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Génesis 22: Dios ordena a Abraham que sacrifique a Isaac

Segundo, vemos la respuesta de Abraham, quien toma los siguientes pasos. En primer lugar, se levanta muy de mañana, indicando la prioridad del pedido de Dios. En segundo lugar, hace todos los preparativos para el viaje: el asno para la carga, dos de sus siervos jóvenes como ayudantes, y a Isaac su hijo. No queda ninguna duda de la identificación de Isaac. En tercer lugar, Abraham lleva los elementos necesarios para ejecutar el holocausto (leña, fuego, cuchillo). Finalmente, llega al lugar indicado e identifica el monte. El monte del sacrificio es el monte Moriah donde luego se construye el templo en Jerusalén. El último tramo hasta el monte lo hacen Abraham e Isaac solos. La indicación dada a los siervos fue sencillamente: Iremos… adoraremos y volveremos a vosotros. Abraham carga con los elementos más peligrosos —cuchillo y fuego— para el sacrificio y da a Isaac la leña. No se nos dice la edad de Isaac, pero era capaz de cargar la leña y mentalmente alerta para preguntar al padre por el cordero para el holocausto. Este diálogo es uno de los más dramáticos y la respuesta Dios mismo proveerá, lejos de ser una mentira piadosa o un fácil escape de respuesta, demuestra toda la dependencia de Abraham en Dios. Al llegar al monte, Abraham ejecuta uno por uno todos los actos, hasta el último, en cumplimiento de la demanda de Dios. No se nos indica ninguna expresión de sentimientos. Las acciones se realizan en silencio, con toda exactitud y sin cuestionamientos. La sumisión de Isaac a Abraham es imitación perfecta de la sumisión de Abraham a Dios. El holocausto o sacrificio quemado era totalmente dedicado a la divinidad. El sacrificio humano, especialmente del primogénito, era parte del culto a la fertilidad de los cananeos y otras culturas. Tanto Abraham como Isaac conocían bien esta práctica. La evidencia bíblica, sin embargo, indica que la obediencia de Abraham no se debió a la imitación de una práctica o “requisito cultural”, ni a ningún otro motivo de manipular a la divinidad u obtener favores ventajosos. Fue su temor y obediencia incondicional al Dios de su fe. Los pasos tomados confirman la obediencia exacta, voluntaria y persistente de Abraham. Detrás de la obediencia está la fidelidad y el amor de Abraham hacia Dios.

Tercero, viene la respuesta de Dios que se desarrolla de la siguiente manera. En primer lugar, se manifiesta después que Abraham había completado todos los pasos para ofrecer a Isaac en sacrificio. El último acto era el de degollar a Isaac con lo cual se dedicaba esa vida a Dios. En segundo lugar, el ángel de Jehová, es decir, Dios mismo, se manifiesta en forma audible y visible. La respuesta de Abraham, heme aquí, es la apropiada para el hombre de fe cuando reconoce la voz de Dios. En tercer lugar, Dios queda satisfecho con la prueba. Ya no hay necesidad de seguir con la prueba hasta el final porque Dios reconoce el temor de Abraham. El temor es la actitud propia y correcta del hombre hacia Dios. Implica reverencia, dar a Dios el lugar prioritario en todo, sumisión total a Dios y es la actitud que guía a uno a no desobedecer u ofender a Dios en nada. En el libro de Proverbios, el temor de Jehová  es la base de una conducta correcta, ya que sin temor a Dios, ningún mandamiento o ninguna orientación divina tendría efectividad. La entrega de Isaac, hijo único, fue la demostración clara y final del temor de Abraham hacia Dios. En cuarto lugar, Dios provee un carnero, como la fe de Abraham lo había declarado anteriormente. Abraham ofrece este animal en holocausto en lugar de su hijo. Aquí, una costumbre religiosa propia de la cultura hasta ahora no aclarada, queda para siempre fuera de la fe en el Dios verdadero. La Biblia denuncia como abominación a Dios todo sacrificio humano. Todas las declaraciones de fe fueron cumplidas: Adoraremos, volveremos, Dios mismo proveerá. Todas las acciones que demandaban obediencia —Isaac, monte Moriah, holocausto— fueron realizadas. La demostración suprema de amor, la de ofrecer a su único hijo, fue consumada hasta el límite humano por Abraham.

La prueba trae beneficios permanentes a la vida y a la relación de todos. Dios ahora conoce que es el temor a él el que guía las acciones de Abraham. Ya no son más las motivaciones de sacar ventajas o beneficios personales o temporales. En Hebreos se agrega que Abraham ofreció a Isaac en fe y en dependencia total del poder de vida de Dios. Abraham también ahora conoce que el Dios que prueba es el Dios que provee. En la escasez, en la precariedad, en las situaciones extremas de necesidad material o espiritual, Jehová -yireh es quien ha de proveer. Es interesante notar que el mismo Isaac, recipiente original de la promesa Dios mismo proveerá por lo menos en tres ocasiones recibe este beneficio. Dios provee su esposa, Dios provee alimento y seguridad en tiempo de hambre y Dios provee esposa para su hijo. Otro beneficio para Isaac es que ya nunca más estará con temor a que una costumbre pagana o cultural sea una sombra sobre su vida o la de sus descendientes. Es interesante que en el desarrollo posterior de la vida de Isaac no se nota ninguna evidencia traumática como temores infundados, hostilidad, falta de confianza. Por el contrario, Isaac vive una vida de confianza plena en Dios y en su padre, pacífica y de obediencia a Dios.

Y necesariamente este episodio nos traslada a otro monte, al del Calvario. Allí, Dios el Padre por amor a la humanidad ofrece a su Hijo unigénito en sacrificio por nuestros pecados. Lo que un día el padre de nuestra fe ofreció a Dios, en forma incompleta e imperfecta, es apenas una sombra de lo que Dios luego en Cristo ofrece en perfección y en consumación total. Aprendemos también del amor de Dios por nosotros y de la vida eterna en Jesucristo.

Finalmente, y como resultado de la prueba, Dios renueva su pacto y promesa con Abraham. Esta renovación o reconfirmación tiene estos elementos. Primero, es el ángel de Jehová , es decir, Dios mismo como origen y como mensajero de la revelación, quien llama a Abraham desde el cielo, esta vez para declarar la renovación del pacto. Segundo, Jehová , el Dios que personalmente se diera a conocer a Abraham y a su pueblo, jura por sí mismo en relación al pacto. Es imposible dar al pacto más seguridad y firmeza. Tercero, los términos del pacto y la promesa son delineados nuevamente. Ellos incluyen: bendiciones, descendencia incontable, poder victorioso sobre los enemigos (nuevo elemento en el pacto y muy necesario más tarde durante la conquista) y propósito misionero universal. Cuarto, la razón de esta renovación y la base de cualquier relación con Dios es la obediencia incondicional. Abraham regresa a Beerseba donde reside por un buen tiempo.

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