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Introducción a la carta de Judas

Pastor Lionel

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En cuanto a los falsos pensadores y los de vida perdida -algunos de ellos puede que se salven con piedad, mientras están todavía dudando al borde de sus malos caminos; a otros hay que rescatarlos como a astillas del fuego; y en toda su obra de rescate, el cristiano debe tener aquel santo temor que le hará amar al pecador pero odiar el pecado, evitando contaminarse de los males de los que trata de salvar (versículos 22 y 23).

Y todo el tiempo estará con él el poder de ese Dios Que puede guardarle de caer, y conducirle con pureza y gozo a Su presencia (versículos 24 y 25).

Los herejes

¿Quiénes eran los herejes a los que.Judas critica tan duramente, y cuáles sus creencias y forma de vida? Judas no nos lo dice claro nunca; él no era ningún teólogo, sino, como dice Moffatt, « un líder de la Iglesia, sencillo y honrado.» «Denuncia más que describe» la herejías que ataca. No trata de discutir ni de refutar, porque escribe como el «que sabe cuándo la ardiente indignación es más elocuente que la discusión.» Pero de la carta misma podemos deducir tres cosas sobre estos herejes.

(i) Eran antinomistas. El antinomismo -de ariti y nomos, ley- es la «doctrina que enseña, en nombre de la supremacía de la gracia, el indiferentismo con respecto a la ley» (Enciclopedia Larousse). Los antinomistas han existido en todas las épocas de la Iglesia. Son personas que pervierten la gracia. Su posición es que la ley ha terminado, y ellos están bajo la gracia. Las prescripciones de la ley puede que se les apliquen a otros, pero ya no se les aplican a ellos. Pueden hacer, literalmente, lo que les dé la gana. La gracia es suprema; puede perdonar cualquier pecado; cuanto más se peque, más oportunidades se le dan a la gracia para sobreabundar (Romanos 5:20ss). El cuerpo no tiene ninguna importancia; lo que importa es el interior de la persona.

Todas las cosas pertenecen a Cristo, y, por tanto, todas las cosas les pertenecen a ellos. Así es que para ellos no hay nada prohibido.

Por tanto, los herejes de Judas convierten la gracia de Dios en una excusa para la inmoralidad más flagrante (versículo 4); hasta practican vicios desvergonzados contra la naturaleza como hacían los de Sodoma (versículo 7). Corrompen la carne, y no lo consideran ningún pecado (versículo 8). Dejan que los instintos animales gobiernen sus vidas (versículo 10). Con sus maneras sensuales, hay peligro de que hagan naufragar las fiestas del amor de la iglesia (versículo 12). Son sus propios deseos malos los que dirigen sus vidas (versículo 16).

La negación de Dios y de Jesucristo

(ii) Acerca del antinomismo y la inmoralidad flagrante de los herejes a los que condena Judas no cabe la menor duda. Las otras dos faltas de las que los acusa no son tan fáciles de detectar. Los acusa de que, como dice la versión Reina- Valera›95 «niegan a Dios, el único Soberano, y a nuestro Señor Jesucristo,» y añade en una nota: «Otra posible traducción: A nuestro único soberano y señor, Jesucristo» (versículo 4). La doxología final se dirige al « al único y sabio Dios,» una frase que se encuentra también en Romanos 16:27; 1 Timoteo 1:17, y cp. 6: I5). La reiteración de la palabra único es significativa. Si Judas habla acerca de nuestro único Soberano y Señor, y del único Dios, es natural suponer que habría quienes cuestionaran la unicidad de Jesucristo y de Dios. ¿Podemos trazar una línea de pensamiento parecida en la Iglesia Primitiva y, en caso afirmativo, coincide con cualquier otra evidencia que la misma carta pueda suplir?

Como sucede tan a menudo en el Nuevo Testamento, nos encontramos frente a ese tipo de pensamiento que llegó a conocerse como gnosticismo. Su idea básica era que este es un universo dualista, con dos principios eternos. Desde el principio del tiempo ha habido siempre espíritu y materia. El espíritu es esencialmente bueno; la materia, esencialmente mala. De esa materia corrompida se creó el mundo. Ahora bien: Dios es puro espíritu, y por tanto no podía manejar esta materia esencialmente mala. ¿Cómo se pudo efectuar la creación? Dios produjo una serie de eones o emanaciones, sucesivamente cada vez más lejos de Él. A1 final de esta larga cadena hubo un eón, ya lo bastante distante de Dios para poder tocar la materia, que fue el que se encargó de la creación del mundo.

Esto no era todo lo que creían los gnósticos. Conforme los eones de la serie se iban alejando más y más de Dios cada vez Le conocían menos; y se iban haciendo más y más hostiles a Dios. El eón creador, al final de la serie, era al mismo tiempo ignorante y totalmente hostil a Dios.

Al llegar a ese punto, los gnósticos dieron otro paso: identificaron al verdadero Dios con el Dios del Nuevo Testamento; y al dios ignorante y hostil, con el del Antiguo Testamento. Para ellos, el Dios de la creación era distinto del dios de la revelación y de la redención. El Cristianismo, por otra parte, cree en el único Dios: el Dios de la Creación, y de la Providencia, y de la Redención.

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