Hechos 13: Enviados por el Espíritu Santo

Un viaje azaroso para un hombre enfermo

Pablo y Bernabé atravesaron aquella región desde Perge hasta Antioquía de Pisidia. Una vez allí fueron el sábado a la sinagoga y tomaron asiento; y después de las lecturas de la Ley y de los Profetas, los responsables de la sinagoga les mandaron recado: -Hermanos, si tenéis algún mensaje de exhortación para la congregación, podéis hablar.

Uno de los detalles sorprendentes de Hechos es el heroísmo que se despacha en una sola frase. Antioquía de Pisidia estaba situada en una meseta a más de mil metros sobre el nivel del mar. Para llegar allí, Pablo y Bernabé tuvieron que cruzar la cordillera de Tauro siguiendo una de las carreteras más difíciles de Asia Menor, que además estaba infestada de bandoleros.

Pero tendríamos que preguntar: ¿Por qué no predicaron en Panfilia? ¿Por qué dejaron la costa sin anunciar el Evangelio y tomaron aquel camino tan difícil y peligroso? No mucho después, Pablo escribió una carta a los de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe, que es la que llamamos Gálatas, porque esas ciudades estaban en la provincia romana de Galacia. En esa carta les dice: «Ya sabéis que la causa de que os predicara el Evangelio en primer lugar fue una incapacidad física» (Gálatas 4:13).

Así es que, cuando llegó a Galacia, Pablo estaba enfermo. Tenía un aguijón en el cuerpo que no le dejaba a pesar de haberlo pedido mucho en oración (2 Corintios 12:7s). Se han hecho muchas conjeturas acerca de lo que sería ese aguijón -estaca sería tal vez una palabra más adecuada. La tradición más antigua es que Pablo sufría de jaquecas terribles; y la explicación más probable es que padecía las fiebres de malaria vírica que acechaba por toda la franja costera de Asia Menor. Un viajero dice que la jaqueca que caracteriza la malaria es como si le atravesaran a uno la frente con un hierro candente; y otro la compara con una barrena que le pasara a uno de sien a sien. Es muy probable que esta malaria atacara a Pablo en la baja Panfilia, y que tuviera que dirigirse a la meseta para intentar sacudírsela.

Fijémonos que no se le pasó por la cabeza el volver atrás. Aun cuando tenía el cuerpo agobiado de dolores Pablo nunca dejaba de proseguir adelante como valiente aventurero de Cristo.

La predicación de Pablo

Pablo entonces se levantó, hizo una señal con la mano para que le prestaran atención y dijo: -Israelitas, y todos los que no sois judíos pero honráis a Dios, escuchadme: El Dios del Pueblo de Israel eligió a nuestros antepasados. Cuando vivían como forasteros en Egipto, hizo que llegaran a ser un gran pueblo. Hizo gala de su gran poder al guiarlos para que salieran de Egipto, y los sostuvo en el desierto cuarenta años; destruyó a siete naciones en el país de Canaán, y le dio en herencia su tierra a Israel durante cuatrocientos cincuenta años. Más adelante les dio jueces hasta el tiempo del profeta Samuel. Entonces pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Luego Dios le depuso, y puso como rey a David, al que avaló diciendo: «He descubierto que David hijo de Jesé es un hombre que me agrada, y que cumplirá toda mi voluntad.»

De la descendencia de David, como Dios había prometido, ha puesto a Jesús como Salvador de Israel. Antes de que Jesús se manifestara, Juan estuvo predicando a todo el pueblo de Israel que se bautizara en señal de arrepentimiento. Cuando Juan estaba ya al final de su carrera, dijo: «¿Quién os figuráis que soy yo? Yo no soy el Mesías. Pero hay Uno que viene después de mí al Que yo no merezco ni desatarle las sandalias.» Hermanos porque me estoy dirigiendo tanto a los que sois descendientes directos de Abraham como a los que, aunque no sois judíos, participáis del culto que le damos a Dios- : ¡Es a nosotros a los que se dirige este mensaje de Salvación! Los habitantes de Jerusalén y sus responsables no reconocieron a Jesús como el cumplimiento de todo lo que habían anunciado los profetas, aunque sus libros se leen todos los sábado; pero, al condenarle a muerte, cumplieron las profecías. Aunque no pudieron acusarle de nada que mereciera la pena de muerte, le pidieron a Pilato que Le hiciera ajusticiar. Cuando acabaron de hacerle todo lo que las Escrituras habían dicho que se Le haría, bajaron su cadáver de la cruz y lo colocaron en una tumba. ¡Pero Dios Le devolvió otra vez a la vida! Durante un periodo considerable de tiempo se estuvo apareciendo a los que habían subido con Él de Galilea a Jerusalén, que pueden dar testimonio de primera mano al pueblo de que las cosas sucedieron así. Nosotros os traemos la Buena Noticia de que Dios ha hecho realidad lo que les promedió a nuestros antepasados en nosotros sus descendientes al devolver ala vida a Jesús como está escrito en el Salmo segundo: «Tú eres mi Hijo, hoy te he dado la vida.» Y en cuanto a que le devolvió otra vez a la vida para no volver ya nunca más a la corrupción de la muerte, esto es lo que dice: «Os daré las santas y seguras bendiciones de David.» Y por esto mismo dice en otro lugar: «No dejarás que tu Santo experimente la corrupción de la muerte.» David cumplió la voluntad de Dios en su tiempo y generación, y cayó en el sueño de la muerte y fue a reunirse con sus antepasados; así es que sí experimentó la corrupción de la muerte. El Que no la experimentará jamás es el Que Dios devolvió a la vida. Tened por cierto, hermanos, que se os ofrece el perdón de vuestros pecados gracias a este Hombre, y que todos los que ponen en El su confianza alcanzan la amnistía que no se podía conseguir por medio de la Ley. Tened mucho cuidado para que no os suceda lo que dijo el profeta: «¡Fijaos bien, burlones, y esfumaos de puro asombro! Porque voy a hacer en vuestros días algo que no os vais a poder creer cuando os lo cuenten.»

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