Éxodo 25: La ofrenda para el tabernáculo

Éxo 25:33 Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero;

Éxo 25:34 y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores.

Éxo 25:35 Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero.

Éxo 25:36 Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro.

Éxo 25:37 Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante.

Éxo 25:38 También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.

Éxo 25:39 De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios.

Éxo 25:40 Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.(B)

El candelero servía de símbolo de Dios, como la luz que guió a los hijos de Israel durante el éxodo. También era una anticipación de Cristo, quien es nuestra luz. Estaba hecho con aproximadamente 38 kg de oro.

Los capítulos 25 al 31 registran las instrucciones de Dios para construir el tabernáculo. Los capítulos 35 al 39 nos dicen cómo fueron seguidas esas instrucciones. Pero ¿qué pueden mostrarnos ahora estos antiguos y complicados detalles de construcción? Primero, la alta calidad de los materiales preciosos que adornaron el tabernáculo nos muestra la grandeza y la trascendencia de Dios. Segundo, el velo que rodeaba el Lugar Santísimo mostraba la santidad de Dios como lo simbolizaba la separación que había entre lo común y lo impío. Tercero, la naturaleza portátil del tabernáculo muestra el deseo de Dios de estar con su pueblo mientras avanzaban.

Teofanías en las escrituras

Al pie del monte Sinaí, Dios se le apareció al pueblo de Israel en forma física. A esto se le llama teofanía. Aquí encontramos otras ocasiones en que Dios se apareció a personajes de la Biblia.

El ángel de Jehová se le apareció a la sierva de Sara, Agar, anunciándole el nacimiento del hijo de Abraham, Ismael. Dios se le apareció a Abraham, anunciándole el nacimiento de Isaac. El ángel de Jehová detuvo a Abraham para que no sacrificara a Isaac. El ángel de Jehová se le apareció a Moisés como una llama en una zarza. Dios se le apareció a Israel en una columna de nube y fuego para guiarlo a través del desierto. Dios habló con Moisés cara a cara. Uno «semejante a hijo de los dioses» apareció como el cuarto hombre en el horno ardiente de Sadrac, Mesac y Abed-nego («Angel de Jehová» en estos pasajes, es una manera reverente de referirse a Dios.)

Instrucciones para el tabernáculo y el sacerdocio

En el mundo de Moisés no había ateos. Creían en la existencia de dioses malévolos y benévolos; a estos trataban de aplacarlos o complacerlos por medio de sus cultos y formas de adoración. Para ellos, todo el mundo era sacramental: no había una división entre lo religioso y lo secular, sino que la religión gobernaba la totalidad de la vida. Por más equivocadas que estuvieran, las naciones tenían sus cultos.

Tal como los otros pueblos de la época, antes de Sinaí, Israel adoraba a Dios por medio de un culto antiguo. Muchos años antes de Moisés y la dádiva de la ley, los patriarcas tenían sus prácticas religiosas y, debido a la larga estadía en Egipto, el pueblo recibió una influencia negativa del país de los faraones p. ej., la adoración del becerro de oro). Además, dentro de pocos años el pueblo iba a entrar en conflicto con la adoración cananea que tenía algunos aspectos en común con la de Israel (p. ej. ba’al en hebreo significaba «Señor»; se llamaba a Jehová ba’al. En Canaán era un dios de la naturaleza); sin embargo, era un culto radicalmente diferente en la teología y en la ética de la fe de los patriarcas.

Dios ya había librado a Israel de la esclavitud egipcia y había demostrado que era el Señor de la naturaleza y la historia. Apenas había pactado con el pueblo en una alianza solemne, cuando les reveló la naturaleza magnífica de la constitución moral que los gobernaría: era Señor de la vida. El pueblo tenía una libertad nueva, una ley nueva, una nación nueva y ahora se necesitaba una adoración nueva. Era tiempo de recibir otra revelación: Jehová era Señor de la adoración.

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