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Ezequiel 3: Visión de Ezequiel

Ezequiel 3:18 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.

En estos versículos Dios no está hablando acerca de la pérdida de la salvación sino más bien de la muerte física. Si el pueblo que quedaba en Judá continuaba con sus pecados, ellos, su tierra y sus ciudades serían destruidos por los ejércitos de Nabucodonosor. Si, por otro lado, se volvían a Dios, sus vidas serían perdonadas. Dios haría responsable a Ezequiel por sus compatriotas judíos si no les advertía sobre las consecuencias de sus pecados. Todas las personas son responsables, en forma individual, ante Dios, pero los creyentes tienen la responsabilidad especial de hablar a los inconversos de las consecuencias de rechazar a Dios. Si no lo hacemos, El nos hará responsables por lo que ocurra en la vida de ellos. Esto debe motivarnos para comenzar a predicar nuestra fe a otros, tanto de palabra como de hecho, y evitar vivir una vida despreocupada e insensible.

Ezequiel 3:19 Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.

Ezequiel 3:20 Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano.

Ezequiel 3:21 Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.

Ezequiel 3:22 Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.

La gloria de Jehová hace que Ezequiel se postre de nuevo sobre su rostro.

Ezequiel 3:23 Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro.

Ezequiel reconoció su impotencia ante Dios y cayó postrado en la presencia del Señor. En ocasiones nuestra prosperidad, popularidad o nuestra fuerza física nos ciegan ante nuestra impotencia espiritual. Sin embargo, nada de lo que hagamos por nuestra cuenta puede realizar mucho para Dios. Solo cuando Dios tiene el control de nuestra voluntad podemos realizar grandes tareas para El. El primer paso para ser una persona de Dios es admitir nuestra necesidad de ayuda, luego podemos ver lo que Dios puede hacer realmente en nuestra vida.

Ezequiel 3:24 Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa.

Enciérrate dentro de tu casa : El limitado contacto entre el profeta y la gente se debía a que ésta rehusaba escuchar la Palabra de Dios.

A Ezequiel se le permitía hablar únicamente cuando Dios tenía un mensaje para el pueblo. El pueblo sabía que cualquier cosa que él dijera era mensaje de Dios. No tenían que preguntarse si Ezequiel hablaba por la autoridad de Dios o por iniciativa propia.

Ezequiel 3:25 Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos.

Ezequiel 3:26 Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde.

Y estarás mudo : Si el pueblo no quiere escuchar, Ezequiel no le hablará.

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