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Hebreos 11: La fe de la ofrenda aceptable

(iii) Abraham es el modelo del hombre que, en la prueba, encontró la salida. Si le tomamos la palabra a Dios y nos lo jugamos todo por Él, hasta cuando parezca que nos encontramos ante un muro negro se abrirá una salida.

La fe que vence a la muerte

Fue por la fe por lo que Isaac bendijo a Jacob y a Esaú en lo referente al futuro. Fue por la fe por lo que Jacob, cuando se sentía morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y oró apoyándose en el puño de su bordón. Fue por la fe por lo que José, cuando estaba llegando al final de su vida, tuvo en cuenta los días cuando los israelitas saldrían de Egipto, y dejó instrucciones de lo que tenían que hacer con sus huesos.

Hay algo que enlaza estos ejemplos de fe: en cada caso se trata de la fe de uno que está a punto de morir. La bendición que dio Isaac está en Génesis 27:28, 29, 39, 40. La dio poco después de decir: «Mirad, yo ya soy viejo, y no sé cuándo me voy a morir» (Génesis 27:2). Y fue: «Dios te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de vino. Que haya pueblos que te sirvan, y naciones que se te sometan.» La bendición de Jacob se encuentra en Génesis 48: 922. Se nos acaba de decir que «llegó el tiempo de la muerte de Israel» (Génesis 47:29). La bendición fue: « Sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra» (Génesis 48:15, 16). El incidente de la vida de José se encuentra en Génesis 50:22-26. Cuando José estaba al final de su vida, hizo que los israelitas le juraran que no dejarían sus huesos en Egipto, sino que se los llevarían con ellos cuando marcharan para poseer la Tierra Prometida, cosa que a su tiempo cumplieron (Éxodo 13:19, y Josué 24:32).

Lo que el Autor de Hebreos quiere subrayar es que aquellos tres hombres murieron sin que se cumpliera la promesa que Dios había hecho de darles la Tierra de Promisión y de hacer de Israel una gran nación. Isaac fue un nómada toda la vida; Jacob estaba exiliado en Egipto; José había alcanzado una posición importante, pero seguía siendo un forastero en tierra extranjera; y, sin embargo, nunca pusieron en duda que la promesa se cumpliría. No murieron desesperados, sino esperanzados. Su fe venció a la muerte.

Aquí hay algo de permanente grandeza. Todos estos hombres tenían en mente la misma verdad: « La promesa de Dios es verdad, porque Él jamás incumple Sus promesas. Puede que yo no lo vea, y que muera antes de que se haga realidad; pero soy un eslabón para su cumplimiento. El que se cumpla o no depende de mí.» Aquí tenemos una de las razones supremas de la vida.

Puede que nuestras esperanzas no se realicen durante nuestra vida, pero debemos vivir de tal manera que apresuremos su cumplimiento. Puede que no se le conceda a todo el mundo el entrar a gozar de todas las promesas de Dios; pero se le concede vivir con tal fidelidad que se acerque el día en que otros las experimenten. A todos nosotros nos corresponde la tarea de ayudar a Diosa hacer realidad Sus promesas.

La fe y sus secretos

Fue por la fe por lo que a Moisés, cuando nació, sus padres le tuvieron escondido tres meses, porque vieron lo bonito que era; y no se dejaron atemorizar por el edicto del faraón. Fue por la fe por lo que Moisés, cuando se hizo hombre, rechazó que le consideraran hijo de la hija del faraón, y prefirió sufrir penalidades con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres transitorios del pecado; porque consideraba que una vida de oprobio por causa del Mesías valía más que todos los tesoros de los egipcios, y es que tenía la mirada fija en la verdadera recompensa. Fue por la fe por lo que salió de Egipto, impasible ante la rabia inflamada del faraón; porque podía arrostrar lo que fuera como si pudiera ver al Que es invisible. Fue por la fe por lo que llevó a cabo la Pascua y marcó las casas con la sangre para que el ángel destructor no tocara a los primogénitos de su pueblo. Fue por la fe por lo que atravesaron el mar Rojo como si fuera tierra seca, cosa que intentaron los egipcios pero se los tragó el mar.

Moisés era la figura suprema de la historia de los judíos. Fue el líder que los rescató de la esclavitud y que recibió la Ley de manos del mismo Dios. Para el autor de la Carta a los Hebreos Moisés fue, por encima de todo, un hombre de fe. En esta historia, como señala Moffatt, hay cinco actos de fe distintos. Como con los otros grandes personajes cuyos nombres figuran en este cuadro de honor de los fieles de Dios, muchas leyendas y elaboraciones se reunieron en torno al nombre de Moisés, que es posible que conociera y tuviera presentes el autor de esta carta.

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