Exodo

Pastor Lionel

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El libro de Éxodo puede ser dividido en tres secciones principales: la liberación milagrosa de Israel (1.1–13.16), la marcha milagrosa hacia el Sinaí (13.17–18.27), y las revelaciones especiales que allí tuvieron lugar (19.1–40.38).

La primera sección (1.1–13.16) se inicia con la opresión de los hebreos en Egipto (1.10–14). Como cualquier grupo sometido, los hebreos se quejaban de su situación. Las quejas se dirigían no sólo a sus captores, sino también a su Dios (2.23–25). Dios escuchó sus ruegos y puso en marcha un plan para liberarlos. Para llevarlo a cabo seleccionó a un profeta llamado Moisés (3.1–10).

La liberación no se obtuvo de forma inmediata; fue un proceso. Se requirió mucho tiempo y el envío de diez plagas para liberar a los hebreos de las garras de Faraón. Con las plagas se consiguieron dos cosas importantes: primero, demostraron la superioridad del Dios hebreo sobre los dioses egipcios; y, segundo, trajeron consigo la libertad de este pueblo.

La segunda sección de Éxodo relata la marcha milagrosa al monte Sinaí (13.17–18.27) de quienes salieron de Egipto. Cuatro grandes acontecimientos ocurren en esta sección. Primero, los hebreos son testigos del milagroso poder de Dios, quien los libera de la persecución egipcia (13.17–15.21). Segundo, experimentan de primera mano la disposición y capacidad de Dios para proveer a su pueblo (15.22–17.7). Tercero, reciben protección de sus enemigos, los amalecitas (17.8–16). Cuarto, se entrega el poder a ancianos que mantienen la paz entre la gente (18.1–27). Estos cuatro grandes acontecimientos revelan algo importante: Dios cuida de las vidas de aquellos que forman el pueblo escogido. Al ser testigos de su presencia y conocer la forma cómo Dios los auxiliaba, pudieron ajustar su género de vida a la voluntad divina para así continuar recibiendo sus bendiciones.

La sección final trata de las milagrosas revelaciones de Dios en el Sinaí (19.1–40.38). La liberación del pueblo hebreo por Dios obedecía al propósito específico de convertirlo en el pueblo del pacto. Esta sección tiene tres componentes principales. Primero, la entrega de los Diez Mandamientos, y de aquellas instrucciones que explicaban en detalle cómo estos mandamientos debían manifestarse en la vida del pueblo del pacto (19.1–23.19). Los resultados de apartarse de las estipulaciones del pacto quedaron demostradas en el incidente del becerro de oro (32.1–35). Segundo, las instrucciones concernientes a la construcción de un tabernáculo y su mobiliario. Tercero, su edificación y la presencia del Dios que mora en todo aquel recinto (35.4–40.33).

Aplicación personal

El primer concepto que brilla en el libro de Éxodo es que Dios bendice a aquellos que se mantienen dentro del pacto. Él es su Dios y ellos se convierten en su pueblo santo.
Segundo, Dios explica con gran detalle lo que es aceptable para Él.

Tercero, Dios libera a los que se hallan en servidumbre. La liberación puede que no arribe inmediatamente, pero llegará a aquellos que esperan y se preparan para cuando esto suceda. Esta liberación se basa en la obediencia a la voluntad expresada por Dios y en echar a andar cuando Él lo ordenaba. Los hijos de Israel tuvieron que esperar hasta la comida de la Pascua y hasta que el ángel de la muerte hubiese pasado; después de ello, Dios dio la orden de marchar. Nosotros también debemos esperar, pero estar listos para ponernos en movimiento cuando Dios lo ordene.

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