Éxodo 19: Israel en Sinaí

El pacto ofrecido.

El momento era dramático. Moisés, de regreso de Egipto, había traído al pueblo consigo para acampar en el desierto frente al monte. La misión estaba cumplida por lo que subió el monte, al lugar donde todo comenzó, para encontrarse una vez más con Dios. Sin duda pensaba que su tarea había terminado y que podía dejar al pueblo en manos de Jehová . Era hombre mayor y recientemente se había reunido con su esposa e hijos. La misión había sido ardua y, con la libertad de Israel lograda, soñaba en días tranquilos cuando pudiera relajarse y gozar de un trabajo felizmente terminado. No se daba cuenta de los largos años que todavía le esperaban tratando de dirigir a una gente indisciplinada a constituirse en una comunidad de fe ligada a su Redentor.

Una vez más Dios le habló, dándole un mensaje para los hijos de Israel. El mensaje tenía dos partes: En primer término, como en los tratados hititas, les recordaba sus grandes hazañas hechas a favor del pueblo y el cuidado que les había dado durante el camino desértico, cómo os he levantado a vosotros sobre alas de águilas y os he traído a mí. La meta de la liberación no era una montaña distante y misteriosa, sino que era traer al pueblo a Dios mismo para que tuviera una relación personal con él. Años más tarde Moisés empleaba la metáfora: Lo halló en tierra desértica,… Lo rodeó, lo cuidó,… como el águila que agita su nidada, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, y los lleva sobre sus plumas.

Después le dio la parte principal del mensaje: Dios les ofrecía la oportunidad de entrar en pacto con él. La oferta se introdujo con palabras, Ahora pues, si…. La entrada de Israel en el pacto sería el resultado de su propia y libre elección. Para poder elegir, era necesario escuchar la voz de Dios; nótese que en el hebreo el verbo “escuchar” [lit. oír] significa también “obedecer”. El oír verdaderamente a Dios significaba obedecerle.). No obstante, una vez elegido, el pacto tenía que ser observado de acuerdo con las condiciones establecidas por Dios. Debe notarse que la liberación de Israel no era el resultado de su obediencia, sino que su obediencia era el resultado de la liberación.

Por medio de aceptar y guardar el pacto, Israel tendría una relación única con Dios. “Guardar” significa cuidar o estar encargado de algo. Aquí significa cuidar, o guardar el pacto del Señor. Esto implica una responsabilidad doble: guardarlo en el sentido individual de obedecer sus enseñanzas en la vida personal, y estar encargado de él para compartirlo con los demás.

Tres características entran en esta singularidad y están relacionadas con el propósito divino de elegir a Israel: Debía ser un pueblo especial, debía ser un reino de sacerdotes y debía ser una nación santa. Debido a su importancia teológica, las examinaremos más detalladamente.

Un pueblo especial es la traducción de la palabra segullahx, que puede significar un tesoro especial de un rey, o puede referirse simbólicamente a Israel como un tesoro especial. En la antigüedad, el rey era considerado dueño de todo de su país; sin embargo, a él le daba poco placer poseerlo en una forma abstracta. Entonces, tenía en su palacio un cuarto, o tesorería, donde guardaba los tesoros más preciosos para él. Allí podía tocarlos y satisfacerse al tenerlos a mano. Ese lugar era su segullah. En cuanto a Dios, dijo que Israel sería para él un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra. El Señor no renunciaba su derecho sobre las otras naciones. El llamamiento de Israel era más bien porque toda la tierra le pertenecía. Dios tenía un propósito universal en elegir a un pueblo para ser su tesoro especial. Se había declarado el mismo propósito a Abram al llamarlo: … Y en ti serán benditas todas las familias [naciones] de la tierra. Por medio de Israel, el pueblo elegido, Dios quiso bendecir a todas las demás naciones. Israel iba a ser un medio o un instrumento en las manos de Dios para la redención de todas las naciones.

Un reino de sacerdotes. Esta frase aparece sólo aquí en el AT. La LXX la traduce “un sacerdocio real”, y Pedro sigue esta traducción. Dos posibles interpretaciones de la frase son:

(1) Todos los israelitas iban a ser sacerdotes. Así que todos tendrían derecho al acceso directo a Dios. Con la madurez espiritual, no necesitarían más tener intermediarios para que lograsen comunión con Dios. Después de Martín Lutero, cuando los protestantes hablan del “sacerdocio de cada creyente”, se refieren a este principio.

(2) Israel misma iba a ser una naciónsacerdote. No es que Israel iba a ser una nación compuesta totalmente de individuos que eran sacerdotes, sino que la nación colectivamente iba a servir como una nación sacerdotal. Un sacerdote servía como un intermediario entre los individuos y Dios y viceversa. Lo que hacía un sacerdote individualmente entre las personas, la nación de Israel iba a hacerlo entre las naciones. La nación debía ejercer un papel sacerdotal en beneficio de todas las naciones; debía hacer intercesión por ellas, debía instruirlas en el camino del Señor, y debía indicarlas el camino de la salvación. En este sentido, el propósito divino era que Israel fuese una nación misionera al mundo. De las dos posibles interpretaciones, la segunda parece la más indicada.

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