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Ezequiel 3: Visión de Ezequiel

Ezequiel 3:11 Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar.

Vé y entra a los cautivos : El llamado de Ezequiel era hablarles a los exiliados, a fin de prepararlos para la destrucción de Jerusalén y el templo.

Ezequiel 3:12 Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar.

Me levantó el Espíritu : Una expresión favorita de Ezequiel, la cual indica la activa participación del Espíritu en el proceso de la revelación divina

Ezequiel 3:13 Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo.

Ezequiel 3:14 Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí.

Fui en amargura , en la indignación de mi espíritu : El profeta se había identificado totalmente con el Señor y experimentaba la ira que en el justo suscita el pecado. La mano de Jehová

Ezequiel estaba amargado y enojado, no con Dios, sino por los pecados y actitudes del pueblo. Su visión extraordinaria había terminado y ahora tenía que comenzar la tediosa tarea de profetizar en medio de su pueblo, al que parecía importarle muy poco los mensajes de Dios. Antes del cautiverio, el pueblo había oído a Jeremías, pero no había prestado atención. Ahora Ezequiel tenía que dar un mensaje similar, y esperaba que lo volvieran a rechazar. Pero la visión de los seres vivientes y de las ruedas retumbantes estaban de su lado. No tenía nada que temer porque Dios estaba con él. A pesar de conocer el probable resultado, Ezequiel obedeció a Dios. A medida que crecemos en nuestra vida espiritual, tendremos momentos de gran gozo cuando sintamos que Dios está cerca y habrá momentos en los que los pecados, las luchas y las tareas diarias nos abrumen. Al igual que Ezequiel, debemos obedecer a Dios aun cuando no tengamos ganas. No permita que los sentimientos obstaculicen la obediencia.

Ezequiel 3:15 Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.

Tel – abib (sin relación con el moderno Tel-aviv): Un sitio cercano a Nipur sobre el río Quebar, donde se habían asentado algunos exiliados. Siete días atónito entre ellos : Ezequiel estaba conmovido como resultado de su encuentro con Dios; necesitaba tiempo para acostumbrarse a la nueva situación. Siete días : Tiempo en que se guardaba luto por los muertos, el período durante el cual se mantenía la impureza tras haber tocado un cadáver, y el período de consagración de un sacerdote. Ezequiel es un sacerdote comisionado para realizar las funciones de profeta.

Ezequiel se sentó en silencio en medio del pueblo durante siete días. Este era el período de luto que se acostumbraba por los muertos. Ezequiel estaba guardando luto por aquellos que estaban espiritualmente muertos. Tel-abib era la localidad donde se establecieron los judíos cautivos de Jerusalén.

Ezequiel 3:16 Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

Ezequiel 3:17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

Atalaya : En el antiguo Israel se estacionaban atalayas sobre los muros para advertir a la gente del peligro y de mensajeros que se aproximaban. A los profetas también se les llamaba atalayas. Ezequiel va a advertirles que cada persona es responsable de su propia conducta.

Un atalaya permanecía en el muro de la ciudad y advertía al pueblo de un peligro inminente. El papel de Ezequiel era ser un atalaya espiritual que advertiría al pueblo del castigo que vendría. Algunos piensan que «su sangre demandaré de tu mano» significa que de la misma forma en la que un atalaya del muro pagaría con su propia vida si no advertía a la ciudad que los enemigos se acercaban, Ezequiel sería castigado con la muerte si se hubiera negado a advertir al pueblo que vendría castigo por sus pecados. Otros creen que significa simplemente que Dios haría responsable a Ezequiel de los que se perdieran.

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