Hechos 10: Pedro, Cornelio y la cuestión gentil

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En Cesarea vivía un tal Cornelio, que era el centurión del batallón Italiano del ejército romano. Era un hombre piadoso y temeroso de Dios en compañía de toda su casa; era generoso en los actos de caridad pública, y practicaba regularmente la oración. Cierto día, como a las tres de la tarde, tuvo una visión en la que se le apareció un ángel de Dios y le llamó: – ¡Cornelio! Él se le quedó mirando, y le contestó respetuosamente: -Presente y a tus órdenes, señor. -Dios ha tenido presentes tus oraciones y obras de caridad, que Le han hecho que te tenga en cuenta de una manera especial -continuó el ángel-. Ahora tienes que mandar hombres a Jope para que te traigan a un tal Simón al que también llaman Pedro, que está parando en casa de otro Simón, que es curtidor y que vive a la orilla del mar. Cuando desapareció el ángel que había hablado con él, Cornelio mandó llamar a dos de sus criados y a un fiel asistente, les contó lo que había experimentado y los envió a Jope.

El capítulo 10 del Libro de los Hechos nos cuenta la historia de una verdadera encrucijada en la vida de la Iglesia. Por primera vez se admite a un gentil en la comunidad. Como Cornelio tiene una gran importancia en la Historia de la Iglesia, vamos a recopilar todo lo que podemos saber de él:

(i) Comelio era un centurión romano estacionado en Cesarea, que era el cuartel general del gobierno en Palestina. La palabra que hemos traducido como batallón es el término griego para una cohorte. En la estructura militar romana tenemos en primer lugar la legión, que se componía de seis mil hombres y correspondía más o menos a una división. Componían la legión diez cohortes, cada una de las cuales estaba formada por seiscientos soldados, y equivalía al batallón. La cohorte se dividía en centurias, al frente de cada una de las cuales había un centurión. La centuria sería ahora una compañía, y el equivalente del centurión, el sargento. Los centuriones formaban el espinazo del ejército romano. Un historiador antiguo describe así sus características: «Se prefiere que los centuriones no sean temerarios ni lanzados, sino buenos hombres de mando, de carácter estable y prudente, no propensos a iniciar la ofensiva ni la pelea temerariamente, sino capaces, cuando se ven asediados u oprimidos, de mantenerse firmes en su puesto hasta la muerte.» Comelio era sin duda un hombre que sabía bien y a fondo lo que son el valor y la lealtad.

(ii) Comelio era temeroso de Dios. En los tiempos del Nuevo Testamento se daba este nombre a los gentiles que, cansados de los ídolos y las inmoralidades y las frustraciones de la religiosidad tradicional, se acercaban a la religión judía. No llegaban al punto de circuncidarse y comprometerse a cumplir la Ley; pero asistían a los cultos de la sinagoga y creían en un solo Dios y en la ética del judaísmo. Cornelio era, pues, un sincero buscador de Dios; y, como lo era, Dios le encontró.

(iii) Comelio practicaba la caridad; era un hombre amable. Su búsqueda de Dios le había hecho amar a los hombres, y el que ama a su prójimo no está lejos del Reino de Dios.

(iv) Comelio era un hombre de oración. Puede que todavía no conociera claramente al Dios al que oraba; pero, según la luz que había recibido, vivía cerca de Dios.

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