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julio 9, 2020 8:28 PM

Éxodo 3: Llamamiento de Moisés

Moisés no era un novicio en el drama del desierto, y la vista de algo extraordinario le llamó la atención. Se desvió para echar un vistazo de más cerca a la gran visión. La zarza ardía; sin embargo, no se consumía. Y son muchos los que se han desviado con Moisés en un esfuerzo por explicar el milagro. Algunos lo explican en una forma racional como el reflejo del sol sobre la zarza, que daba el efecto de arder; los colores brillantes del otoño le llamaron la atención a Moisés para que el Señor le hablara. Otros lo explican como una visión interior, la cual fue relatada usando los símbolos físicos para que la gente entendiera. Sin embargo, fue simplemente un milagro: un encuentro directo, personal y transformador con Dios. La prueba de ello se ve en los resultados en la vida de Moisés. Lo básico del milagro no estaba en la zarza. La zarza fue simplemente el medio usado por Dios para conseguir la atención del pastor. Al acercarse Moisés a la zarza, Dios puso fin a su vida pastoral y lo inició en una vida nueva como libertador.

Dios lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: ¡Moisés, Moisés!. Fue un llamado doble, con el nombre repetido, que era una fórmula usada a veces para una revelación especial. Con asombro, Moisés escuchó una voz desde la zarza que lo llamaba y lo conocía por nombre. En Israel el nombre representaba la persona. El conocer el nombre de alguien significaba tener un poder sobre él.

Moisés respondió sencillamente: Heme aquí. La traducción de los LXX interpreta: ¿Qué hay? En hebreo la respuesta es una palabra compuesta, como si el asustado Moisés emitiera un sonido entrecortado: hinni, ¡aquí yo!

El Señor le respondió: No te acerques aquí. Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás tierra santa es. Estaba en la presencia de Jehová . El lugar era santo. Uno llega a ser semejante a lo que toca. Al tocar lo sucio, uno llegará a ensuciarse. Al tocar lo santo, uno será santo. Dios dijo a Moisés que él era Santo, y en efecto le dijo: “Quita tus sandalias. Toca lo Santo para que seas santo.” Las sandalias eran una capa aislante entre la tierra santa y Moisés. Tenía que quitar todo lo que impidiera la entrada de la pureza. No hay una separación entre lo físico y lo espiritual.

Moisés e Israel se habían preocupado por lo material. Ahora era tiempo de incluir lo espiritual. Toda santidad implica pureza y separación de lo profano. Moisés tendría que vaciarse y humillarse para que el Señor lo llenara. El descalzarse era símbolo de humildad y respeto por la Majestad divina. Actualmente los musulmanes entran en las mezquitas con los pies descalzos. Los samaritanos suben al Gerizim descalzos cuando van a celebrar la Pascua, y también algunas sectas cristianas mantienen tal costumbre en algunas de sus liturgias. Simbólicamente significa reverencia y humildad de parte de los adoradores.

Dios no se identificó con Moisés como un Dios nuevo, sino como el Dios del Pacto. Dijo que era el Dios de su padre (singular en el texto hebreo) y de sus antepasados. Era el mismo Dios venerado por ellos: era el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No había olvidado las promesas hechas a los patriarcas. Ahora serían cumplidas por medio del éxodo. A la vez, su identificación como el Dios del Pacto era una llamada a la responsabilidad: las promesas eran bendiciones o medios para alcanzar el propósito redentor mundial del Señor. Israel se había olvidado del Pacto; sin embargo, Dios se lo recordaba.

Temiendo por su vida, Moisés cubrió su cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Parece que se cubría su cabeza con el manto y se postraba ante al Señor.

Dios había logrado el primer paso al humillar a Moisés. En la presencia del Santísimo, Moisés confesó su humanidad. Sin embargo, quedaban tres obstáculos más:

(1) Moisés tendría que ser convencido de que fuera él el libertador del pueblo,

(2) Israel tendría que ser convencido de que Moisés fuera el instrumento para librarlos, y

(3) el faraón tendría que ser convencido para que dejara ir al pueblo.

El propósito divino.

Ahora llega el momento cuando el Señor le indicará a Moisés la naturaleza de su llamamiento o vocación. Se encuentran tres elementos centrales en la conversación entre Dios y Moisés. El primero es la decisión firme de Dios de librar a su pueblo oprimido. El segundo es la elección de Moisés para ser el instrumento humano para librar al pueblo. El tercero es la reticencia de Moisés a asumir una responsabilidad tan grande y difícil.

Había llegado el tiempo en que Dios iba a librar al pueblo. Con la aflicción, Israel pensaba que Dios lo había abandonado. No obstante, Dios había estado todo el tiempo con su pueblo; sin embargo, haría milagros en la presencia de los egipcios antes de que Israel tuviera algunos solamente para sí mismo. Los verbos empleados en el texto indican que ya era el momento decisivo: Ciertamente he visto…, he oído…, he conocido…, he descendido…; ahora, ve, pues yo te envío….

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