Ezequiel 35: Oráculo contra Edom

Ezequiel 35:9  Yo te pondré en perpetua desolación, y tus ciudades nunca más se restaurarán. Y sabréis que yo soy Jehová.

Ezequiel 35:10  »Por cuanto dijiste: ‘Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas’, estando allí Jehová;

Ezequiel 35:11  por eso, vivo yo, dice Jehová, el Señor, que yo haré conforme a tu ira y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en ellos cuando te juzgue.

Ezequiel 35:12  Y sabrás que yo, Jehová, he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: ‘¡Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos!’.

Ezequiel 35:13  Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. ¡Yo lo oí!

Ezequiel 35:14  Así ha dicho Jehová, el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te convertiré en una desolación.

Ezequiel 35:15  Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, así haré contigo: ¡asolado será el monte Seir, y todo Edom, todo él! Y sabrán que yo soy Jehová”.

Oráculo Contra Edom

De nuevo el profeta lanza un oráculo contra Edom. La explicación de que este vaticinio conminatorio contra una nación pagana esté aquí en medio de estas profecías sobre la restauración de Israel, hay que buscarla en el hecho de que los edomitas, después de la caída de Jerusalén, invadieron el territorio de Judá, contribuyendo a una mayor desolación. El profeta, pues, antes de hablar de la restauración de Israel en su tierra de Palestina, anuncia que los habitantes de Edom, que se aprovecharon de la triste situación del pueblo israelita, deberán ser aniquilados por la justicia divina. Este castigo divino, pues, contra Edom es el preludio del establecimiento del reino nuevo de Israel.

El profeta no precisa la fecha en que profirió este oráculo conminatorio contra el país cíe Edom, pero puede lógicamente relacionarse con el vaticinio anterior. Antes de que los israelitas se instalen en la tierra patria, Yahvé se encargará de aniquilar a los edomitas, enemigos tradicionales, que se han aprovechado de la situación triste de Judá, instalándose incluso en su territorio. Por orden de Dios, Ezequiel debe dirigir su rostro hacia el monte Seir, expresión característica para indicar que el oráculo es amenazador. El monte Seir es la región montañosa de Edom, al sudeste del mar Muerto. Sobre esta región montañosa, donde estaba asentada la población edomita, el profeta extiende la mano en nombre de Yahvé con gesto amenazador. Desde los tiempos más remotos, los habitantes de Edom se habían comportado hostilmente contra sus hermanos los israelitas. El rencor, reconcentrado durante varios siglos de humillación por el poderío judío, estalló furiosamente cuando cayó Jerusalén en manos del invasor babilónico, colaborando los edomitas con los caldeos y persiguiendo despiadadamente a los fugitivos.

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