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Génesis 39: José y la esposa de Potifar

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La mujer de Potifar calumnia a José.

Todo parece ir bien para José. Pero una nueva tragedia se le presenta debido a su fidelidad a Dios y la lealtad a su amo. La diligencia de José en su trabajo, su hermosura física y su presencia continua en la casa despiertan deseos físicos en la esposa de Potifar, quien ordena a José que tenga relaciones sexuales con ella. El lenguaje usado es directo y en forma de orden. La diferencia de posición social, señora del amo y esclavo doméstico, sería más que suficiente para que la orden fuera cumplida, aunque dicha acción era penada con la muerte. Pero José rehúsa y confronta a la mujer exponiendo dos razones por las que dicho acto está fuera de su posibilidad. La primera tiene que ver con la lealtad a su amo y esposo de la mujer. Contestando seguramente a argumentos usados por la mujer, José reconoce que Potifar le dio un lugar de autoridad y confianza. Pero aclara que ella, por ser mujer del amo, estaba fuera de su esfera de acción. La afirmación de José es: ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad?. Desde el punto de vista social, era inconcebible para José la propuesta de la mujer. Pero la segunda razón es más determinante aún: Dicha acción sería pecado contra Dios. José reconoce que la fidelidad a Dios se demuestra en una conducta de pureza y santidad. Estas dos razones son muy importantes y complementarias: la razón social y la razón teológica o religiosa. El apóstol Pablo une las dos razones en su exhortación a los tesalonicenses.

Pero, no termina aquí el peligro. La mujer insiste con su orden. La determinación se vuelve firme y sin inhibiciones. Los argumentos de José no hacen efecto en ella, ya que estaba acostumbrada a otro sistema de valores. La reacción de José es tan firme como la determinación de la mujer: No le hacía caso para acostarse con ella. Aquí se refleja la convicción de José que no estaba orientada por circunstancias o ganancias ventajosas, sino por su fidelidad a Dios. La mujer cambia de método e intenta una relación de compañía o amistad que pudiera ser más aceptable para José. José interpreta este cambio como simplemente un medio astuto de ganar su confianza para luego llegar a su deseo original. Tampoco responde a este pedido, evitando todo contacto con la mujer.

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Ciertamente la presencia de Dios hacía prosperar a José, pero es innegable la diligencia y responsabilidad que José dio a sus tareas.

1. José, en lugar de lamentar su situación de soledad y malos tratos, se dedicó a hacer bien lo que tenía a mano para hacer. Y eso era lo que pasaba: Jehová lo hacía prosperar en su mano.

2. José no abusó de la autoridad y confianza que se le había entregado. Mantuvo muy claros sus privilegios y sus responsabilidades.

3. José comprendió que su buena presencia y apariencia física no fueron la base de su reputación, sino su honestidad, integridad y temor al Señor.

4. José trabajó con dedicación y pronto fue reconocido por el encargado de los presos como un hombre digno de confianza. José se dedicó a sus tareas laborales y a cuidar de sus compañeros antes que a buscar posiciones por la vía fácil u oportunista.

5. José mantuvo su confianza en Dios a pesar de las circunstancias. No claudicó de su fe ni negó sus convicciones como hijo del pueblo de Dios.

Finalmente, el cumplimiento del trabajo de José se vuelve la ocasión para su perjuicio. A pesar del riesgo, José seguía cumpliendo sus responsabilidades y se encuentra a solas con la mujer. No se aclara si el hecho de que ningún hombre estuviera en el lugar fue una casualidad o algo previamente arreglado. La mujer intenta su deseo con más osadía: A la orden verbal añade un intento físico de seducción. El manto era una camisa larga, atada con cinto por la cintura y usada como prenda de entrecasa. José reacciona con firmeza y prontitud haciendo dos cosas: Primero, deja su manto en las manos de la mujer. Esta decisión vino seguramente después de intentos de librarse de la mujer sin que ella le soltara. Más tarde, la mujer usa este manto como evidencia para calumniar a José. Segundo, se escapa y se aleja de ella. Ya no era momento de argumentar o dar razones. José interpreta muy bien la gravedad de la situación y actúa acorde con ello. No había otra salida sino la de escapar y alejarse de la mujer. Los consejos del sabio Salomón  son claros en insistir que la única manera de evitar este pecado es alejándose de la seducción. El apóstol Pablo también aconseja con autoridad no caer en el pecado de fornicación.

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