Hebreos 5: Identificado con la humanidad y con dios

Tiene que enfrentarse con dos dificultades. La primera, que el orbe completo de la fe cristiana no es en absoluto nada fácil de entender, ni se puede entender en un día. La segunda, que la percepción de sus lectores está embotada: La palabra que usa (nóthrós) está henchida de significado. Quiere decir la mente lenta, obtusa, torpe para entender,. dura de oído y distraidilla para retener. Se usa esta palabra para los miembros insensibles de un animal enfermo. Se usa también de una persona que tiene la percepción y cerrazón de una piedra. Ahora bien: esto parece que se refiere a los que se dedican a predicar y a enseñar; pero, en realidad, se puede aplicar a todos los que piensan, es decir, que son personas. Sucede a menudo que esquivamos enseñar lo que es difícil; nos defendemos diciendo que es que nuestros alumnos no lo van a entender. Es una de las tragedias de la iglesia que se hace tan poco esfuerzo para enseñar nuevos conocimientos y pensamientos. Es verdad que eso tiene sus dificultades. Es verdad que a veces se enfrenta uno con el « muermo» de las mentes perezosas y con los prejuicios militantes de las mentes cerradas. Pero la tarea nos sigue desafiando. El autor de Hebreos no se desmarcaba de dar su mensaje, aunque fuera difícil, y torpe la mente de los alumnos.

Consideraba que su suprema responsabilidad era transmitir las verdades que conocía. Su queja era que hacía mucho tiempo que sus lectores eran cristianos, pero seguían siendo bebés, lejos todavía de la mayoría de edad. El contraste entre el cristiano maduro y el niño, o entre la leche y el alimento sólido, aparece con cierta frecuencia en el Nuevo Testamento (1 Pedro 2: 2; 1 Corintios 2: 6; 3:2; 14:20; Efesios 4:13ss). Hebreos dice que, para entonces, ya deberían ser maestros. Esto no hay que tomarlo literalmente. El decir que una persona estaba capacitada para enseñar era la manera griega de decir que dominaba suficientemente un asunto. El autor dice que siguen necesitando que alguien les enseñe los sencillos elementos (stoijeia) del Evangelio. Esta palabra griega tiene una variedad de significados. En gramática quiere decir las letras del alfabeto, el A B C; en física, los cuatro elementos básicos que componen el mundo; en geometría, los elementos
como el punto y la linea recta; en filosofía, los principios elementales con los que empieza el estudiante.

Al autor de Hebreos le da pena que, aunque hace bastantes años que sus alumnos son cristianos, todavía no han salido de los rudimentos; son como niños, que no saben la diferencia entre lo bueno y lo malo. Aquí nos encontramos cara a cara con un problema que acecha a la Iglesia en cada generación: el de la iglesia que se niega a crecer.

(i) El cristiano que se niega a crecer en conocimiento. Puede que haya caído en lo que alguien ha llamado « la incapacidad culpable que es el resultado de no aprovechar la oportunidad.» Háy personas que siempre están diciendo que lo que era bastante bueno para sus padres también lo es para ellos. Hay cristianos que no han desarrollado su fe desde hace treinta o cuarenta o cincuenta o sesenta años. Hay cristianos que se niegan a rajatabla a intentar entender los descubrimientos que se han hecho en la investigación biblica y el pensamiento teológico. Son mayores en edad y en otras cosas, pero se dan por contentos con una estatura espiritual que no ha desarrollado. Son cristianos bonsáis. Son como un cirujano que se negara a usar las nuevas técnicas y los diversos equipos con los que se están salvando tantas vidas y remediando tantos males, porque dijera: «Lo que era bastante bueno para Galeno, también lo es para mí.» Son como un médico que se negara a usar las nuevas medicinas y técnicas de diagnóstico y de tratamiento, y dijera: «Lo que aprendí en la universidad hace cincuenta años sigue siendo bastante para mí.» En las cosas espirituales es todavía peor. Dios es infinito; Sus riquezas son inestrutables, y mientras dure el día debemos seguir avanzando.

(ii) Hay personas que no han crecido en conducta. Se le puede perdonar a un chaval que se chupe el dedo o que coja una rabieta; pero hay muchos que tienen aspecto de adultos y muchas cosas de niños. Sería bueno que todos pudiéramos hacer nuestras las palabras de Pablo: «Cuando me hice mayor, dejé las cosas de niño» (1 Corintios 13:11).

Los casos de falta de desarrollo son patéticos; y el mundo está lleno de gente cuya vida espiritual se ha detenido. Dejaron de aprender hace años, y su conducta espiritual es la de un niño. Es verdad que Jesús dijo que el espíritu de un niño es la cosa más grande del mundo; pero hay una diferencia tremenda entre la auténtica actitud de, la infancia y el infantilismo. Peter Pan es un personaje encantador de cuentos; pero la persona que se niega a crecer da grima. Cuidémonos de no seguir en la infancia espiritual cuando ya deberíamos haber alcanzado la mayoría de edad en la fe.

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