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Introducción a la primera carta de Juan

Pastor Lionel

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La integridad del cristiano

No hay otro escritor del Nuevo Testamento que haga una llamada ética tan insistente como Juan, ni que condene más enérgicamente una supuesta religión que no desemboque en la acción ética. Dios es justo, y la vida de todos los que Le conozcan debe reflejar Su justicia (2:29). El que permanezca en Cristo y sea nacido de Dios, no peca; el que no obra como es debido no es de Dios (3:3-10); y la característica de esta justicia es que se manifiesta en el amor a los hermanos (3: l0s).

Mostramos que amamos a Dios y a nuestros semejantes cuando guardamos los mandamientos de Dios (5:2). Quienquiera que sea nacido de Dios, no peca (5:18).

Para. Juan, el conocimiento de Dios y la obediencia a Sus mandamientos deben ir siempre de la mano. Es guardando Sus mandamientos como probamos que conocemos de veras a Dios. El que diga que Le conoce y no guarde Sus mandamientos, es un mentiroso (2:3-5).

De hecho esta obediencia es la base de la oración efectiva. Recibimos lo que Le pedimos a Dios porque guardamos Sus mandamientos y hacemos lo que a Él Le agrada (3:22).

Los dos distintivos que caracterizan el verdadero Cristianismo son el amor a los hermanos y la obediencia a los mandamientos revelados de Dios.

Los destinatarios de la carta

Hay algunos problemas alucinantes en relación con los destinatarios de la carta. La carta misma no nos da ninguna clave en cuanto a dónde iba dirigida. La tradición la relaciona con Asia Menor, y especialmente con Éfeso, donde según la tradición Juan vivió muchos años. Pero hay algunos otros hechos curiosos que hay que explicar de alguna manera. Casiodoro dice que la Primera de Juan se titulaba Ad Parthos, A los Partos; y Agustín tiene una serie de diez tratados sobre la Epístola de Juan ad Parthos. Un manuscrito de Ginebra complica la cosa todavía más titulando la carta Ad Sparthos. No existe que se sepa la palabra Sparthós. Hay dos posibles^explicaciones de este título improbable.

(i) Es remotamente posible que quiera decir Ad Sparsos, que querría decir A los cristianos diseminados; y

(ii), en griego Ad Parthos sería Pros Parthus. Ahora bien, en los primeros manuscritos no había ningún espacio entre las palabras, y estaba todo escrito en letras mayúsculas; así que el título podría haber sido PROSPARTHUS. Un amanuense que estuviera escribiendo al dictado podría muy fácilmente ponerlo como PROSSPARTHUS, especialmente si no sabía lo que quería decir el título.

Ad Sparthos se puede eliminar como una mera errata.

Pero, ¿de dónde salió eso de A los partos? Hay una posible explicación. Segunda de Juan nos dice adónde iba destinada: se le escribió a La señora elegida y sus hijos (2 Juan 1). Veamos el final de Primera de Pedro. La Reina-Valera dice: «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan» (1 Pedro 5:13). La palabra iglesia se ponía en cursiva en las revisiones anteriores a 1960 para indicar que no está en el original. Alguna otra traducción pone « La que está en Babilonia, que es igualmente elegida, os envía saludos.» Por lo que se refiere al original sería perfectamente posible y hasta natural el tomar esto como una referencia, no a una iglesia, sino a una señora. Eso precisamente fue lo que hicieron algunos de los investigadores de la Iglesia Primitiva. Ahora aparece la señora elegida otra vez en Segunda de Juan. Era fácil identificar las dos señoras elegidas y suponer que Segunda de Juan también se escribió a Babilonia. El gentilicio natural de los habitantes de Babilonia era el de partos, y aquí. tenemos la explicación del-curioso título.

El proceso llegó más lejos. La señora elegida es en griego hé eklekté. Ya hemos visto que los primeros manuscritos estaban escritos en letras mayúsculas; y sería posible tomar EKLEKTÉ, no como un adjetivo que significa elegida, sino como nombre propio, Eklekta. Esto sería, de hecho, lo que habría hecho Clemente de Alejandría; porque tenemos información de que él decía que las cartas joaninas ibas dirigidas a una cierta señora de Babilonia llamada Eklekta y a sus hijos.

Bien puede ser entonces que el título Ad Parthos surgiera de una serie de malentendidos. La elegida de Primera de Pedro es seguramente la iglesia, como traduce correctamente la Reina-Valera. Moffatt tradujo: « Tu iglesia hermana en Babilonia, elegida como vosotros, os saluda.» Además, es casi seguro que en cualquier caso Babilonia era el nombre que se daba a Roma, que los primeros cristianos identificaban con Babilonia, la gran ramera, borracha de la sangre de los santos (Cp. Apocalipsis 17:5). El título Ad Parthos tiene una historia muy interesante, pero está claro que surgió de un malentendido.

Hay otra complicación adicional. Clemente de Alejandría se refería a las cartas de Juan como « escritas a vírgenes.» Eso es extraño, porque no hay nada en ellas que lo sugiera. Ahora bien, ¿de dónde salió esa idea? El griego sería Pros Parthenus, que se parece mucho a Pros Parthus; y resulta que a Juan se le llamaba frecuentemente Ho Parthenos, el virgen, porque no se casó nunca y por la pureza de su vida. Este nuevo título debe de haber salido de una confusión entre Ad Parthos y Ho Parthenos.

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