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Ezequiel 3: Visión de Ezequiel

Ezequiel 3:27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.

Ezequiel

A pesar de que las visiones y profecías de Ezequiel eran claras y vívidas, se sabe muy poco acerca de la vida personal del profeta. Estuvo entre los miles de hombres jóvenes que deportaron de Judá a Babilonia cuando el rey Joacim se rindió. Hasta esos días trágicos, a Ezequiel lo preparaban para el sacerdocio. Pero durante el cautiverio en Babilonia, Dios lo llamó para que fuera su profeta durante uno de los momentos más oscuros de Israel.

Ezequiel experimentó el mismo tipo de encuentro impresionante con Dios que Isaías narró ciento cincuenta años antes. Al igual que Isaías, Ezequiel nunca fue el mismo después de su encuentro personal con Dios. A pesar de que los mensajes de Dios mediante estos dos profetas tenían mucho en común, las condiciones en las que vivieron fueron muy diferentes. Isaías advirtió de la tormenta que se acercaba, Ezequiel habló en medio de la tormenta, de la derrota nacional que devastó a su pueblo. Anunció que ni siquiera Jerusalén se escaparía de la destrucción. Además, durante este tiempo, tuvo que resistir el dolor de la muerte de su esposa.

La descripción que da Dios de Ezequiel como atalaya en los muros de la ciudad ilustra la naturaleza personal de su ministerio. El trabajo de un atalaya era peligroso. Si descuidaba su puesto, la ciudad entera y él podían ser destruidos. Su propia seguridad dependía de la calidad de su trabajo. La importancia de la responsabilidad de cada persona ante Dios era una parte central del mensaje de Ezequiel. Enseñó a los cautivos que Dios esperaba obediencia y adoración de cada uno de ellos.

Al igual que en los días de Ezequiel, es fácil para nosotros olvidarnos que Dios tiene un interés personal en cada uno de nosotros. Podemos sentirnos insignificantes o fuera de control cuando miramos los sucesos mundiales. Pero saber que finalmente Dios lo controla todo, se preocupa y está deseoso de que lo conozcamos, puede darnos un nuevo propósito en la vida. ¿Cómo mide su valor personal? ¿Es valioso por sus logros y su potencial, o porque Dios, su Creador y diseñador, declara que usted es valioso?

Ezequiel fue Sacerdote por preparación y profeta por llamado de Dios; Recibió visiones vívidas y proclamó mensajes poderosos; Sirvió como mensajero de Dios durante el cautiverio de Israel en Babilonia; Dios moldeó su carácter para que encajara con su misión: un hombre valiente y fuerte para alcanzar a un pueblo duro y terco.

De su vida aprendemos que: Aun los fracasos continuos de su pueblo no impedirían que se cumpliera el plan que Dios tiene para el mundo; Es la respuesta de cada persona a Dios lo que determina su destino eterno; En situaciones de desesperación parecidas a esta, Dios sigue teniendo gente por la cual obrar.

Le vemos en Babilonia, de ocupación: Profeta para los cautivos en Babilonia; hijo de Buzi. Contemporáneo de Joaquín, Jeremías, Joacim, Nabucodonosor

«Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. Y vé y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar» (3.10, 11).

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