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Éxodo 23: Leyes humanitarias

Pastor Lionel

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El año sabático.

El año sabático era en ciclo de años lo que el sábado era para la semana. Según el texto, su finalidad era social o humanitaria; sin embargo, se incluían valores ecológicos y económicos también. Por medio de él se preservaba la naturaleza y la economía por dejar en barbecho las tierras, pues se renovaban y se hacían más productivas, a la vez que ofrecían una fuente de bienestar social para los necesitados y un refugio para los animales del campo. Tal como el sábado, el motivo era religioso; Dios es dueño de todo y se preocupa por el mundo y por todo lo que vive en él.

Aunque no lo indica el texto, probablemente no todos observaban el año simultáneamente, para no desequilibrar la economía; además de eso, ¿habría ayuda para los pobres únicamente en el año sabático? De todos modos, la ley era para todas las tierras y para todos los productos. En el año sabático se prohibían las labores de siembra y de cosecha.

Originalmente se destinaba el producto espontáneo del campo a los pobres; más tarde se amplió la ley para que el producto sirviera de alimento para el dueño, sus siervos, el jornalero, el forastero residente, el ganado y los animales que hubiera en la tierra de uno. Solían hacerse los contratos de arrendar la tierra a base del año sabático, después del cual todo se volvía a su dueño.

El día sábado. La razón por el sábado era humanitaria.

El culto único de Jehová.

Jehová es Dios celoso: No mencionaréis los nombres de otros dioses, ni se los oiga en vuestros labios. El mencionar el nombre de un dios era reconocerlo e invocar su supuesto poder.

Las tres fiestas anuales

Tres veces al año todos los hombres debían presentarse delante de Jehová para celebrar las fiestas especificadas: la de los panes sin levadura, la de la siega de los primeros frutos y la de la cosecha a la salida del año. Las tres eran fiestas agrícolas e Israel las iba a observar plenamente una vez ubicado en Palestina.

Origen de las fiestas. Las fiestas no tuvieron su origen en Israel. Eran fiestas antiguas; sin embargo, bajo las instrucciones divinas, llegaron a tener nuevos significados históricos y religiosos para Israel. Las fiestas servían como oportunidades de adorar a Dios y de recordar la historia sagrada de la salvación. Fueron instrumentales en preservar la fe única del pueblo de Dios.

La fiesta de los panes sin levadura.

La fiesta de los ácimos se celebraba por siete días en la primavera al comienzo del mes de Abib en la siega de la cebada. El festival marcaba la transición de lo viejo a lo nuevo y servía como un ritual para dar gracias por la nueva cosecha que iba a llegar. También se celebraba la Pascua en el primer día de la fiesta. De las tres fiestas nombradas aquí, ésta es la única a la cual se agrega la nota histórica específica en la Biblia. Las otras llevan implícitamente la nota histórica por medio de recordar la bondad y cuidado de Dios en la vida de la nación.

La fiesta de la siega del trigo.

Se la llamaba también la “fiesta de las semanas” (por celebrarse siete semanas después de haber ofrecido las primicias de la cebada, o la de “las primicias”) y, por último, “Pentecostés” (cincuenta días = siete semanas). Al celebrar la fiesta, acuérdate que tú fuiste esclavo en Egipto; por eso guardarás y cumplirás estas leyes. La tradición judía más tarde la relaciona con el pacto de Sinaí y la dádiva de la ley.

La fiesta de la cosecha a la salida del año.

Esta es la fiesta de la cosecha de los frutos tardíos o la vendimia, en septiembre u octubre. Se la llama también la fiesta de “los tabernáculos” por las cabañas de ramas que se construían en memoria de las tiendas del desierto.

Ofrendas y sacrificios.

Se consideraba que la sangre y el sebo eran sagrados y que debían ser tratados con sumo cuidado. Lo mejor de las primicias era lo mejor de los primeros frutos.

No cocerás el cabrito en la leche de su madre tiene referencia a un rito cananeo pagano conocido ahora por una referencia encontrada en la literatura de Ugarit. Formaba parte de un rito del culto de Astarté (o de Asera), la diosa de la fertilidad, en Ras Shamra. Dado que tenía un sentido pagano y supersticioso, aunque era neutral en sí mismo, se prohibió a los hebreos cocer el cabrito en la leche de la madre por el mal testimonio y por la posibilidad de ser mal interpretados por los paganos. Se debe evitar todo aspecto del mal.

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