Introducción a las cartas a Timoteo y Tito

Pastor Lionel

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En ellas nos encontramos con una descripción de la Iglesia como una organización considerablemente desarrollada. Tiene ancianos (1 Timoteo 5:17-19; Tito 1:5-6); obispos, superintendentes o supervisores (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:7-16); diáconos (1 Timoteo 3:8-13). De 1 Timoteo 5:17s deducmos que para entonces los ancianos eran responsables asalariados. Los ancianos que gobernaran bien debían ser tenidos por dignos de un doble sueldo, y se exhorta a las iglesias a recordar que el obrero es digno de su salario. Hay por lo menos el principio de una orden de viudas que llegó a ser muy importante más tarde en la Iglesia Primitiva (1 Timoteo 5:3-16). Está claro que había una estructura eclesiástica bastante elaborada, demasiado elaborada argüirían algunos, para dos días tempranos en que Pablo vivió y trabajo.

Los días de los credos

También se pretende que en estas cartas podemos ver surgir el tiempo de los credos. La palabra fe, cambia de significado: en los primeros días era siempre fe en una Persona; es la relación personal de amor y confianza y obediencia más íntima posible con Jesucristo. Más adelante llegó a ser fe en un credo; llegó a ser la aceptación de ciertas doctrinas. Se dice que en las Epístolas Pastorales podemos ver cómo se produjo ese cambio. Posteriormente se llegó a abandonar la fe, y a rendir pleitesía a doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1). Un buen siervo de Jesucristo debe nutrirse de las palabras de la fe y la buena doctrina (1 Timoteo 4:6). Los herejes son personas que tienen la mente corrompida, réprobos en lo tocante a la fe (2 Timoteo 3:8). Tito tiene la obligación de exhortar a los miembros para que sean sanos en la fe (Tito 1:13).

Esto aparece muy claramente en una expresión que es característica de las Pastorales. Se exhorta a Timoteo a retener «la verdad que se te ha confiado» (1 Timoteó 1:14). La palabra para lo que se te ha confiado es parathéké. Parathéké quiere decir un depósito que se le confía a un banquero o a otra persona para que lo conserve a salvo. Es esencialmente algo que hay que devolver sin que haya sufrido el más mínimo cambio. Es decir, se hace hincapié en la ortodoxia. En vez de ser una relación personal íntima con Jesucristo como era en los días emocionantes y palpitantes de la Iglesia Original, le fe se ha convertido en la aceptación de un credo. Hasta se mantiene que en las Pastorales tenemos ecos de los credos más antiguos: Dios Se ha manifestado en la carne, ha sido justificado por el Espíritu,
. ha sido visto por los mensajeros, ha sido predicado a los gentiles, ha sido creído en el mundo, ha sido recibido arriba en la gloria (1 Timoteo 3:16).

Esto suena al fragmento de un credo que se recita. Acuérdate de Jesucristo, descendiente de David, resucitado de los muertos, como se predica en mi Evangelio (2 Timoteo 2:8). Eso suena a una frase de un credo conocido.

Dentro de las Pastorales hay sin duda indicios de que el día de la insistencia en la aceptación de un credo había comenzado, y de que los días de la emoción del descubrimiento personal de Cristo estaban empezando a declinar.

Una herejía peligrosa

Está claro que en la primera línea de la situación contra la que se escribieron las Epístolas Pastorales había una herejía peligrosa que amenazaba la salud de la Iglesia Cristiana. Si podemos distinguir las líneas principales de esa herejía puede que consigamos identificarla.

Se caracterizaba por un intelectualismo especulativo. Producía discusiones (1 Timoteo 1:4); sus adeptos proliferaban en discusiones (1 Timoteo 6:4); se discutían cuestiones necias e insensatas (2 Timoteo 2:23); había que evitar sus necias cuestiones (Tito 3:9). La palabra que se usa en cada caso para cuestiones o discusiones es ekzétésis, que quiere decir discusión especulativa. Esta herejía se ve que era el terreno de juego de los intelectuales, o más bien los seudointelectuales, de la iglesia.

Se caracterizaba por el orgullo. El hereje es orgulloso, aunque en realidad no sepa nada de nada (1 Timoteo 6:4). Hay indicaciones de que estos intelectuales se consideraban por encima de los cristianos ordinarios; de hecho, puede que hasta dijeran que la Salvación completa estaba fuera del alcance de la gente normal y corriente, y solo abierta para ellos. A veces las Epístolas Pastorales hacen hincapié en la palabra todos de una manera de lo más significativa. La gracia de Dios que trae Salvación, se ha manifestado a todos los hombres (Tito 2: I1). Es la voluntad de Dios que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Los intelectuales trataban de reservar las bendiciones más grandes del Evangelio para unos pocos escogidos; pero la verdadera fe subraya el amor universal de Dios.

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