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Introducción a la primera carta de Juan

Pastor Lionel

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Aquí, pues, tenemos una descripción de estos herejes gnósticos. Hablaban de ser nacidos de Dios, de andar en la luz, de no tener pecado, de morar en Dios y de conocer a Dios. Estos eran sus lemas. No se proponían destruir la Iglesia y la fe; lo que pretendían era limpiar la Iglesia de la escoria y convertir el Cristianismo en una filosofía intelectualmente respetable, apta para mantenerse al lado de los grandes sistemas del día. Pero la consecuencia de esta enseñanza era negar la Encarnación, eliminar la ética cristiana y hacer imposible la comunión dentro de la Iglesia. No debe sorprendernos que Juan, con una devoción pastoral tan ferviente, tratara de defender de un ataque tan insidioso que les venía a las iglesias que amaba desde dentro de ellas. Esta era una amenaza mucho más peligrosa que cualquier persecución pagana; lo que estaba en peligro era la misma existencia de la fe cristiana.

El mensaje de Juan

Primera de Juan es una carta breve, y no debemos buscar en ella una exposición sistemática de la fe cristiana. Sin embargo, será del mayor interés para nosotros el examinar las creencias .básicas subyacentes con las que Juan confronta a aquellos que amenazaban con dar al traste con la fe cristiana.

El propósito de la carta

El propósito de Juan al escribir esta carta era doble, y sin embargo uno solo. Escribe para que el gozo de su pueblo sea completo (1:4), y para que no caigan en pecado (2:1). Ve claramente que por muy atractivo que sea el camino falso, no conduce a la felicidad. Producirles gozo y preservarlos del pecado es una y la misma cosa.

La idea de Dios

Juan tiene dos grandes cosas que decir acerca de dios. Dios es luz, y en Él no caben las tinieblas (J:5). Dios es amor, y eso Le movió a amarnos antes de que nosotros Le amáramos a Él, y a enviar a Su Hijo como el remedio para nuestros pecados (4:7-10, 16). Juan está convencido de que Dios Se revela a Sí mismo y Se da a Sí mismo. Dios es luz y no tinieblas; es amor y no odio..

La idea de Jesús

Como el ataque principal de los falsos maestros era a la Persona de Cristo, esta carta, que se propone contestarles, es especialmente rica y de ayuda por lo que tiene que decir acerca de El.

(i) Jesús es el Que era desde el principio (1:1; 2:14). Cuando una persona se encuentra cara a cara con Jesús, está ante lo eterno.

(ii) Otra manera de expresarlo sería decir que Jesús es el Hijo de Dios, y para Juan era esencial estar convencido de eso (4:15; 5:5). La relación de Jesús con Dios es única, y en Él se ve el corazón siempre buscador y siempre perdonador de Dios.

(iii) Jesús es el Cristo, el Mesías (2:22; 5:1). De nuevo encontramos que esto era para Juan un artículo esencial de la fe. Puede que parezca que aquí entramos en un mundo de ideas que es mucho más estrecho, y de hecho específicamente judío; pero aquí nos encontramos con algo esencial. Decir que Jesús es desde el principio y que es el Hijo de Dios es mantener Su conexión con la eternidad. Decir que Él es el Mesías es mantener Su relación con la Historia. Es ver Su venida como el acontecimiento hacia el cual se iba moviendo el plan de Dios, y desarrollándose en Su pueblo escogido.

(iv) Jesús era verdadera y totalmente hombre. El negar que Jesús viniera en la carne era estar bajo la influencia del espíritu del anticristo (4:2s). El testimonio de Juan es que Jesús era tan verdaderamente humano que él mismo Le había conocido y tocado y experimentado (1:1,3). Ningún escritor del Nuevo Testamento subraya con más intensidad la plena realidad de la Encarnación. No solamente el Hijo de Dios se hizo hombre, sino que sufrió por los hombres. Vino por agua y por sangre (5:6) y ofreció. Su vida por los hombres (3:16).

(v) La venida de Jesús, Su Encarnación, Su vida, Su muerte, Su Resurrección y Su Ascensión se combinan todas para tratar el pecado humano. Jesús era sin pecado (3:5); y el hombre es esencialmente pecador, aunque en sú arrogancia pretenda ser sin pecado (1:8-10); y sin embargo el único sin pecado vino a desplazar de los pecadores el pecado (3:5). En relación con el pecado humano Jesús es dos cosas.

(a) Es nuestro Abogado con el Padre (2:1). La palabra que se usa es paráklétos. Un paráklétos el alguien que es llamado para ayudar. La palabra se podía aplicar a un médico; se usaba a menudo de un testigo convocado para dar evidencia a favor de alguien en un juicio, o de un abogado convocado para defender a alguien bajo acusación. Jesús aboga nuestra causa con Dios; Él, el único sin pecado, es el Defensor de los pecadores.

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