Hebreos 11: La fe de la ofrenda aceptable

La fe que desafía a los hechos

Fue por la fe por lo que se derrumbaron las murallas de Jericó después de rodearlas siete días. Fue por su fe por lo que la prostituta Rahab no pereció entre los desobedientes, porque había ofrecido hospitalidad a los exploradores israelitas.

El Autor de Hebreos ha venido citando la fe de las grandes figuras de antes de que entrara Israel en la Tierra de Promisión.

Ahora pone dos ejemplos del período de la lucha, cuando los israelitas estaban conquistando aquella tierra.

(i) El primero es el de la toma de Jericó. Esta historia inusitada se encuentra en Josué 6:1-20. Jericó era una ciudad amurallada y fortificada. Parecía imposible conquistarla. Dios mandó que el pueblo marchara en silencio alrededor de ella, siguiendo a siete sacerdotes con trompetas de cuerno de carnero, seis días, una vez al día. El séptimo día tenían que darle siete vueltas a la ciudad, y entonces los sacerdotes tocarían las trompetas y la gente gritaría a pleno pulmón, «y las murallas se derrumbarían». Y así sucedió.

Aquella historia dejó una huella indeleble en la memoria de Israel. Siglos después, Judas Macabeo y sus hombres se encontraban ante la ciudad de Caspis, tan segura de su fuerza que los defensores se reían de los atacantes. «Ante lo cual, Judas y su compañía, invocando al gran Señor del Universo Que sin arietes ni máquinas de guerra derribó Jericó en el tiempo de Josué, asaltaron las murallas y tomó la ciudad por la voluntad de Dios» (2 Macabeos 12:13-16). Israel no olvidó nunca del todo lo que Dios había hecho por ellos y, cuando se requería valor y esfuerzo, se animaban recordándolo.

Aquí tenemos el detalle que el autor de Hebreos quería resaltar. La toma de Jericó fue el resultado de un acto de fe. La realizaron hombres que pensaban, no en lo que ellos podían hacer, sino en lo que Dios podía hacer por ellos. Estaban preparados a creer que Dios podía hacer que obtuvieran resultados increíbles, a pesar de su indiscutible pequeñez y debilidad. Después de la derrota de la Armada Invencible se erigió en Plymouth Hoe un monumento con la siguiente inscripción: «Dios envió su viento, y fueron desparramados.» Cuando los ingleses vieron la manera en que la tormenta había hecho añicos la Armada Invencible, dijeron: «Dios fue el Que lo hizo.» Cuando nos tenemos que enfrentar con una tarea grande, arriesgada y decisiva, Dios es el Aliado del Que no podemos prescindir. Lo que para nosotrossolos es imposible es siempre posible con Él.

(ii) La segunda historia a la que hace referencia aquí el autor de Hebreos es la de Rahab, que se nos cuenta en Josué 2:121, y continúa en Josué 6:25. Cuando Josué envió a unos espías para que observaran la situación de Jericó, encontraron alojamiento en casa de una prostituta que se llamaba Rahab, que los protegió y les facilitó la huida; más tarde, cuando tomaron Jericó, Rahab y su familia se libraron de la matanza general. Es extraordinario cómo se grabó Rahab en la memoria del pueblo de Israel. Santiago 2:25 la cita como ejemplo de las buenas obras que demuestran la fe. Los rabinos estaban orgullosos de decir que eran sus descendientes; y es admirable comprobar que el suyo es uno de los pocos nombres femeninos que aparecen en la genealogía de Jesús (Mateo 1:5). Clemente de Roma la cita como caso extraordinario de una persona que se salvó « por la fe y la hospitalidad.»

Cuando el autor de Hebreos la menciona, lo que quiere subrayar es que Rahab, a la vista de los hechos, creyó en el Dios de Israel. Dijo a los espías que acogió y escondió: «Sé que el Señor os ha dado esta tierra… porque el Señor vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la Tierra» (Josué 2: 9-11). Cuando estaba diciendo eso parecía que no había una probabilidad en un millón de que los israelitas conquistaran Jericó. Aquellos nómadas del desierto no tenían artillería ni arietes. Y sin embargo, Rahab creyó, y se jugó la vida y el futuro a que Dios haría posible lo imposible. Cuando el sentido común sentenciaba aquella situación como desesperada, ella tenía el sentido poco común de ver más allá de la situación. La fe verdadera y el verdadero valor están en los que se ponen del lado de Dios cuando parece que es el que está condenado al fracaso. El cristiano cree que nadie que esté de parte de Dios va a salir perdiendo; porque, aunque sufra derrotas en la Tierra, le espera la victoria definitiva en el Cielo.

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