Hageo 1: Exhortación a edificar el templo

De esta forma tan cruda, la Palabra recuerda que somos responsables de nuestras propias acciones, y que éstas desencadenan consecuencias.

Este código está escrito indeleblemente a lo largo y ancho de la Biblia. El pecado acarrea castigo; la obediencia cosecha bienaventuranza. Dar genera vida; retener la mano, empobrece. Quienes triste y equivocadamente anteponen lo material a Dios lo pierden todo.

Respuesta positiva de los dirigentes y del pueblo

Otra vez se nos sitúa con precisión en el día y mes en que tiene lugar el acontecimiento: el día 24 del sexto mes, Elle (agostoseptiembre). Algo más de tres semanas pasaron para que la encendida arenga de Hageo tuviese respuesta. Queda para el terreno de la especulación saber por qué pasaron veinticuatro días antes de la respuesta. Anteriormente se hacen algunas conjeturas y reflexiones sobre el particular. Sin duda, aparte de todo, hizo falta preparar la mano de obra y los materiales.

Han sido palabras duras las dirigidas al remanente, y Hageo, al fin, puede estar satisfecho del resultado de su ministerio. La voz de Dios se ha dejado oír, y de tal manera que un reverencial temor sobrecoge a todos.

Por primera vez a un profeta se le designa como mensajero, o “ángel de Jehová”, como vierte el comentario de la B.A.C. La LXX traduce “ángel del Señor”, descripción que armoniza con la misión de estos “enviados” de Dios para ministrar al pueblo.

La palabra de Dios estimuló el ánimo de todos. Y como una poderosa eclosión del Espíritu, el pueblo se levanta de su postración para reiniciar las obras del templo. Cuando Dios habla, es la misma vida de Dios la que se transmite. Esa es la clave de todo despertamiento espiritual.

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