Se dice que en el lago Michigan, una noche de gran tormenta, un barco chocó con un barco de pasajeros – más o menos a dos kilómetros del pueblo de Winnetka, Illinois.  De los 393 pasajeros, 279 se ahogaron. Fue un gran desastre. Un hombre llamado Edward Spencer, al ver el desastre, se metió en el lago y trató de ayudar y salvar a algunos pasajeros.
Uno por uno los trajo a la playa, regresando otra vez por uno más. En total Edward Spencer pudo salvar a 17 personas. Desgraciadamente, en el transcurso de este acto de heroismo, cayó Edward de cansancio.  Los nervios en sus piernas eran tan dañados por el esfuerzo que hizo que nunca más volvió a andar. De ahí en adelante se quedó paralítico, prisionero de por vida sobre su silla de ruedas.

En su cumpleaños de los 18 años, alguien le pidió relatar su experiencia y contar lo que más le impresionó de esa noche. Edward respondió:

– Ni una sola persona de los 17 que salvé regresó para darme las gracias. Ni uno solo!

Imagínense lo que piensa el Señor de nosotros – cuando olvidamos desde dónde nos sacó y hasta dónde nos ha llevado!! Es tiempo hermanos de darle las gracias por su salvación, por su iglesia local, por la familia que tienes. Es tiempo de recordar todo lo que Él nos ha dado.

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