Éxodo 7: Jehová comisiona a Moisés

La comisión renovada.

Después de la tabla genealógica se reanuda la narración. En tierra egipcia el Señor habla otra vez con Moisés y recalca su misión; sin embargo, Moisés todavía se siente inadecuado para la tarea: yo soy un hombre falto de elocuencia. El Señor le responde indicando más específicamente el papel que Aarón ha de jugar en el proceso de la liberación: Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón… hablará al faraón.

Estos dos versículos ilustran aspectos vitales de la inspiración y la función de un profeta (nabi’) de Dios:

(1) El profeta, en primer término, no era tanto uno que predecía el futuro, sino uno que “hablaba en lugar de otro”. Por cierto, si Jehová quería proyectar un mensaje hacia el futuro, el profeta lo anunciaría. Normalmente tales oráculos indicaban las consecuencias últimas de desatender el mensaje inmediato.

(2) El profeta era el portavoz de Dios que entregaba el mensaje divino a quienes el Señor le indicaba. Por ejemplo, a pesar del valor eterno del mensaje, la tarea de Aarón en aquel momento no era la de entregar un mensaje cuyo valor entraría en vigor en una época futura, sino que era decir al faraón en aquel tiempo que dejara ir de su tierra a los hijos de Israel. La palabra profética anunciada demandaba una respuesta inmediata de parte del faraón.

(3) La inspiración profética no nacía del profeta mismo, sino del Señor. La inspiración divina abarcaba tanto las actividades intelectuales y emotivas del profeta como los elementos prácticos de la entrega del mensaje.

(4) El Señor que creó al hombre conoce a los suyos y utiliza los dones propios del elegido para su gloria. Con la capacidad de Moisés y la elocuencia de Aarón, el Señor formó un equipo humano para librar a Israel.

Una vez más el Señor les indicó que endurecería el corazón del faraón, y que multiplicaría las señales y los prodigios en la tierra de Egipto antes de lograr la libertad del pueblo. A la vez, les reveló un propósito adicional en la confrontación con el faraón: Así sabrán los egipcios que yo soy Jehová , cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos. El propósito divino era más que simplemente guardar el pacto hecho con los patriarcas y librar a Israel; Jehová quería, además, que por la experiencia los egipcios conocieran personalmente que él es el Dios Soberano de todo el mundo. La demostración de su naturaleza y poder sería un testimonio de su redención no únicamente a Israel, sino a todos. El quería que los egipcios lo conociesen también como Salvador.

Antes, cuando Dios llamó a Moisés en la tierra de Madián, le había dicho que endurecería el corazón del faraón y que éste no dejaría ir fácilmente al pueblo. Nueve veces repitió en el libro que lo haría. Basándose exclusivamente en estos textos, algunos han sugerido que Dios predestinó al faraón para que fuese una víctima en el drama del éxodo. Consecuentemente, proponen una doctrina extrema de la predestinación que parece eliminar el libre albedrío del hombre. Un estudio más detallado de todos los textos que tratan del tema no concuerda con esta interpretación.

Además de indicar que el Señor lo endureció, también se indica nueve veces en el texto que el faraón se endureció a sí mismo, lo cual indica resistencia a la voluntad de Dios por parte del egipcio. En cuanto al texto hebraico, se emplean tres verbos diferentes que se traducen “endurecer”, y un análisis de ellos ayudará a aclarar la naturaleza de la confrontación entre Jehová y el faraón y las implicaciones teológicas.

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