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Hay una maleta olvidada en el andén

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La vida, ya lo han dicho se asemeja a un viaje en tren. La distancia recorrida para mí es larga y resultará pesada para algunos tratar de recorrerla. Desde el mismo momento en que ví la luz del mundo tuve a mi lado a Tía Gladys, mejor conocida por Titi. Siempre estuvo en el asiento de al lado.

Los paréntesis de la existencia y las ecuaciones personales me obligaron a bajarme del vagón qen que me encontraba y subir a otros. Así ha sido mi vida. He estado cambiando de vagón constantemente, no por inmadurez. Unicamente he intentado encontrarle sentido a la vida.

Ayer decidí ir a comprar otro boleto de viaje, acaso el último y me encontré con Tía Gladys, a quien divisé en la lejanía. Ella abordaba el tren y había olvidado su maleta en el andén. Cuando me vio llegar con su maleta meneaba su cabeza de lado a lado, como quien dice: «por qué lo hiciste».

En la próxima estación nos bajamos y me tomó de la mano. Mirándome a los ojos y con su diáfana y eterna sonrisa me dijo: «A donde voy no puedes ir ahora, de seguro en otro viaje lo hagas»

Y comenzó su viaje hacia la aurora.

De pronto me di cuenta que nuevamente había olvidado su maleta en el andén.

—Tía la maleta, nuevamente la olvidaste.

—A donde voy no la necesito. Déjala donde quieras. Quien la encuentre podrá usar lo que en ella hay. Son los cachivaches, el equipaje que preparé cuando regresé a casa de Ati ochenta y un año atrás.

La curiosidad me hizo abrirla y solo encontré amor, cariño, fidelidad, sacrificio, amistad, alegría, bondad, esperanza y qué se yo cuántas cosas más. La cerré apresuradamente y pensé quedarme con ella.

Volví la mirada al tren y Tía agitaba su mano, cada vez más pequeña por la distancia. ¿Despedida? o No lo hagas.

Inicié mi viaje de regreso y escuché una voz que me decía: «Señor ha olvidado su maleta en el andén»

No sé si el ruido le permitió escucharme. Tan solo alcancé a decirle: «Déjela donde quiera. Quien la encuentre podrá usar lo que en ella hay. Son los cachivaches, el equipaje que preparó mi Tía cuando regresó a casa de la Abuela ochenta y un año atrás.

Vuela alto Tía. Intentaré que mi maleta esté tan llena como la tuya.

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