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Génesis 27: Bendición de Jacob y Esaú

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Gén 27:42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte.

Gén 27:43 Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán,

Gén 27:44 y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue;

Gén 27:45 hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día?

Gén 27:46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

El odio de Esaú no está justificado a la luz de su responsabilidad en el asunto. Las preocupaciones de Rebeca hicieron que despidiera ingenuamente a Jacob, bendecido por su padre, pero al costo de no volverle a ver.

Isaac decide bendecir a Esaú, su primogénito.

Isaac entiende que por su edad y por su condición física (estaba ciego) había llegado el momento de bendecir al hijo mayor. Llama a Esaú y lo instruye para que éste, de un animal del campo que vaya a cazar, le prepare su potaje. Aparentemente era una comida favorita de Isaac que Esaú sabía preparar. El propósito era el de identificarlo y trasmitirle la bendición. La bendición era el instrumento por el cual se transmitía de una generación a otra tres cosas: el liderazgo de la familia o clan, la herencia o patrimonio material y el patrimonio cultural y espiritual. En la familia patriarcal la bendición incluía la transmisión de las promesas de Dios de tierra, nación y propósito misionero universal. Por costumbre legal le correspondía la bendición al hijo mayor o primogénito, aunque en casos excepcionales el padre podía elegir el recipiente libremente. Isaac con esta acción decide asegurar la continuación del pacto y cumplir acabadamente su misión en la tierra. No se tiene en cuenta el hecho que Esaú ya había vendido su primogenitura porque ello fue un arreglo privado entre los dos hermanos. Esaú se dispone a cumplir el pedido del padre. Ninguno de los dos advirtieron que Rebeca había escuchado la intención e instrucción de Isaac.

Rebeca interviene a favor de Jacob.

En su intervención Rebeca toma los siguientes pasos: Primero, informa detalladamente a Jacob acerca de la intención de Isaac para con Esaú. Segundo, propone preparar, con la ayuda de Jacob, el potaje favorito de Isaac y dejar que Jacob lo lleve a su padre haciéndose pasar por Esaú. Rebeca conocía muy bien la receta de dicha comida. Es interesante que no se menciona ninguna razón o motivo de parte de Rebeca para este intento de sustitución. Pero aparentemente ella tenía sobradas razones para tomar ese riesgo grande a favor de uno de sus hijos y en contra de su esposo y del otro hijo. Hasta ahora, tres factores conocidos por ella podían ser mencionados como justificación o deseo de que fuera Jacob el recipiente de la bendición paterna: La profecía que ella recibiera durante su embarazo; la adquisición legal de primogenitura por parte de Jacob y el casamiento de Esaú con las cananeas. Si estos argumentos alguna vez fueron presentados a Isaac, aparentemente no tuvieron ninguna fuerza decisiva. Hasta aquí el relato bíblico sólo nos presenta a una familia dividida por intereses y preferencias distintas. Isaac prefiere a Esaú, el hijo mayor a quien quiere bendecir transmitiendo su autoridad. Rebeca prefiere a Jacob y está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para que Jacob obtenga la bendición del padre.

Jacob inicialmente resiste la propuesta no por falta de deseo sino más bien por el peligro que involucraba. Las diferencias físicas entre los dos hermanos eran muy marcadas y aunque el padre era ciego, tenía otros medios de descubrir el engaño. Pero Rebeca insiste asumiendo toda la responsabilidad del acto. El plan completo empieza entonces a desarrollarse. Primero, se prepara la comida favorita para satisfacer el requisito de Isaac. Segundo, Rebeca prepara físicamente a Jacob para que éste pudiera parecerse físicamente a Esaú. La ropa de Esaú otorgaría a Jacob el olor característico de su dueño. La piel del cabrito sobre las partes descubiertas y lampiñas de Jacob lo harían asemejar a Esaú en su aspecto externo. Estas acciones eran en previsión al uso del olfato y tacto que Rebeca sabía Isaac usaría para reconocer e identificar a su hijo. Toda esta trama deja entrever que este era un momento esperado por todos. Los intereses de todos los miembros de la familia estaban enfocados en este acto de “transmisión de mando”. Los actos de previsión de Isaac, el plan magistral de Rebeca, la colaboración y ejecución perfecta de Jacob y la reacción lastimera de Esaú parecen indicar que para este acto tan solemne y significativo nunca hubo un acuerdo total entre las partes. Y se apela a toda la astucia y los recursos humanos para la obtención del fin deseado.

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