Éxodo 4: Moisés vuelve a Egipto, creerán que se te ha aparecido Jehová

Éxo 4:23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.(A)

Éxo 4:24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.

Éxo 4:25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.

Éxo 4:26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.

Este es un pasaje difícil y oscuro. Aparentemente, Moisés se negó a que su hijo fuese circuncidado. La circuncisión era algo que servía de señal al pacto de Dios con su pueblo y que había sido instituida por Dios mismo. La no realización de este rito puede haberse debido a la repugnancia que su mujer sentía por esa práctica, o como una forma de adherirse al rito madianita, que exigía que los varones fuesen circuncidados en la pubertad. Pero como cabeza de la familia, Moisés debía haber llevado a cabo esta ceremonia cuando su hijo tenía ocho días de nacido. Como está a punto de convertirse en el libertador de Israel, Dios no está complacido y utiliza a Séfora para llevar a cabo lo que Moisés debió haber hecho.

El significado de un esposo de sangre posiblemente constituya una referencia a la indignación de Séfora por haber tenido que circuncidar al hijo de Moisés.

¿Por qué hizo Séfora la circuncisión? Muchos eruditos creen que pudo haber sido Séfora la que, como madianita que desconocía los requisitos de la circuncisión, había persuadido a Moisés para que no circuncidara a su hijo. Si impidió la acción, ahora tenía que realizarla. También es posible que Moisés se sintiera enfermo al permitir la desobediencia y que Séfora tuviera que llevar a cabo la circuncisión para salvar tanto a su esposo como a su hijo. Esto no la haría feliz, de aquí su comentario poco halagador para Moisés.

Dios amenazó con matar a Moisés porque no había circuncidado a su hijo. ¿Por qué Moisés no lo había hecho? Recuerde que había pasado la mitad de su vida en el palacio de Faraón y la otra mitad en el desierto de Madián. Quizá no estaba muy familiarizado con las leyes de Dios, especialmente porque todos los requisitos del pacto de Dios con Israel no se habían llevado a cabo activamente durante unos cuatrocientos años. Además, muchos eruditos creen que la esposa de Moisés, debido a sus antecedentes madianitas, se oponía a la circuncisión. Pero él no podía servir efectivamente como libertador del pueblo de Dios hasta que hubiera cumplido las condiciones de su pacto, y una de ellas era la circuncisión. Antes de que avanzaran más, Moisés y su familia tenían que obedecer completamente los mandamientos de Dios. En la ley del Antiguo Testamento, el no circuncidar a un hijo era perder las bendiciones de Dios para uno mismo y para su familia. Moisés pronto aprendería que desobedecer a Dios era aún más peligroso que enfrentarse a un Faraón egipcio.

Éxo 4:27 Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó.

Éxo 4:28 Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado.

Éxo 4:29 Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel.

Éxo 4:30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.

Éxo 4:31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

Las señales daban validez al llamado de Moisés y hacían que el pueblo creyera. Inclinar las cabezas era un signo de respeto.

El miedo de falta de credibilidad. Moisés temía que el pueblo no le creyera. Era un problema, porque la credibilidad era esencial si Moisés iba a guiarlo en el futuro. Por cierto, Israel tuvo que guardarse de los profetas falsos. Además, ¿cómo podría probarles Moisés que el encuentro con Jehová había sido real y no algo subjetivo? No quería ser rechazado otra vez. ¿Cuál evidencia tenía él de la presencia prometida del Señor?

En respuesta, Jehová le dio tres milagros de transformación que podrían ser usados como demostraciones para que creyera el pueblo que el Señor le había aparecido. No se dieron como pruebas conclusivas que servirían de una vez y para siempre para convencer al pueblo de que Moisés era profeta de Dios. Tampoco eran pruebas finales; aun éstas tendrían que ser aceptadas con fe en el propósito divino de una liberación futura. Además, cuando los milagros mismos eran aceptados, el significado no era claro para todos: el faraón los vio y no creía el propósito de lo que veía.

La señal de la vara. Jehová le preguntó: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?“. Moisés tenía lo que cualquier pastor tendría: una vara común. Tírala al suelo, le dijo Jehová , y cuando Moisés lo hizo, se convirtió en una serpiente. Moisés conocía bien las serpientes que había en la zona y huía de ella. Sin embargo, no era suficiente el milagro así. Extiende tu mano y agárrala por la cola. Cualquier adiestrado en manejar las culebras sabe que agarrar la cola de una víbora no es lo mejor; debe inmovilizarse la cabeza contra la tierra y agarrar la serpiente por atrás de la cabeza. Sin embargo, según la palabra de Jehová , Moisés la agarró por la cola, y volvió a ser vara en su mano. ¡Otro milagro! El propósito era demostrar al pueblo que Dios de veras le había aparecido.

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