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Hechos 26: La defensa de un hombre cambiado

Pastor Lionel

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Aquí tenemos un resumen vivo de la sustancia del mensaje que Pablo predicaba:

(i) Llamaba al arrepentimiento. La palabra griega para arrepentimiento quiere decir literalmente cambiar de mentalidad. Arrepentirnos quiere decir darnos cuenta de que la clase de vida que estamos viviendo es equivocada, y que tenemos que adoptar una escala de valores totalmente distinta. Con ese fin, el arrepentimiento supone dos cosas: dolor de corazón por lo que hemos sido, y decisión de cambiar por la gracia de Dios.

(ii) Llamada a volvernos hacia Dios. A menudo estamos de espaldas a Dios; puede que sea porque no le tenemos en cuenta, o porque nos hemos ido a posta a los países lejanos del alma. Pero, sea por lo que sea, el Evangelio nos llama a aceptar que Dios, a Quien no teníamos en cuenta, sea nuestro todo.

(iii) Llamada a vivir de acuerdo con el arrepentimiento. La prueba de un arrepentimiento y una conversión a Dios verdaderamente genuinos es una nueva manera de vivir. Esta no es meramente la reacción de alguien cuya vida está gobernada por una nueva serie de leyes; sino que es el resultado del amor. La persona que ha llegado a conocer el amor de Dios que vemos en Jesucristo sabe que el pecado no es quebrantar la ley de Dios, sino el corazón de Dios.

Un rey impresionado

Cuando Pablo llegó a ese punto en su defensa, Festo le interrumpió diciéndole en alta voz: . -¡Estás loco de remate, Pablo! ¡De tanto estudiar has perdido el juicio! -No estoy loco, excelentísimo Festo. Al contrario: estoy diciendo cosas que son ciertas y sanas. El Rey sabe de todo esto, y ante él no tengo por qué andarme con rodeos. No creo que le ha resultado peregrino nada de lo que he dicho, porque estas cosas no han sucedido en ningún rincón escondido. Rey Agripa, ¿a que es cierto que crees en los Profetas? ¡Yo sé que sí! -¡Crees que no te costaría mucho hacerme cristiano! -le replicó Agripa. Y Pablo le contestó: – ¡Ojalá, me costara mucho o poco tiempo, no sólo tú sino todos los que me estáis escuchando hoy, llegárais a ser como yo… por supuesto, sin estas cadenas!

A eso el Rey se levantó, y lo mismo hicieron el Gobernador y Berenice y todos los demás. Al salir, iban discutiendo el caso y diciéndose: -Este hombre no ha hecho nada que merezca la pena de muerte o de cárcel. -Bien podría ponérsele en libertad -le dijo Agripa a Festo- si no hubiera apelado al César.
Lo interesante de este pasaje no es tanto lo que se dice como el ambiente que se percibe. Pablo era un preso. En aquel momento llevaría cadenas, a las que él mismo hace referencia. Y sin embargo tenemos la impresión de que es el personaje central de la escena. Festo no le habla como a un criminal. Sin duda conocía el curriculum vitae de Pablo como rabino; probablemente había visto su habitación llena de los extraños manuscritos y rollos que eran los primeros documentos de la Iglesia. En cuanto a Agripa, al escuchar a Pablo, parecía ser él el que estaba siendo juzgado. Aquella perpleja compañía no puede ver por qué tiene que ser juzgado Pablo en Roma o en ningún otro sitio. Hay una autoridad en Pablo que le coloca por encima de todos los demás de aquella asamblea. La palabra griega para el poder de Dios es dynamis, de donde deriva la española e internacional dinamita. El que tiene al Señor Resucitado a su lado no tiene por qué temer a nada ni a nadie.

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