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Isaías 40: Los que esperan en Jehová

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Isaías 40:1 Dios dijo: «¡Consuelen a mi pueblo! ¡Denle ánimo!

El libro de Isaías hace un cambio dramático en este punto. Los siguientes capítulos hablan de la majestad de Dios, quien viene a gobernar la tierra y juzgar a todas las personas. Volverá a reunir a Israel y a Judá y los restaurará a su gloria. En vez de advertir a la gente del juicio inminente, Isaías ahora los consuela. El capítulo 40 se refiere a la restauración después del exilio. Ciro es el instrumento de su liberación de Babilonia. En segundo lugar, mira hacia los tiempos finales cuando «Babilonia», futuro sistema mundial del mal, será destruida y terminará la persecución del pueblo de Dios.

Isaías 40:2 Hablen con mucho cariño a los habitantes de Jerusalén, y anúncienles de mi parte que ya han dejado de ser esclavos. Ya les hice pagar por sus pecados, y el castigo que han recibido es más que suficiente».

Judá aún tendría cien años de problemas antes de la caída de Jerusalén, más setenta años de cautiverio. Por lo tanto, Dios le dice a Isaías que hable con ternura y que consuele a Jerusalén.

Las semillas del consuelo pueden arraigarse en el suelo de la adversidad. Cuando su vida parezca que se desmorona, pida a Dios que lo consuele. Quizás no escape de la adversidad, pero encontrará el consuelo de Dios en medio de ella. Algunas veces, sin embargo, el único consuelo que tenemos radica en el conocimiento de que algún día estaremos con Dios. Agradezca el consuelo y el aliento que se encuentran en su Palabra, presencia y pueblo.

Isaías 40:3 Isaías anunció: «Preparen para Dios un camino en el desierto.

Isaías 40:4 Rellenen todos los valles y conviertan en llanura la región montañosa.

Isaías 40:5 Entonces Dios mostrará su poder y lo verá la humanidad entera. Dios así lo ha dicho.

Preparar un camino y enderezar calzada significa quitar los obstáculos o extender la alfombra roja para la llegada del Señor. El desierto es una ilustración de las pruebas y los sufrimientos de la vida, a los que no somos inmunes. Pero estas cosas no deben obstaculizar nuestra fe. Isaías dijo al pueblo que se preparara para ver la obra de Dios. Juan el Bautista utilizó estas palabras cuando exhortó a la gente a prepararse para la llegada del Mesías

Isaías 40:6 »Alguien me ordenó que gritara, y yo pregunté: «¿Qué debo gritar?» Entonces escuché: «Grita que todo ser humano es como la hierba y como las flores del campo.

Isaías 40:7 Grita que la hierba se seca, y las flores se marchitan, cuando Dios lanza sobre ellas el viento del desierto.
Isaías 40:8 En cambio, la palabra de Dios permanece para siempre»».

Aquí se compara a la gente con la hierba y las flores que se marchitan. Nosotros somos mortales, pero la Palabra de Dios es eterna y nunca falla. La opinión pública cambia y no es confiable, pero la Palabra de Dios es firme. Unicamente en la Palabra eterna de Dios hallaremos soluciones duraderas para los problemas y necesidades.

Isaías 40:9 Dios le dijo a Isaías: «Súbete a una montaña y anuncia esta buena noticia a los habitantes de Jerusalén. No tengas miedo; grita con todas tus fuerzas y di a las ciudades de Judá: «¡Aquí viene nuestro Dios!

Isaías 40:10 ¡Viene con todo su poder! Dios es un rey poderoso, y trae con él a su pueblo, el pueblo que ha liberado.
Isaías 40:11 Viene cuidando a su pueblo, como cuida un pastor a su rebaño: lleva en brazos a los corderos y guía con cuidado a las ovejas que acaban de tener su cría»».

A menudo se describe a Dios como un pastor, que con amor cuida y guía a su rebaño. El es fuerte y poderoso (40.10), y sin embargo, cuidadoso y amable. Se le llama pastor (Salmo 23); el buen pastor (Joh_10:11, Joh_10:14); el gran pastor (Heb_13:20); el Príncipe de los pastores (1Pe_5:4). Tome nota de que este pastor protege a los miembros más indefensos de nuestra sociedad: los niños y los que cuidan de ellos. Esto refuerza el tema profético de que la nación verdaderamente poderosa no es la que tiene un gran ejército, sino más bien la que depende de la fuerza protectora de Dios.

Isaías 40:12 Isaías dijo: «Dios puede medir el océano con la palma de su mano. Puede calcular con los dedos toda la extensión del cielo. Dios es capaz de recoger todo el polvo de la tierra, y de pesar en una balanza los cerros y las montañas.

Isaías 40:13 »A Dios nadie le enseña nada; nadie le da consejos ni lecciones de ciencia y sabiduría.

Isaías 40:15 »Las naciones son, para él, como una gota de agua; ¡como un grano de polvo en la balanza! Los poderosos países que están en las islas del mar son para él lo mismo que un simple grano de arena.

Isaías 40:16 »No hay en los bosques del Líbano, animales ni leña suficientes para presentar en su altar una ofrenda como él se la merece.

Isaías 40:17 Para Dios, nada valen las naciones; ¡son lo mismo que nada!

Isaías 40:18 »A Dios no podemos compararlo con nada ni con nadie. No puede ser representado con ninguna imagen. Los escultores fabrican estatuas, los joyeros las recubren de oro y les ponen cadenitas de plata. Los que no tienen dinero buscan un palo que no se pudra y se lo llevan a un artesano; pero este, por más hábil que sea, hace un ídolo que ni pararse puede. ¡Pero a Dios no podemos compararlo con ninguna de estas imágenes!

Isaías 40:21 »Ustedes saben muy bien, y ya lo han oído decir,

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