Éxodo 7: Jehová comisiona a Moisés

La plaga duró siete días.

El faraón volvió al palacio y no quiso prestar más atención al asunto. ¿Tenía agua sin sangre en casa? La respuesta sería que no, si se agrega al texto hasta en los baldes de madera y en las vasijas de piedra. La gente común hicieron pozos alrededor del Nilo para beber: encontraron agua filtrada a través de la arena. Probablemente de ahí los magos consiguieron el agua pura para obrar su arte de encantamientos.

Algunos autores han sugerido que posiblemente el Nilo no se convirtió en sangre literalmente, sino que el uso de la palabra sangre indica lo que parecía el agua. Dice Bartina: «No se trata de la conversión del agua nilótica en sangre humana o animal, sino en una coloración parecida a sangre».

Anualmente, cuando crece el río (en julio o agosto), unos microcosmos conocidos como “flagelados” dan con sus bacterias un tinte rojizo, o a veces púrpura a las aguas. En el verano, con el sol caliente, el agua en el Delta puede parecer sangre; por eso los nativos lo llaman el Nilo Rojo. En la interpretación de Bartina y otros, se sugiere que el milagro no consiste tanto en el color sanguíneo, sino en el hecho de ser predicho precisamente y en su intensidad.

De acuerdo con esta interpretación se desarrolló una teoría interesante acerca de la plagas: Con la contaminación severa del agua del Nilo llegó la mortandad de los peces. Las ranas, la plaga segunda, se multiplicaron en el sedimento de las inundaciones; después llegaron los insectos y se multiplicaron debido a la mortandad de los peces y de las ranas; y los insectos producidos por las pestes atacaron al ganado y a los hombres. Se sugiere que las tormentas y el granizo de febrero destruyeron el lino y la cebada, dejando el trigo y la espelta para las langostas. Las tinieblas, a su vez, serían el producto de una polvareda intensa (ver el polvo depositado por la inundación) levantada por el viento (khamsin) de marzo. Así, nueve de las plagas se relacionan con el control que Jehová tiene sobre la naturaleza. ¡Jehová es Señor, no los dioses egipcios!

De todos modos, independientemente de las varias maneras de interpretar las plagas, las conclusiones acerca de ellas son evidentes:

(1) Ocurrieron en momentos oportunos escogidos,

(2) produjeron aflicciones severas en Egipto,

(3) afectaron a lugares específicos y

(4) lograron el propósito de librar a Israel de la esclavitud egipcia.

Con todo, no existe ninguna duda de lo que el autor enseña en cuanto a la primera plaga; el Nilo quedó bajo el poder soberano de Jehová . Sin embargo, el hecho de que los magos aparentemente también convirtieron agua en sangre dejó una duda en la mente del faraón acerca del dominio absoluto de Jehová sobre todo Egipto. No obstante, los magos únicamente pudieron aumentar la plaga; no pudieron quitársela.

Una vez más el faraón se endureció, y no los escuchó, y esto era lo que Jehová había dicho que pasaría. Dios no lo endureció sino hasta la sexta plaga (2Ki_9:12). Dios conocía de antemano lo que ocurriría. Sabía que el corazón del faraón estaba endurecido desde el principio y que lo endurecería aun más y más. Conoció Dios que últimamente se fijaría el corazón del faraón en el camino que el monarca ya había elegido. ¿Quién es Jehová ? La pregunta llegaría a molestarle al faraón durante toda su vida. Sin embargo, Dios no lo hizo obstinado. Ya era hombre endurecido de antemano y por su propia voluntad.

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