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Éxodo 30: El altar del incienso

Pastor Lionel

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Éxodo 30:31 Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones.

El aceite de la santa unción , que representa al Espíritu Santo, se preparaba para el culto y formaba parte de él.

Éxodo 30:32 Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros.

Éxodo 30:33 Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo.

Éxodo 30:34 Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso,

Estacte era la resina de un árbol; uña aromática , una resina de color café oscuro; y el gálbano aromático, originalmente se obtenía de una planta que produce una sustancia lechosa de consistencia gomosa. El incienso – puro es también una resina aromática y gomosa.

Éxodo 30:35 y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.

Éxodo 30:36 Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima.

Éxodo 30:37 Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová.

Éxodo 30:38 Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.(C)

El incienso se usaba ampliamente en las ceremonias religiosas de los países del este. Sus raros y costosos ingredientes daban testimonio de que Jehová merecía lo mejor como ofrenda.

Los israelitas casi siempre quemaban incienso en las ocasiones especiales, pero solamente el incienso santo podía ser quemado en el tabernáculo. Aquí Dios da la fórmula para el incienso especial. El incienso de aroma suave era quemado en platillos llamados incensarios y era usado como demostración de honor y reverencia a Dios. Era como elevar oraciones a Dios. Era además una parte vital de la ceremonia sagrada en el Día de la Expiación, cuando el sumo sacerdote llevaba el incensario humeante al interior del Lugar Santísimo. Este incienso, como el aceite de la unción, era tan sagrado que se le prohibía estrictamente a la gente tratarlo para uso personal.

Instrucciones para el tabernáculo y el sacerdocio

En el mundo de Moisés no había ateos. Creían en la existencia de dioses malévolos y benévolos; a estos trataban de aplacarlos o complacerlos por medio de sus cultos y formas de adoración. Para ellos, todo el mundo era sacramental: no había una división entre lo religioso y lo secular, sino que la religión gobernaba la totalidad de la vida. Por más equivocadas que estuvieran, las naciones tenían sus cultos.

Tal como los otros pueblos de la época, antes de Sinaí, Israel adoraba a Dios por medio de un culto antiguo. Muchos años antes de Moisés y la dádiva de la ley, los patriarcas tenían sus prácticas religiosas y, debido a la larga estadía en Egipto, el pueblo recibió una influencia negativa del país de los faraones. Además, dentro de pocos años el pueblo iba a entrar en conflicto con la adoración cananea que tenía algunos aspectos en común con la de Israel (p. ej. ba’al en hebreo significaba «Señor»; se llamaba a Jehová ba’al. En Canaán era un dios de la naturaleza); sin embargo, era un culto radicalmente diferente en la teología y en la ética de la fe de los patriarcas.

Dios ya había librado a Israel de la esclavitud egipcia y había demostrado que era el Señor de la naturaleza y la historia. Apenas había pactado con el pueblo en una alianza solemne, cuando les reveló la naturaleza magnífica de la constitución moral que los gobernaría: era Señor de la vida. El pueblo tenía una libertad nueva, una ley nueva, una nación nueva y ahora se necesitaba una adoración nueva. Era tiempo de recibir otra revelación: Jehová era Señor de la adoración.

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