Introducción a La carta a los efesios

¿Quién si no Pablo?

Este es el argumento de Efesios. Como ya hemos visto, hay algunos que, fijándose en el vocabulario y el estilo y el tema de esta carta, no pueden creer que Pablo la escribiera. El investigador americano E. J. Goodspeed ha propuesto una teoría interesante -pero no convincente. Es probable que fuera en Éfeso, hacia el año 90 d.C., donde se coleccionaron por primera vez las cartas de Pablo y se enviaron a toda la Iglesia. La teoría de Goodspeed es que la persona responsable de esa recopilación, algún discípulo de Pablo, escribió Efesios como una especie de introducción a toda la colección. Sin duda esa teoría se quiebra por un hecho inicial. Cualquier imitación es inferior al original. Pero lejos de ser inferior, Efesios se puede decir que es la más importante de todas las epístolas paulinas. Si Pablo mismo no la escribió, tenemos que postular que fue la obra de alguno que era superior a Pablo. E. E Scott pregunta muy oportunamente: «¿Podemos creer que en la Iglesia de tiempos de Pablo hubiera un maestro desconocido de tan suprema excelencia? La conclusión natural es sin duda que una epístola tan parecida a la obra de Pablo en su mejor expresión no fuera escrita por ningún otro; sino por el mismo Pablo.» Ninguna otra persona tuvo jamás una visión más gloriosa de Cristo que esta que Le contempla como el único centro en Quien se reúnen en una unidad todas las desuniones de la vida. Ninguna persona tuvo jamás una visión más gloriosa de la Iglesia que esta que la contempla como el instrumento de Dios para esa reconciliación universal. Y bien podemos creer que no hubo nadie que se pudiera remontar a una visión semejante más que Pablo mismo.

Los destinatarios

Ahora debemos volver a un problema que dejamos antes sin resolver. Si Efesios no se escribió a Éfeso, ¿a qué iglesia se escribió?

La sugerencia más antigua es que se escribió a Laodicea. En Colosenses 4:16, Pablo escribe: «Y cuando se haya leído esta carta entre vosotros, haced que se lea también en la iglesia de los laodicenses; y aseguraos de leer también vosotros la carta de Laodicea.» Esa frase deja bien claro que Pablo había mandado una carta a la iglesia de Laodicea. No figura tal carta entre las del apóstol Pablo de que disponemos. Marción fue uno de los primeros que hizo una colección de las cartas de Pablo, hacia mediados del segundo siglo; y de hecho llama a Efesios la Carta a los Laodicenses. Así que desde tiempos muy antiguos se tenía la impresión de que la iglesia a la que se envió Efesios en primer lugar fue la de Laodicea.

Si aceptamos esa sugerencia tan interesante y atractiva, aún tenemos que explicar cómo perdió la carta su encabezamiento original a Laodicea, y llegó a relacionarse con Éfeso. Podría haber dos explicaciones.

Puede que, cuando Pablo murió, la iglesia de Éfeso sabía que la iglesia de Laodicea poseía una carta maravillosa de Pablo; y se dirigió a Laodicea para pedirle una copia. Puede que se hiciera la copia, y se enviara a Éfeso omitiendo las palabras en Laodicea en el primer versículo, y dejando un espacio en blanco, que es como aparece en los manuscritos más antiguos. Casi treinta años después se coleccionaron las cartas de Pablo para ponerlas a disposición de toda la Iglesia. Ahora bien: Laodicea estaba en un distrito que era famoso por sus terremotos, y bien puede ser que todos sus archivos se destruyeran, y que, por tanto, cuando se hizo la colección, la única copia de la Carta a los Laodicenses fuera la que se había conservado en Éfeso. Esa carta puede que entonces llegara a conocerse como la Carta a los Efesios, porque fue en Éfeso donde se encontró la única copia en existencia.

La segunda explicación que se ha sugerido la propuso Harnack, el gran erudito alemán. Por aquellos días, la iglesia de Laodicea había caído lastimosamente de la gracia. En Apocalipsis hay una carta a Laodicea, que nos la presenta en una luz desfavorable (Apocalipsis 3: 14-22). En esa carta, el Señor Resucitado condena sin paliativos a la iglesia de Laodicea hasta tal punto que le dirige la frase gráfica: «Me das ganas de vomitar» (Apocalipsis 3:16). Ahora bien: en el mundo antiguo existía la costumbre llamada damnatio memoriae, la condenación del recuerdo de una persona. Podría ser que hubiera prestado muchos servicios emblemáticos al estado, por lo que su nombre aparecería en los libros, actas, inscripciones y memorias; pero si tal persona acababa cometiendo alguna acción baja, algo que arruinara su honor, su memoria se condenaba: su nombre se borraba de todos los libros, y se raspaba de todas las inscripciones y memoriales. Harnack creía que era posible que la iglesia de laodicea hubiera sufrido damnatio memoriae, de modo que hasta su nombre se borró de la historia de la Iglesia. En ese caso, las copias de la Carta a Laodicea no contendrían su nombre; y cuando la colección se hizo en Éfeso se le aplicó el nombre actual.

Una carta circular

Ambas sugerencias son posibles; pero todavía queda otra que es mucho más probable. Creemos que Efesios no se dirigió de hecho a ninguna iglesia en particular, sino que era una carta circular a todas las iglesias paulinas de Asia. Fijémonos de nuevo en Colosenses 4:16: «Y cuando esta carta se haya leído entre vosotros, haced que se lea también en la iglesia de Laodicea; y aseguraos de leer vosotros también la carta de Laodicea.» Pablo no dice que los colosenses deben leer la carta a Laodicea, sino la que les llegaría de Laodicea. Es como si Pablo dijera: «Hay una carta circulando; hacia el momento presente ha llegado a Laodicea; cuando os la manden desde Laodicea, aseguraos de leerla.» Eso suena como si se tratara de una carta que iba circulando por las iglesias de Asia, y creemos que esa carta era Efesios.

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