Éxodo 3: Llamamiento de Moisés

(a) La aparición divina: La tarea pastoril. De acuerdo con el relato de Esteban, habían pasado 40 años, y Moisés seguía apacentando las ovejas de Jetro, su suegro, cuyo nombre significa “excelencia”; sin embargo, anteriormente se le había llamado Reuel, que quiere decir “amigo de Dios”. ¿Cómo se explican los dos nombres? Algunos han sugerido que se trata de dos documentos que usaban nombres diferentes. Otros piensan que es la misma persona que llevaba dos nombres. Una tercera opinión lo explica a través de los significados de los nombres: Reuel, “amigo de Dios,” era el nombre personal, y Jetro, o “excelencia,” era un título honorífico. Aunque la última es muy atractiva, y puede ser la explicación correcta, hay una cuarta sugerencia que parece ser la preferida: Reuel era el patriarca, el jefe del clan al cual las mujeres dieron los informes de la ayuda prestada por Moisés. Mientras él vivía era considerado el “padre” de toda la familia. Al transcurrir 40 años, y habiendo fallecido el sacerdote anciano, su hijo Jetro, el padre biológico de las siete mujeres e hijo de Reuel, lo había reemplazado como jefe y sacerdote en ejercicio. Así pues, el texto simplemente trata de la vida del clan. ¡No es problema de documentos, ni de una transmisión del texto!

Gramaticalmente, el capítulo 3 comienza acentuando el nombre de Moisés. Había algo muy importante en el futuro, aunque él continuaba su labor normal de cuidar las ovejas de su suegro. Las llevó más allá del desierto, o literalmente al lado occidental de Horeb, el nombre dado a aquel sector de un monte imponente de la zona. El lado austral era llamado Sinaí.

Llegó hasta el monte de Dios. No se lo llamaba así por ser lugar de veneración de alguna divinidad pagana o de algún dios madianita, sino por lo que llegaría a ser para Israel. En la época en que se escribió la historia, ya era el lugar donde Dios se había aparecido a Moisés, y donde se había promulgado la Ley. Cronológicamente en el texto, era el lugar donde Dios se aparecería. Además, era un lugar impresionante con cordilleras y cuya cumbre frecuentemente estaba oscurecida por espesas nubes. Cuando había tormentas, los valles retumbaban y se estremecían con los truenos. Para Israel, ¡era el monte de Dios! En el llamamiento, el Señor se reveló de un modo especial y en un lugar delimitado. La revelación de Dios vino con un acento histórico y no fue una experiencia mística para el gozo personal de Moisés. Aunque el Omnipotente se apareció en una llama de fuego, lo importante del evento no fue lo que Moisés vio y sintió, sino lo que escuchó. El encuentro fue de diálogo y el problema era la preocupación divina por la situación social y espiritual del pueblo.

Era un día como los muchos que Moisés había conocido. Llevaba el rebaño a un lugar conocido. Con Jetro había encontrado una vida segura y una vocación bajo la tutela de su suegro. Sin duda el sacerdote de Madián le había instruido en el camino de Dios revelado a Abram, aclarando enseñanzas recibidas de su madre: Su preparación teológica se había completado.

La vocación de pastor le había enseñado la paciencia para trabajar con las ovejas, que son criaturas tontas, olvidadizas y dispuestas a extraviarse. Además, la vida solitaria de un pastor le había dado tiempo amplio para meditar y reflexionar; no se había olvidado del sufrimiento de sus hermanos en Egipto. La paciencia le vendría bien dentro de poco; Israel sería un rebaño difícil de guiar.

Además, en la preparación Moisés había llegado a conocer íntimamente el desierto de Sinaí. Sin darse cuenta, su preparación teórica se había terminado. Ahora Dios tomaba la iniciativa, y aunque Moisés no buscaba a Dios, Dios sí lo buscaba a él.

La zarza ardiente.

Entonces se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza. El  Señor mismo lo llamó desde en medio de la zarza… La palabra ángel significa “mensajero”, y puede referirse a un ser humano o a uno celestial. Antes de la época de Moisés, la revelación divina venía principalmente por medio de ángeles. Después de él, con la ley y las instituciones establecidas, no eran tan necesarios. Un análisis de Génesis indica que el ángel de Jehová a veces era un enviado de Dios y en otros contextos se aplica a Dios mismo.

Cuando aparece el ángel de Jehová como una manifestación de Dios mismo, ¿es posible que sea una señal de la presencia de Jesús como Aquel que revela a Dios (Calvino), la segunda persona de la Trinidad? Lo cierto de todo es que al aparecer el ángel de Jehová , siempre es Dios quien habla. De alguna manera el ángel es una extensión de Dios mismo. Es una teofanía.

Apareció el ángel en una llama de fuego, un símbolo de la presencia de Dios. Para los hebreos el fuego no era objeto de adoración, sino que simbolizaba luz y poder. Como el fuego purificaba y consumía las impurezas, así era la santidad y pureza del Señor. Con frecuencia se emplea el fuego en la Biblia como ilustración de la presencia y el poder de Dios.

Moisés vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Dios puede tomar posesión de algo, o alguien, sin destruirlo. Como lo implica su nombre, es el ser eterno quien tiene su propia fuente de poder y energía en sí mismo y que nunca tendrá fin. Su existencia no depende de la materia física. En este sentido, el fuego no estaba en la zarza sino en Dios mismo.

La palabra hebrea para la zarza (seneh) es similar en sonido al nombre Sinaí. Sin duda la palabra fue elegida por esa razón donde se refiere al Señor como aquel que moraba en la zarza. Generalmente se la identifica como la zarzamora, una zarza espinosa. Sin embargo, no se puede hacer una identificación segura. ¡Ni es necesario!

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