Isaías 31: Confianza mal ubicada

Isaías 31:8  El asirio caerá por espada no de hombre, y la espada no humana lo devorará; no escapará de la espada, y sus jóvenes serán sometidos a trabajos forzados.

Isaías 31:9  Su fortaleza a causa del terror pasará, y sus príncipes se espantarán ante el estandarte –declara el Señor, que tiene su fuego en Sion y su horno en Jerusalén.

Confianza mal ubicada

Esta sección refleja una fase consumada de la alianza con Egipto, por lo cual es considerada un poco posterior a las profecías del capítulo anterior. El profeta ya no trata de influir en los dirigentes del pueblo para que no se acuda a Egipto. Sólo lamenta que se centre la confianza en los carros de guerra y en los jinetes que formaban el poderío de Egipto, en lugar de centrarla en Jehová. Sin embargo, no ha sido vano el esfuerzo del profeta, porque ahora Jehová no retirará sus palabras dichas contra Israel.

En el versículo 3 aparece uno de los temas más importantes de Isaías: el contraste entre lo humano y lo divino, entre la carne y el espíritu. El espíritu no es contrastado con la materia, sino con la carne, que constituye el factor al cual el espíritu comunica vida y que no puede sustentarse por sí sola. Los caballos de guerra son instrumentos del hombre, y el hombre que los posee y padece de las limitaciones de su naturaleza humana. Eso quiere decir el profeta cuando dice que los caballos son carne. Este principio filosófico bien podría ser la base para que el pueblo de Dios jamás se dejara deslumbrar por ningún poderío humano. Los acontecimientos históricos, tal como los enfoca el profeta, vienen a ilustrar la supremacía de lo espiritual y la realidad y soberanía del Santo de Israel. En este caso concreto que nos ocupa, Dios iba tan sólo a extender su mano para hacer que tropezara el que da la ayuda (Egipto) y que cayera juntamente el que la recibe (Judá).

La mayoría de los comentaristas opinan que el ki con que empieza el versículo 4 debe ser traducido como “pero”, en lugar de “porque”, pues introduce el tema de la intervención divina para librar a su pueblo, una vez que los recursos humanos hayan probado ser inefectivos. Este aspecto es concomitante del mensaje profético. A su turno Jehová descenderá, inconmovible como un león acostado junto a su presa, los asirios, que asedian a Sion. Pero en el versículo 5 la analogía se torna dulce, tierna: Como los pájaros que revolotean [para defender a sus polluelos], así defenderá Jehová de los Ejércitos a Jerusalén.

A esta altura de su ministerio profético, Isaías sigue exponiendo el mismo anuncio coherente: Asiria caerá a espada, pero no de hombre. No serían Egipto, ni mucho menos Judá y sus aliados de la región del Mediterráneo. Jehová actuaría en el momento especifico y así quedaría demostrado que el espíritu no es débil ni mucho menos irreal.

El versículo 9 empieza con la palabra sela, “peña”, que la RVA ha traducido fortaleza, que es lo que simboliza. Algunos comentaristas opinan que esta palabra alude a Ashur, el Dios de los asirios, así como la misma palabra es un epíteto de Jehová Dios de Israel.

Los versículos 6 y 7 son considerados por algunos como una adición marginal porque interrumpe la secuencia de pensamiento entre el final del versículo 5 y el comienzo del versículo 8. Lo presentamos al final de esta sección indicando que el llamado al arrepentimiento siempre está engastado en los oráculos de juicio en la literatura profética.

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