Éxodo 19: Israel en Sinaí

Una nación santa.

La misión de Israel estaba fundada en el carácter moral. Un pueblo especial para Dios y una nación sacerdotalmisionera tendría que reflejar la naturaleza del Rey que representaba. Israel debía ser separada o apartada porque pertenecía a Dios.

Por ejemplo, un día es santo cuando se lo aparta de los demás días y se dedica al servicio de Dios. Un lugar llega a ser santo cuando está relacionado con una revelación especial de Dios. Una persona llega a ser santa cuando se consagra a Dios. En este sentido, la santidad es un concepto positivo más bien que uno negativo; es decir, es por lo que se hace en vez de por lo que no se hace. El ser separado no hace que una cosa sea santa; el pertenecer a Dios y participar de su naturaleza lo hace.

Para Israel el privilegio de pertenecer a Dios y vincularse con él por medio del pacto llevaba una responsabilidad de ser santo. La santidad y el llamamiento a la vocación redentora eran inseparables. El ser una nación especial y una naciónsacerdote requería una entrega total a Dios. La entrega implicaba responsabilidad, y para cumplir con ella la nación tendría que vivir una vida santa.

Dios no forzó el pacto y la misión sobre Israel. Dijo a Moisés: Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Moisés volvió y llamó a los ancianos y les repitió las palabras del Señor. Los ancianos eran libres de aceptarlas o rechazarlas. Con entusiasmo, todo el pueblo respondió a una, y dijo: ¡Haremos todo lo que Jehová ha dicho! El pacto fue ofrecido libremente y aceptado libremente.

Aunque el Señor lo sabía, Moisés le informó de la decisión del pueblo. Entonces, Dios dijo que iba a acercarse al pueblo en una densa nube para que el pueblo escuchase mientras hablaba con Moisés. Por medio de la teofanía, el oficio de Moisés como el mediador divinamente elegido sería confirmado.

Sobre alas de águila Las águilas construyen sus nidos en precipicios escarpados de las montañas, en lugares libres del peligro de animales rapaces. Al crecer los aguiluchos, los padres agitan la nidada empujándolos al vacío, fuera de la seguridad del nido, para obligarlos a intentar volar. Antes que el aguilucho, chillando y batiendo las alas caiga sobre las rocas, la madre, en una bajada repentina lo recibe sobre su espalda y, con la fuerza de sus alas enormes, lo lleva de vuelta a la seguridad del nido. Sin embargo, repite la experiencia una y otra vez hasta que el aguilucho aprende a extender sus alas y a volar sobre las corrientes de aire con serenidad. Así es como aprende a elevarse por encima de las tormentas que suelen abatir los picos y valles abajo.

Muchas veces el Señor tiene que trabajar así con los suyos. Agita la nidada para que salgamos de la seguridad del hogar o del compañerismo de la iglesia y vayamos al mundo para servirlo. Protestamos y resistimos; sin embargo, abajo están sus brazos eternos.

La purificación del pueblo.

Dios es santo y mandó que el pueblo se santificara y se preparara para el tercer día, cuando él descendería sobre el monte. El pueblo debía prepararse espiritual y físicamente para el encuentro; debía prestar atención al corazón y a la apariencia física. El Santo de Israel debía recibir el respeto que le correspondía.

En primer término, debía lavar su ropa. La orden significaba llevar ropas limpias y dignas en el ejercicio de lo sagrado. En el desierto, con la escasez de agua, no era fácil mantener los vestidos limpios; sin embargo, para presentarse ante el Señor, aun con sacrificio, se debía hacerlo de la mejor manera posible.

En segundo lugar, no debía sobrepasar los límites puestos por Dios: no subáis al monte ni toquéis su límite. En el día del encuentro del pueblo con Dios, el monte Sinaí se convertiría en un recinto reservado para la divinidad (ver más tarde el lugar santísimo del tabernáculo). Dios era santo; no debían ser demasiado familiares con él, tratando de llegar demasiado cerca de su presencia. No debían ser demasiado curiosos, tratando de verlo de cerca, ni debían buscar reliquias religiosas del lugar santo.

El ser humano prefiere vivir por vista en vez de por la fe, y está dispuesto a transferir la devoción debida a Dios hacia objetos materiales. Además, la tendencia humana es a ceder fácilmente a la tentación de comercializar lo religioso con la venta de supuestas reliquias santas. Guardaos. . . cualquiera que toque el monte, morirá irremisiblemente.

Finalmente, en cuanto a la preparación, Moisés mandó que se abstuviesen de relaciones sexuales. No era que el sexo fuera considerado malo o un pecado; al contrario, se lo miraba como una función buena creada por Dios. El pecado del sexo no era su uso debido, sino su abuso. El pueblo debía tener un propósito singular en prepararse para el encuentro con Dios; consecuentemente, debía hacer a un lado cualquier distracción que lo impidiera. Dios era santo; el acercarse a él era asunto serio y debía cumplirse con reverencia.

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