Hechos 25: La apelación al César

Pastor Lionel

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Agripa era el rey de una pequeña porción de Palestina que incluía Galilea y Perea; pero sabía muy bien que se lo debía a los romanos, que eran los que le habían instalado allí y podían quitarle con la misma facilidad. Por tanto, solía hacer una visita de cortesía al gobernador romano cuando éste llegaba a la provincia. Berenice era la hermana de Drusila, mujer de Félix, y también del mismo Agripa. Sabiendo que Agripa conocía a fondo las cuestiones de fe y costumbres de los judíos, Festo decidió discutir con él el caso de Pablo. Le presentó a Agripa un resumen imparcial de la situación hasta aquel momento; de esa manera le preparó la escena a Pablo para defenderse y dar su testimonio ante el rey. Jesús había dicho: «Os harán comparecer ante gobernadores y reyes por vuestra relación conmigo» (Mateo 10:18). La difícil profecía se estaba cumpliendo; e igualmente se haría realidad la promesa de ayuda (Mateo 10:19).
Festo busca datos para su informe

-Me gustaría conocer personalmente a ese hombre -le dijo Agripa a Festo. -Pues mañana mismo – le contestó Festo. Al día siguiente llegaron Agripa y Berenice con mucha pompa, y entraron en la sala de la audiencia con los más altos jefes del ejército y las fuerzas vivas de la ciudad. Seguidamente trajeron a Pablo a la orden de Festo, que dijo entonces al rey Agripa y a toda la audiencia: -El que estáis viendo es el hombre que toda la nación judía ha demandado tanto en Jerusalén como aquí, vociferando insistentemente que no merece seguir viviendo. Por lo que yo veo, no ha hecho nada que merezca la pena capital; pero, como él mismo ha apelado al César, yo he decidido mandársele. No tengo hechos claros para informar por escrito acerca de él a su señoría imperial; por tanto, le he traído a vuestra presencia, y especialmente a la tuya, rey Agripa, para que se haga una investigación preliminar y yo pueda tener algunos datos informativos que incluir en mi informe; porque me parece fuera de lugar remitirle una persona al Emperador sin tener claro de qué se la acusa.

Festo se encontraba en una situación incómoda. Según la ley romana, si un ciudadano romano apelaba al César y se le mandaba a Roma, tenía que ser con un informe escrito del caso y de las acusaciones que se le hacían. El problema de Festo era que, por lo que él podía ver, no había un claro delito; y por eso preparó aquella audiencia. Esta es una de las escenas más dramáticas de todo el Nuevo Testamento. Agripa y Berenice se presentaron con toda su pompa. Seguramente se habían puesto las ropas regias de púrpura y el aro de oro a manera de corona en la cabeza. Sin duda Festo también se había puesto la túnica escarlata que un gobernador guardaba para las ocasiones oficiales. Estaría presente el séquito de Agripa, y probablemente también asistirían los personajes más representativos de los judíos. Cerca de Festo estarían los capitanes de las cinco cohortes estacionadas en Cesarea; y al fondo estaría una falanje prieta de corpulentos legionarios romanos en atuendo de ceremonia.

A esa escena se incorporó Pablo, el pequeño tejedor judío, encadenado por las muñecas; y sin embargo, desde el momento en que toma la palabra, ocupa el centro de la escena. Hay personas que irradian autoridad. Julián Duguid nos cuenta que una vez cruzó el Atlántico en el mismo buque que Sir Wilfred Grenfell. Grenfell no tenía una figura especialmente impresionante; pero Duguid cuenta que, siempre que Grenfell entraba en una de las habitaciones, no hacía falta volver la cabeza para saber que había entrado, porque de él emanaba una ola de poder. Cuando una persona tiene a Cristo en el corazón y Dios a su mano derecha, tiene el secreto del poder. ¿De quién ha de tener miedo?

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