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lectura de hoy
julio 10, 2020 2:26 PM

Éxodo 3: Llamamiento de Moisés

(1) Al revelar el nombre, el Señor deliberadamente se lo oscureció. En efecto, es decir, “No te importa quien soy”. El es Dios y nadie tendrá poder sobre él para manipularlo: Dios no es esclavo ni siervo del hombre: “Yo soy quien SOY.” No se puede expresar la naturaleza de Dios por medio de un nombre, ni tiene el hombre la capacidad de comprender a Dios; consecuentemente, el ser supremo quedará en el misterio. Al no revelarse el significado pleno de su nombre, significa que será conocido por medio de lo que hace. Moisés no irá a Egipto con el nombre de un Dios nuevo. Como siempre, él se revela y se esconde a la vez. El es libre y soberano, y de la misma manera, no será atado a Moisés ni a Israel contra su voluntad. El nombre misterioso tiene que ser aceptado por la fe tal como el seguirle será por la fe.

(2) Se enfatiza la presencia activa y viva del Señor: en el hebreo no hay verbos diferentes para “ser” y “estar”. Se incluye la presencia y la esencia en el mismo verbo. Así que algunos sugieren que en el versículo se hace referencia a la promesa recientemente hecha a Moisés, estaré contigo, la cual se puede traducir “estoy contigo” (un presente continuo). El Ser Supremo está siempre contigo.

(3) Otros lo traducen, “Seré lo que seré”. Aquí el énfasis recae en la suficiencia de Dios para afrontar cualquier necesidad que surja. Moisés e Israel pueden confiar en la presencia y en el poder del Señor de cumplir con sus promesas en la historia. A la vez, él revelará su persona de acuerdo con su voluntad, no la del hombre. El será lo que quiere ser, y es independiente del hombre.

(4) Albright ha propuesto una interpretación que merece consideración (Yahweh and the Gods of Canaan, 1968, pp. 168-172). Con un leve cambio del texto del hebreo de la forma usada, un presente simple (Qal), a una forma causativa (Hiph’il), y de la primera a la tercera persona del verbo (ser), se traduce la frase así: “El hace (ser) lo que existe.” Según su interpretación, de este contexto se deriva el nombre divino “Yahweh” o “Jahveh”, que analizaremos luego. Esta explicación interpreta el significado del nombre revelado, “El causa ser”, lo cual subraya el papel de Dios como el ser creador del universo tanto como el libertador de Israel.

(5) La última es, “Yo seré lo que era.” Es decir: “Seré siempre en el futuro lo que era en el pasado.” Dios haría en la vida de Moisés lo que hizo con Abram, Isaac, Jacob y Amram (el padre el Moisés). Dice: “Yo soy lo mismo ayer, hoy, y mañana”.

De las interpretaciones, parece que la primera y la última son las más fuertes. Con todo, Dios es una persona; tiene nombre, y al darlo en una revelación especial, da a los suyos ciertos privilegios y responsabilidades. Por lo menos hay acceso directo a él.

Moisés no pudo ir a Israel y responder a la pregunta ¿Cuál es su nombre? con las palabras yo soy. Entonces Dios le dijo: Así dirás a los hijos de Israel: “JEHOVá … me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre…”. Jehová viene del verbo ser y la forma es una tercera persona masculina singular. Es decir: “EL ES me ha enviado a vosotros.”

El nombre sagrado hebreo es llamado el tetragrammaton porque aparece en el texto con cuatro letras YHWH (o con otra transliteración JHVH). Probablemente se deriva del verbo ser. El uso del nombre se encuentra pocas veces antes de la época de Moisés, y su pronunciación original es desconocida. El texto antiguo del hebreo no incluía las vocales. Se escribían únicamente las consonantes y se aprendía la vocalización de memoria. Pasando los años se reemplazó el hebreo con el arameo, un habla más flexible; y para preservar el texto hebraico, unos estudiosos, los masoretas, cerca del siglo séptimo de la era cristiana inventaron un sistema de signos que representan los sonidos vocales y los intercalaron en el texto de sus manuscritos.

Desde la época de Moisés, en Israel se había considerado que el nombre de Dios era tan sagrado que no se lo pronunciaba. Cada vez que aparecía en el texto se leía otra palabra para Dios, “Adonai”, que significa “Señor”. Los traductores de la versión griega (la LXX) empleaban la palabra Kyrios (Señor) para el nombre sagrado. En la traducción latina, la Vulgata, emplearon la palabra Dominus (Señor). Los masoretas, en su tarea de colocar los signos vocálicos al hebreo, pusieron las vocales de la palabra “Adonai” en la palabra “YHWH” (JHVH). Cuando los traductores de la versión inglesa King James (1611) trataron del nombre sagrado, decidieron hacer la transliteración de la palabra hebrea tal como aparecía en el texto que usaron, y de acuerdo con su sistema de pronunciación, llegó el nombre “Jehovah”. Aunque el nombre no representa ninguna forma usada en el texto hebreo, en nuestra tradición ha llegado también a representar al Dios creador y redentor, y de acuerdo con el entendimiento teológico del término, el uso de Jehová es válido y se lo emplea en la RVA y en el comentario.

Después de responder a la pregunta de Moisés, Dios le dio instrucciones más específicas: Vé, reúne a los ancianos de Israel y diles las buenas nuevas de redención; “Jehová … ha venido a nuestro encuentro”. Sin embargo, el Señor le indicaba que la tarea no sería fácil: El pedido de salida no tendría éxito inmediatamente, y Dios tendría que usar una poderosa mano para obligar al faraón a responder favorablemente.

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