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Hechos 15: El problema se hace agudo

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(ii) Tenían que abstenerse de la inmoralidad sexual. Se ha dicho que la castidad es la única nueva virtud que trajo al mundo el Cristianismo. En un mundo impuro, los cristianos tenían que ser puros.

(iii) Tenían que abstenerse de carne de animales que hubieran sido estrangulados y de la sangre. Para los judíos la sangre era la vida, y la vida pertenecía sólo a Dios. Por tanto los judíos de todos los tiempos matan los animales desangrándolos completamente; y el que los gentiles no observaran esta regla era algo abominable para los judíos. Así es que se dispuso que los gentiles comieran solo carne que se hubiera preparado a la manera de los judíos.

Si no se observaban estas reglas, la relación entre judíos y gentiles podría haber resultado imposible; pero su cumplimiento eliminaba la última barrera. En la Iglesia se estableció el principio de que los judíos y los gentiles formaban un solo pueblo de Dios.

El decreto se publica

Seguidamente, los apóstoles y los ancianos responsables, de acuerdo con toda la asamblea, decidieron nombrar representantes que fueran a Antioquía con Pablo y Bernabé; y eligieron a Judas, también llamado Barsabás, y a Silas, que eran personas representativas de la comunidad cristiana. Y les dieron un mensaje escrito para que lo llevaran, que decía: «De hermanos a hermanos, nosotros los apóstoles y ancianos responsables mandamos nuestros saludos a los miembros gentiles de las iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia. Como hemos sabido que ciertas personas de aquí, que no fueron como representantes nuestros, os han inquietado e intranquilizado con sus afirmaciones, hemos tenido una reunión en la que hemos decidido escoger a unos para mandároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han arriesgado la vida por la causa de nuestro Señor Jesucristo. Así es que os enviamos a Judas y Silas, que os dirán de palabra lo que pone esta -carta. El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido de común acuerdo no imponeros más cargas además de estas cosas necesarias: que no participéis de carne que haya sido parte de un sacrificio a un ídolo; que no uséis como alimento carne de animales que no hayan sido debidamente desangrados o que hayan sido estrangulados, y que os abstengáis de la inmoralidad sexual. Haréis bien en no participar de esas cosas. ¡Que os vaya bien!»

Cuando les prepararon lo necesario para el viaje, se pusieron en camino hacia Antioquía. Al llegar, convocaron una reunión de la congregación y les entregaron la carta. La leyeron y se alegraron mucho del ánimo que se les daba. Judas y Silas, que además eran profetas, dijeron muchas cosas para animar a la comunidad cristiana y exhortarla a que se mantuviera firme en la fe. Después de quedarse allí algún tiempo, la comunidad les preparó el viaje de vuelta a los que los habían enviado y les desearon muy buen viaje; pero Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía colaborando con otros muchos en la enseñanza y en el anuncio de la Buena Noticia del Evangelio del Señor.

En cuanto llegó a esa decisión, la Iglesia actuó con eficacia y con cortesía. Los términos de la decisión se exponían en una carta. Pero no enviaron ésta con un mensajero cualquiera, sino con Judas y Silas, que acompañaron a Pablo y Bernabé a Antioquía. Si Pablo y Bernabé hubieran vuelto solos, sus enemigos podrían haber dudado de la autenticidad del mensaje. Judas y Silas eran emisarios oficiales y garantes de la verdad de la decisión. La Iglesia hizo bien en mandar personas con la carta. Uno de los primeros escritores cristianos, Papías, reconocía que había aprendido más de la palabra viva y permanente que de muchas lecturas. Una carta puede sonar fríamente oficial; pero las palabras de Judas y Silas contribuían un calor amigable que podía faltar en la lectura de la carta. Son innumerables los problemas que se habrían podido evitar si se hubiera hecho una visita personal en vez de limitarse a enviar una carta a secas.

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