Filipenses 4: Las grandes cosas en el Señor

Publicaciones realizadas por ángeles que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar

Existe la antigua conjetura de que Euodias y Síntique eran el carcelero filipense y su mujer (Hechos 16:2534), que habían llegado a estar entre los dirigentes de la iglesia, y estaban peleados. Pero es seguro que el nombre correcto no es Euodias sino Euodia o Evodia, como aparece en las traducciones modernas, que es un nombre de mujer. Por tanto eran dos mujeres las que estaban peleadas.

Bien puede ser que fueran mujeres en cuyas casas se reunieran dos de las congregaciones caseras de Filipos. Es muy interesante ver mujeres que representaban papeles importantes en la organización de una de las iglesias originales, porque en la cultura griega las mujeres estaban más bien, si acaso, entre bastidores. El ideal de los griegos era que las mujeres respetables «se dejaran ver y oír lo menos posible.» Una mujer respetable no aparecía nunca sola en la calle; tenía su apartamento en la casa, y nunca se reunía con la parte masculina de la familia ni para las comidas. Y mucho menos tomaba parte en la vida pública. Pero Filipos estaba en Macedonia, donde las cosas eran muy diferentes. En ella las mujeres tenían una libertad y un protagonismo que no tenían en el resto de Grecia.

Podemos ver esto hasta en el relato que nos da Hechos del trabajo de Pablo en Macedonia. Su primer contacto en Filipos fue en la reunión de oración que se celebraba en el río, y habló con las mujeres presentes (Hechos 16:13). Lidia sería una figura importante en Filipos (Hechos 16:14). En Tesalónica fueron ganadas para Cristo muchas de las mujeres importantes, y lo mismo sucedió en Berea (Hechos 17:4,12). La evidencia de las inscripciones señala en el mismo sentido. Una mujer erigió una tumba con sus propias ganancias para sí misma y para su marido con los bienes gananciales de ambos, así es que los dos tendrían negocios. Hasta se encuentran monumentos erigidos a mujeres por cuerpos públicos. Sabemos que en muchas de las iglesias paulinas (por ejemplo, en Corinto), las mujeres se tenían que conformar con un lugar subordinado; pero vale la pena recordar, cuando estamos pensando en el lugar de la mujer en la Iglesia original y en la actitud de Pablo hacia ellas, que en las iglesias de Macedonia estaban entre los dirigentes.

Hay aquí otra duda. En este pasaje se dirige Pablo a uno al que llama leal compañero (BC, NBE) con una palabra que quiere decir literalmente compañero de yugo. Es posible que ese fuera su nombre, como sugieren muchos comentadores, Syzygos, y la palabra para auténtico, leal, fiel, es gnésios, qué quiere decir genuino. Puede que haya aquí un juego de palabras, que Pablo esté diciendo: « Te pido a ti, Syzygos -¡qué bien te va tu nombre!-, que ayudes.» Si syzygos no es un nombre propio, no sabemos a quién se refiere. Se han hecho toda clase de sugerencias. Se ha sugerido que el compañero de yugo, cónyuge, era la esposa de Pablo -algunos le han casado con Lidia-, o el marido de Evodia o el de Síntique, que fuera llamado/a en ayuda de su esposa/o para arreglar la contienda, o Timoteo, o Silas, o, como sugería en nota la Biblia del Oso, « el ministro o pastor.» Puede que la mejor sugerencia sea que era Epafrodito, y que así le respalda Pablo encargándole, no sólo de llevar la carta, sino también de poner paz en la iglesia de Filipos. De Clemente no sabemos nada más. Hubo más tarde un famoso Clemente que llegó a ser obispo de Roma y que puede que conociera a Pablo; pero era un nombre bastante corriente.

Hay dos cosas que conviene notar.

(i) Es significativo que cuando había una pelea en Filipos, Pablo movilizara todos los recursos de la iglesia para remediarla. Creía que no había esfuerzo demasiado grande para mantener la paz en la iglesia. Una iglesia en la que hay peleas no es una iglesia, porque Le ha cerrado las puertas a Cristo. No se puede estar en paz con Dios y en guerra con los hermanos al mismo tiempo.

(ii) ¡Es lamentable que todo lo que sabemos de Evodia y Síntique es que eran dos mujeres que estuvieron peleadas! Eso nos hace pensar. Supongamos que nuestra vida se hubiera de resumir en un versículo, ¿qué se diría de nosotros?

Clemente pasó a la Historia como pacificador; Evodia y Síntique como peleadas. Supongamos que hubiéramos de pasar a la Historia por una sola cosa que se supiera de nosotros, ¿cuál sería?

Las marcas de la vida cristiana

Regocijaos en el Señor en todo tiempo. Os lo diré otra vez: ¡Regocijaos! Que todo el mundo os reconozca por vuestra agradable gentileza. ¡El Señor está cerca! Pablo propone a sus amigos filipenses dos grandes cualidades de la vida cristiana.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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