, es decir la llanura del Jordán que se expande mientras se va aproximando al mar Muerto, es la antesala a la tierra de promisión. El Arabá deja ver su regocijo por el retorno de los hijos de Israel.

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