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Éxodo 21: Leyes sobre los esclavos

Pastor Lionel

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Éxo 21:36 Mas si era notorio que el buey era acorneador desde tiempo atrás, y su dueño no lo hubiere guardado, pagará buey por buey, y el buey muerto será suyo.

Estas leyes fueron dadas porque todo lo que hacemos tiene consecuencias. Es de vital importancia pensar antes de actuar, a fin de considerar los efectos de nuestras decisiones. Piense en sus planes para hoy y considere cuáles habrán de ser sus resultados a largo plazo. Al tratar con otros, debiéramos tener en cuenta los principios de estas leyes. Deberíamos actuar de manera responsable y justa con todas las personas… amigos y enemigos por igual.

Leyes civiles y criminales.

La primera sección del código trata de leyes civiles y criminales. Eran importantes para el orden y la estabilidad de la sociedad. El pueblo de Dios tenía una responsabilidad para todo el cuerpo.

La esclavitud hebraica.

El código se destaca sobre los demás conocidos por los reglamentos más humanitarios en el trato de los esclavos. La esclavitud era muy dura entre los demás pueblos; sin embargo, no lo era tanto entre los hebreos por razón del espíritu humanitario de la ley mosaica. Aun el esclavo tenía derechos que su amo no podía ignorar.

Había varias maneras por las cuales un hebreo podía caer en la esclavitud:

(1) por venta de los padres,

(2) por robar y no poder pagar la restitución o multa correspondiente

(3) por deudas no pagadas o por insolvencia,

(4) por voluntad propia por causa de la pobreza,

(5) o por nacer esclavo. Evidentemente la mayoría de ellos eran deudores insolventes, y probablemente servían como esclavos domésticos. Eran considerados como enseres, es decir, propiedad del dueño; sin embargo, como seres humanos, tenían sus derechos inalienables. La esclavitud israelita no era permanente como la de los cautivos de la guerra y la de los extranjeros.

El período máximo de servidumbre estipulado era de seis años (notar el ciclo sabático, después del cual saldría sin ninguna clase de rescate. Si era casado, la suerte de su mujer iba ligada a la del marido. Si el dueño de un esclavo soltero le había dado una mujer durante la esclavitud, la mujer y la prole de ella quedaban como propiedad del amo. Si el hombre no quería salir libre, podía elegir la esclavitud permanente. Para hacerlo oficial, lo acercaban al poste de la puerta de la casa, en presencia de los jueces, o los ancianos en aquella época y, en señal de compromiso, le perforaban la oreja (probablemente la derecha) con una lezna, o posiblemente con un punzón. Este simbolismo se interpreta de dos maneras: Algunos piensan que simbolizaba la sujeción perpetua del esclavo a la casa, o a la familia del dueño, por medio de horadar la oreja en el maderamen de la puerta principal del hogar. La prueba del acto quedaría en la cicatriz corporal como un documento indeleble. Otros consideran que se horadaba la oreja con una lezna para poner una especie de aro al cual se ataba un rótulo pequeño que indicaba pertenencia. Es posible que la segunda sea la explicación más aceptable debido a la costumbre del Medio Oriente antiguo de marcar los esclavos para que no se escapasen. El proceso de la horadación era más humanitario que el de grabar a fuego, el mutilar de alguna manera, o de tatuarlos.

La esclava se consideraba más débil que el esclavo; consecuentemente, el estado de ella era inferior. Ella no tenía las mismas posibilidades sociales que él. Sin embargo, por la posición relativa, había la necesidad de asumir una responsabilidad mayor para proteger los derechos de ella. El sistema legal israelita se preocupaba más por cuidar de los débiles.

Aunque aquí no se otorgaba a la esclava la libertad después de seis años de servidumbre para una modificación de la ley), no se podía abusar de la posición precaria de ella. Bajo la legislación del matrimonio polígamo, se acostumbraba tomar una esclava como concubina (mujer legal de segundo rango) o a veces aun como la esposa de uno. Si tal esclava no le agradaba al señor de la casa, no podía venderla a otro; debía permitir que fuese rescatada, o dejarla volver a su fa

familia por un precio convenido. Si había sido maltratada por el señor, obtendría la libertad sin el pago de un rescate. Se indican tres casos que constituían un abuso: el venderla sin permitir el rescate si ella no le agradaba; el no aceptarla como una hija propia si ella había sido tomado para el hijo de él, o el no proveer debidamente para ella (incluía el derecho conyugal de relaciones sexuales) si el señor tomaba para sí otra mujer.

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