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Hechos 17: En Tesalónica

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Cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba predicando el Evangelio también en Berea, se personaron allí y se pusieron a soliviantar a la multitud para que se alborotara y amotinara. La comunidad cristiana mandó inmediatamente a Pablo camino de la costa, mientras que Silas y Timoteo se quedaron en Berea.

Los que salieron con Pablo le acompañaron hasta Atenas, donde le dejaron, después de recibir instrucciones para que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible.

Berea estaba a 95 kilómetros al Oeste de Tesalónica. En este breve pasaje sobresalen tres cosas:

(i) Se hace hincapié en la base escritural de la predicación de Pablo: hizo que los de Berea se pusieran a escudriñar las Escrituras. Los judíos estaban seguros de que Jesús no podía ser el Mesías porque había muerto crucificado, y la Ley decía que esa era una muerte maldita (Deuteronomio 21:23). Sin duda Pablo dirigiría a los de Berea a pasajes como Isaías 53 para que vieran que Jesús murió conforme a las Escrituras.

(ii) Vemos de nuevo el odio envenenado de los judíos, que no sólo se opusieron a Pablo en Tesalónica sino que le persiguieron hasta Berea. Lo trágico del caso es que seguramente creían que estaban haciendo la voluntad de Dios al tratar de silenciar a Pablo. Es terrible cuando alguien identifica sus ideas con la voluntad de Dios en vez de someterlas a esa voluntad.

(iii) Vemos de nuevo el valor de Pablo. Había estado preso en Filipos; tuvo que huir de Tesalónica por la noche porque estaba en peligro de muerte, y ahora tiene que huir otra vez de Berea para salvar la vida. Otros habrían abandonado una empresa en la que se estaba constantemente en peligro de la cárcel o de la muerte. Cuando le preguntaron a David Livingstone hasta dónde estaba dispuesto a ir, contestó: «A cualquier parte, siempre que sea hacia adelante.» A Pablo tampoco se le ocurrió nunca la idea de volver atrás.

Solo en Atenas

Mientras Pablo estaba esperando a Silas y Timoteo en Atenas, ardía de indignación al contemplar la ciudad en las garras de la idolatría. Estuvo discutiendo en la sinagoga con los judíos y con los gentiles que no habían llegado a hacerse judíos pero tomaban parte en el culto de la sinagoga; y todos los días se iba a la plaza de la ciudad a hablar con los que se encontraba. Entre ellos había unos filósofos epicúreos y estoicos que se decían: -¿De qué estará hablando este palabrero ignorante? -Parece que es un predicador de dioses extranjeros -contestaban otros, porque Pablo les predicaba el Evangelio de Jesús y de la Resurrección. El caso es que se le llevaron al Areópago y le preguntaron: -¿Se puede saber en qué consiste esta doctrina nueva y peregrina de que hablas? Porque algunas de las cosas que dices nos parecen muy raras, y querríamos saber lo que quieren decir. Y es que todos los de Atenas, tanto los nacidos allí como los venidos de fuera, se pasan la vida no haciendo más que escuchar o hablar de las últimas novedades.

Después de huir de Berea, Pablo se encontró solo en Atenas. Pero, solo o acompañado, Pablo nunca dejaba de predicar a Cristo. Atenas hacía tiempo que había dejado atrás su edad de oro, pero seguía siendo la más famosa ciudad universitaria del mundo, a la que acudían de todas partes los buscadores de la sabiduría. Era también una ciudad de muchos dioses. Se decía que había más imágenes de dioses en Atenas que en todo el resto de Grecia, y que en Atenas era más fácil encontrar a un dios que a un hombre. En su gran plaza la gente se reunía a hablar, que era lo único que se hacía en Atenas. Pablo no tendría dificultad en encontrar gente con quien hablar, y los filósofos pronto le descubrieron.

(i) Estaban los epicúreos.

(a) Creían que todo sucede por azar.

(b) Que todo acaba en la muerte.

(c) Que los dioses vivían en otro mundo y no se preocupaban de este.

(d) Que el fin principal del ser humano es el placer.

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