Hechos 13: Enviados por el Espíritu Santo

Cuando oyeron esto los gentiles se llenaron de alegría y se pusieron a alabar a Dios por el Mensaje que les había enviado, y se convirtieron todos los que estaban dispuestos para la vida eterna. Y el Mensaje del Señor se extendió por toda la región. Pero los judíos ejercieron su influencia en algunas mujeres piadosas y aristocráticas y en las fuerzas vivas de la ciudad, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, consiguiendo que los echaran del distrito.

Ellos se sacudieron el polvo del calzado para hacerles ver que los consideraban impíos paganos, y se marcharon a Iconio. Los discípulos estaban henchidos del gozo del Espíritu Santo.

Antioquía de Pisidia se inflamaba con facilidad. Era una población muy diversa. La habían fundado los sucesores de Alejandro Magno hacia el año 300 a.C. Los judíos solían darse prisa en acudir a las nuevas ciudades para copar los primeros puestos. Como Antioquía estaba en un nudo de comunicaciones, llegó a ser colonia romana en el año 6 a.C. Formaban la población griegos, judíos, romanos y no pocos de los nativos frigios, que eran muy emotivos e inestables. Era la clase de población en la que cualquier chispa podía provocar una conflagración.

La única cosa que sacaba de quicio a los judíos era la posibilidad de que alguno de los privilegios del pueblo de Dios fuera a parar a los gentiles incircuncisos; así es que se movilizaron. En aquellos tiempos la religión judía ejercía una considerable atracción entre las mujeres, y nada era más libre que la moralidad sexual. La vida familiar se estaba desintegrando, y las víctimas eran las mujeres. La religión judía predicaba una pureza moral y una vida limpia. En torno a la sinagoga se reunían muchas mujeres, con frecuencia de alta posición social, que encontraban en su enseñanza precisamente lo que estaban buscando. Muchas de estas mujeres se hicieron prosélitas, y aún más temerosas de Dios. Los judíos las convencieron para que incitaran a sus maridos, que eran en muchos casos hombres de posición, para que tomaran medidas contra los predicadores cristianos, y el resultado inevitable fue la persecución. Antioquía se llenó de peligros para Pablo y Bernabé, que tuvieron que marcharse. Los judíos estaban empeñados en mantener sus privilegios para ellos solos. Sin embargo los cristianos consideraban que tenían que compartir sus privilegios. Como se ha dicho: «Los judíos veían a los paganos como paja que se podía quemar, y Jesús los veía como una cosecha que había que recoger para Dios.» Y la Iglesia Cristiana debe tener esa misma visión de un mundo para Cristo.

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